sábado, 13 de agosto de 2016

¡Mi casa!

¡Mi casa!


Es usual y también merecido rendir tributo a Dios, a nuestros padres, a nuestro terruño, al amor,  al amanecer o crepúsculo fascinantes, al mar y sus olas eternas, a la naturaleza veleidosa e impredecible con su olor a  tierra mojada  parecida, por fraganciosa, al  aroma de una hembra. Sin embargo,   es poco frecuente  rendir tributo al espacio entrañable de las mil y una  alegrías y  caricias impagables de nuestros  padres, de los berrinches de niño bueno, de los tiernos sueños de infante  e ilusiones de adolescente, de las pláticas  nocturnas, de los  apuros de mamá y de los cafés cargados de papá, de los festejos,  también de llantos ¿Por qué no?

Hoy, en este agosto limeño frio y sombrío, a pocas horas de haber retornado de mi tierra  y aprovechando los breves días, que todavía quedan,  de las vacaciones de medio año, me he  detenido pensativo y con   nostalgia creciente, nostalgia  avivada por los siempre tristes retornos  del lar querido, para, con el permiso de mis lectores, rendir tributo  a mi  casa grande donde aún viven mis padres y mis recuerdos. Morada  sagrada que ellos nos regalaran  cuando  yo todavía era muy niño y  la familia se reducía  sólo  a cuatro hijos: Gino, Anderson, Miguel y yo.     
        
Mi tributo se asienta,  se nutre y fortalece  en los pilares afectivos que sostuvieron y sostienen mi vida: mis padres y hermanos, principalmente los primeros. Nosotros, pequeños todavía, viviendo como  gitanos y en sobresaltos, ora   en casa de mis abuelos maternos , ora con mi  abuela paterna,  y en los pueblos donde  mi padre iniciara su largo periplo docente, principalmente en Llamellín y  Cajay, sin un lugar fijo donde podamos proclamar nuestro orgullo imprescindible y esencial de tener nuestra casa,  recibimos la noticia de su adquisición con emoción y orgullo desbordantes. 
           
Contóme mi padre, la larga historia de penurias, preocupaciones y aprietos que precedieron a la compra del entrañable solar. Me refirió también que  don Jorge “Coqui” Salas Zorrilla, su grande amigo de toda la vida, fue quién  lo alentó oportunamente para  la compra del inmueble. Con sus ojos brillando de alegría contóme algunos detalles indelebles que  su memoria de buen padre atesora:  

- En un medio día, ya lejano, de julio de 1972, encontrándome  sentado y meditabundo  en una de las bancas  del parque vigil,  contemplando una ruinosa construcción que se ofrecía en venta, se me acercó mi querido amigo Jorge Salas para con voz y acento de amigo decirme:

- Te noto preocupado. ¿Tienes algún problema?

- Si, le dije, estoy tras la adquisición de aquel solar.

- ¿De esa casa vieja? Me interrumpió con un tono despectivo y además  persuasivo,  añadiendo inmediatamente  con   sinceridad y aprecio   de buena persona y mejor amigo:

- ¡Mi prima Rosa Tulia Valencia   está vendiendo  su casa! Si deseas envíale una carta con mi hermana  Zenina que mañana viaja a Lima.
     
Así comenzó la historia de la adquisición de nuestra casa  ubicada en la calle Libertad, en el corazón mismo del populoso y  querido Barrio "San Juan", callecita de entraña fecunda donde se  impregnaron  nuestros pasos de  niño junto a la multitud de amigos inextinguibles en el tiempo: Los Salas,  De Cárdenas,  Zorrilla,  Sotelo, Palhua: Todos ellos pertenecientes a familias de numerosa prole, que bien podían conferirle, a nuestra callecita,  el blasón  de “Calle Berraco” y con harto merecimiento,  algo así como la antítesis de la  vecina  y "raleada" “Calle capón” (Jr. Eleazar Guzmán Barrón).

Con la premura  del caso, entendiendo la brillantez de la oportunidad y la calidad de persona que ofertaba el inmueble, mi padre  enviole la carta a doña Rosa Tulia Valencia ,  la misma  que  fue recibida y respondida  con agrado e interés;    y  tras ofertas y contraofertas, idas y venidas,  un   28 de  diciembre  de 1972  se concretó la soñada compra. Me contaron también mis  padres con sus ojos vueltos hacia aquellos felices años,  que fue mi tío Capistrano Hidalgo Tarazona,  hermano de mi abuelo Salomón y,  como él,  destacado hombre de leyes de la comarca,  el primero en llegar  para felicitarlos y abrazarlos  efusivamente. Fue  el más grande y significativo  regalo navideño de nuestras vidas: Casa espaciosa  y solariega de dos pabellones  separados por un  patio empedrado  y holgado en cuya parte central  un  jardín de muros precarios trasuntaba   lozanía y alegría.  Años más tarde la casa se extendió hasta ganar  la cumbrecita  aledaña,   gracias  a que mi padre adquiriera  parte de  las propiedades del Ing. Augusto Pretel  y de la Familia Palhua Romero.

Mi linda casa que me emociona tanto al visitarla, que me devuelve en sorbos agradables de emociones y recuerdos lo que dejara en mi niñez, adolescencia y juventud felices, que me susurra en cada  regreso  con su lenguaje arcano, silencioso y cariñoso.  A esa casa de vivencias mil, hoy la extraño más que nunca.

Del amplio patio  empedrado  y el  jardín,  en   donde destacaba la   fucsia con sus ramos lampiños, hojas ovales, agudas y dentadas, y flores  hermosas de color rosa oscuro intenso cuyos ovarios, cuando maduros  y dulces,  semejantes a  la aceituna solíamos degustar al quítame con Gino, el mayor de mis hermanos.  De aquel jardín ya no queda casi nada, sólo recuerdos. Con el tiempo ha devenido, gracias al gusto inacabable  y  cuidado pertinaz  de mi padre por  las plantas y sus aromas, en un patio  ornado,  en su perímetro, con flores,  breves  arbustos y frutales  donde  se mece  ufana la hojarasca de las buganvilias, cedrones, tomatillos, higos, manzanos, madreselvas y  jazmines, otorgándole el galardón del aprecio y salutación de los visitantes. Es pues, el sosegado espacio, testigo mudo de las  conversas matinales, vespertinas y nocturnas,  y   donde se guarecen también  los despojos de nuestras vivencias infantiles ,  lejanas ya, las mismas que  recobran vida en cada retorno.
    
Las modificaciones que mi padre emprendió la transformaron, con el tiempo, en  una amplia casona de tres plantas y tras ellas un huerto espacioso donde se han replegado  el horno grande de 26 latas que espera su pronto estreno, los cuyes, los plumíferos ,   la  “Tullpa”  de  rescoldo eterno y las rumas de leña seca esperando avivar las llamas fraternas de los amasijos.   Ahí, bajo la fronda  amical del viejo  y fecundo palto de mil primaveras,  se asienta la  curtida  mesa de negro aliso que por años destacara en  el  viejo comedor familiar.  Ahora, convertida en mesa campestre es usual anfitriona de nuestras visitas, la predilecta de los almuerzos y lonches y de  las conversas inacabables.  Contemplando su  fronda colmada de apetecibles, pulposos  y agradables paltos, escuchando el alegre trino de ruiseñores, zorzales y gorriones,  con  el aire corriendo a campo traviesa y, ora los  rayos del sol, ora las lumbres de la "Mama Quilla"  filtrándose por los resquicios de tupido ramaje, alumbrando de cuando  en cuando la mesa tendida que mamá suele ofrecernos. ¡Qué delicioso resulta el almuerzo o el lonche o la conversa!
       
En la parte más empinada del huerto, cubierto de yerbas silvestres de campo,  donde se  aprecia la tumba  debidamente cuidada de nuestro "Osito", de   los mas queridos y recordados sabuesos de la casa y que nos dejara hace un par de años, ahí se encuentra nuestro mirador, con panorama y visión privilegiada de una gran parte de la vieja ciudad. se aprecian casi todas las instituciones educativas, superior, media y primaria y hacía el oeste,  en la cima de  "Tucuhuaganga" , cerro tutelar del pueblo, aparece  nítida  la "Cruz de Chullín" que por las noches parece rasgar las tinieblas. Es un mirador de entraña  bucólica e  idílica, que se presta para la meditación y la inspiración.  Por las mañanas y  también en los  crepúsculos,  y  en febril  compañía  de  buganvilias, "puru purus" , tunas blancas,  lúcumas, tomatillos, limones, "porogsas",  tara, manzanos, capulíes  y el siempre ufano  molle,   los instantes se vuelven eternos. Levitando en una burbuja, ajeno al ruido citadino de esta Lima agrisada de fortunas y miserias, la vida discurre tranquila y sin apuros. 

Aunque resulte  imposible, si un día tuviera la única y extraordinaria ocasión de conversar con Dios, además de agradecerle por todo cuanto me regaló, le reprocharía  como preguntando del porqué la vida es tan corta y el tiempo  raudo y tirano que no  permite disfrutar eternamente de la compañía de nuestros padres. ¿Por qué esa imperfección? Una  tarde,  cuando  sentado en la banca precaria del mirador  de mi añorada casa,  contemplando los bucólicos  predios de la periferia huarina,  se avecinó a mi mente, como invitado, una estrofa vallejiana que bien puede servir de epitafio de esta mal hilvanada crónica: "Oh Dios, recién a ti me llego, hoy que amo tanto en esta tarde; hoy que en la falsa balanza de unos senos, mido y lloro una frágil creación"

LA FAMILIA COMPLETA Y NUESTRA CASA










LOS SABROSOS PALTOS DE LA HUERTA

















SIEMPRE CON LA FAMILIA














NUESTRA HUERTA, MIRADOR NATURAL POR EXCELENCIA






VARIEDAD DE FLORES Y FRUTOS






























jueves, 14 de julio de 2016


EL ÚLTIMO RECITAL DEL “POETA DE LA ZURDA”

            Uno de los grandes privilegios de mi niñez y juventud, y   seguramente   de los niños y jóvenes  de mi época,  fue  ser testigo  de las últimas  grandes gestas  del balompié nacional  que le llevara a ser protagonista en los mundiales de fútbol de Argentina y  España. Cuando aún la TV era una lejana posibilidad y la radio  se ceñía más cerca de la gente, emocionados  escuchábamos  los partidos clasificatorios a los mundiales  de “Argentina 78” y, posteriormente,  a “España 82”. No hay emoción más grande que ver desfilar a tu selección en un Mundial y nosotros,  en las voces entrañables de “Pocho” y “Micky” Rospigliosi, de Oscar Artacho y Raúl Maraví, referentes de los programas deportivos “Ovación” y "Pregón deportivo” respectivamente, lo  vivíamos, disfrutábamos y  participábamos  con la mente y el corazón    en  aquellas memorables  jornadas.
        La brillante  y  gloriosa generación  de futbolistas peruanos  de aquellos años, tenía   en CÉSAR CUETO VILLA, “El poeta de la zurda”,  el “Loro”,  a su cerebral creador, aquel que  convertía  un encuentro de fútbol en un recital con toques sutiles  y elegantes.  Como  Neruda,  o vallejo,  o Benedetti,  hilvanaba versos,  trazaba líneas increíbles en el gramado.  Pocos jugadores proverbialmente elegantes como él ha dado el futbol:   pausado, inteligente, creativo e impredecible con la redonda  pegada  a los pies  escribía  poemas  para el deleite del respetable.
Cuando niños  y cuando jóvenes aparecía, para  nosotros los aficionados  huarinos, como algo lejano  e inalcanzable, aunque muy  cercano en nuestro cariño y admiración.  Años más tarde, en el 2006, lo conocí personalmente y la experiencia resultó  emocionante e  increíble.  Fue con ocasión de extenderle una invitación para un homenaje en nuestro terruño. Valiéndonos, para el efecto,  de algunos contactos, entre ellos un congresista cajamarquino y un amigo cercano del “poeta”,   pudimos ubicarlo, acordando encontrarnos en la cevichera “Mi Barrunto”  frente al estadio aliancista,  en la Victoria.  La empresa  resultó complicada por las múltiples tareas que tenía, principalmente  como catecúmeno en su iglesia, pero finalmente aceptó nuestra invitación  y  viajó  a Huari en octubre de aquel año, contando con el generoso auspicio de mi caro amigo Juancito Guevara.  
Fue así que “El poeta de la zurda”  llegó a Huari,  nuestro amado terruño,    un  09 de octubre del 2006  ante el entusiasmo  de niños, jóvenes y ancianos. Fue recibido   con todos los honores  por las autoridades y el pueblo huarino,  y en el salón consistorial de la comuna huarina se le distinguió   como  “Huésped  ilustre”,  entregándosele las “llaves de la ciudad”. En horas de la tarde su sola presencia  atiborró las graderías del viejo y destartalado estadio del colegio “González Prada”. La tarde futbolera huarina se engalanó con la presencia de uno de los más grandes futbolistas de la historia del fútbol  mundial, miembro distinguido de los “románticos del fútbol” junto a Platiní, Maradona, Iniesta, Valderrama y Andrea Pirlo.  
  Tuve la inmensa fortuna  de acompañarlo en su breve e inolvidable visita, tan así que en  horas de la noche de aquel día, con un pequeño  grupo de amigos huarinos, entre ellos mi hermano Gino y  William Lizardo y Willy Bar,   departimos breves  horas en su alojamiento. Respondió con atención y sencillez nuestras preguntas, nos habló de su paso por Colombia, de los mundiales de Argentina y España , del cariño del pueblo colombiano, contó  hilarantes anécdotas  como si fuera uno más de los nuestros.  También aquella noche, ante mi invitación,  se apersonó al local del  barrio  “San Juan”  que a esas horas  celebraba uno de  sus habituales  reencuentros de octubre y, ante el entusiasmo y aplauso interminable  de los presentes, firmó el “Libro de oro”, acto que quedará escrito  con letras indelebles en la historia de nuestra vieja y también gloriosa institución barrial.
Hoy, 14 de julio del 2016,  aunque tardíamente,   se le hará el  “partido de despedida” y  el pueblo peruano se pondrá  de pie para agradecer  la calidad de un artista y genio del balón. El héroe de nuestra infancia y  juventud, la leyenda viva del deporte nacional y mundial, comparado alguna vez con Maradona, se vestirá de corto  para recibir el justo y merecido homenaje, seguramente insuficiente, por lo que nos brindó en sorbos repletos de magia y belleza, de verso y poesía,  de humildad y sencillez. Será seguramente el recital de un viejo poeta que guarda en sus  anaqueles gloriosos   versos   románticos  antologados dentro del  parnaso futbolero mundial, de un deportista que nos enorgullece, que nos alivia el espíritu, que  nos conforta y consuela en estos tiempos de prolongadas sequias de triunfos deportivos  y, peor aún,  de ausencias interminables en los mundiales de fútbol.
Por mi parte agradecerle  su generosidad con mi familia, en especial para con mi hijo, cuando por  invitación  y recomendación  suya llegó a formar parte de la “Sub 17” del equipo aliancista. Nos abrió las puertas de su casa y nos apoyó con admirable desprendimiento en aquella experiencia inolvidable.
Con mi hijo Pasculy, Willy Bär, Carlos Huerta, mi hermano Gino y yo.
Con mi hermano Gino, mi sobrina Débora y mi sobrino Jean Pool.

Con  los  residentes huarinos  en  Lima y Huari.
El poeta y la mágica laguna de Purhuay

En el salón consistorial

sábado, 25 de julio de 2015

Los que retrataron nuestra Historia


Los que retrataron la Historia  
 "Entre las muchas formas de combatir la nada, una de las mejores es hacer fotografías" Julio Cortazar

       Loor a los  personajes ocultos detrás  de las  imágenes del tiempo, de las más  bellas y oportunas, de las importantes, de las memorables por felices, también, por tristes y trágicas. Loor a su sapiencia y  constancia, a su arte, a su atinado tacto para ubicar el angulo perfecto,  disparar  los flashes y captar la historia, y todo aquello ofrecerlos a la posteridad. La historia, sin ellos,  no tendría ni el fulgor, ni  el color esperados. Tienen la magia de detener el tiempo, la fuerza hercúlea para transportarnos a  lugares  y  tiempos lejanos, auspiciando reencuentros con tiempos idos, con viejos amigos, con  escenarios pretéritos en donde los nuestros y los no nuestros, los que partieron y los presentes aún, construyeron la historia  de  los pueblos. 

         Huari,  acunó a notables fotógrafos, que asumieron este oficio con un  profesionalismo digno de destacar. Además de servir a la colectividad huarina en acontecimientos culturales, deportivos, religiosos y   sociales de feliz y triste recordación,  construyeron también apreciables y cuantiosos archivos de valor incalculable. Ellos son,  Donato Agüero,  Eloy Espinoza, Florencio Ferro, Federico Palacios,   Rene Asencios. que ya partieron a la mansión celestial,  y  Los que aún nos acompañan: Elías Pardavé,  Raúl  Romero y  Primo Agüero.  Estos y aquellos,  son  auténticos patrimonios culturales  de nuestro pueblo,  y sus insoslayables rastros viajan paralelos a los de nuestro amado pueblo desde antes de mediados del siglo pasado. 

     Esta modesta ventana cultural y “Huarilindo, el Portal más importante de la zona de los Conchucos”, expresan su reconocimiento y homenaje a  estos señores de la fotografía, y una manera simbólica de engrandecer nuestro reconocimiento  y  homenaje,  es publicando una foto inédita del “Parque Vigil”  del lente de don Elías Pardavé,  que data de los  años cuarenta  del siglo pasado.  Nos lo entregó  un paisano nuestro, cuyo nombre pidió no revelarlo. Es una foto hermosa, como ven, destacan  la “Capilla de San Francisco”, la  “Alameda pampa saucecito” y las  fachadas de las casonas  de antaño.  A todas ellas,  el viento de los años ya  se las llevó.

      Nuestro más ferviente saludo   a  don Elías Pardavé,  don Raúl  Romero  y don Primo Agüero a manera de  reconocimiento por los servicios prestados a la cultura huarina,  y nuestra invocación a   los entes culturales  para que puedan fijar, también,  su mirada en aquellos personajes cuya huella indeleble trascenderá  generaciones. y qué mejor hacerlo en  vida.  Finalmente,  repetir la gran frase de  Harold Davis respecto a este noble oficio.  “Los fotógrafos hacen fotografías, las cámaras no”  Reconocimiento implícito al ser humano, a  su tino, a su sapiencia, a su arte. 

lunes, 6 de julio de 2015

Chavín: ¿La Roma de los Andes?





(Con John Rick, Walter Alva y Luis Guillermo Lumbreras. Huari-2000) 

“En nuestros días, la historia tiende a la arqueología,
a la descripción intrínseca del monumento”
MICHEL FOUCAULT

       Antes de iniciar el presente artículo, quiero responder la pregunta planteada: ¿Acaso es Chavín la Roma de los Andes?  Creo que no,  así como  tampoco Roma es  "El Chavín de los Alpes" Ese añadido  le resta identidad y además  puede   auspiciar inferencias erróneas como que Chavín  está  abajo de Roma.  Ni siquiera, creo yo, esa comparación es pertinente. Bueno, más allá de esa disquisiciones enojosas, el propósito de los gestores del documental es, sin duda,  totalmente valedero y digno del  mayor encomio. Ahora, con el permiso de ustedes, quiero comenzar está nota de evocación y reconocimiento a un hombre  imprescindible  en los anales de la historia de Chavín:
          :Pocas veces existió tanta adhesión y cohesión entre el hombre y su habitad,  entre el celador y su templo,  que fundiéronse con tanto vigor y prolijidad. El primero, relativamente efímero, el segundo eterno; el primero ya leyenda, el segundo historia. Así podemos presentarlos a Don Marino Gonzáles Trejo  y al “Santuario de Chavín”, si todavía, con osadía y temor,  podemos separarlos corriendo el grave riesgo de equivocarnos y tropezar en las graníticas páginas de estas dos vidas, en alguna medida, paralelas
Don Marino fue discípulo, amigo y aplicado depositario de la sabiduría del gran paladín del autoctonismo Don julio César Tello que, en 1919, descubrió para la humanidad la magnificencia de nuestro santuario como la obra de una raza (la indígena) que vaga proscrita entre las soberbias moles de los andes y es digna de parangonarse con las más avanzadas culturas y civilizaciones del mundo.
Cuando lo conocí, yo era muy pequeño, en instancias de esas visitas de estudio que nuestros maestros de la Ex – prevocacional solían programar, al santuario,  para reforzar las asignaturas de Ciencia Sociales. Aquellas vivencias se avivan  en el rescoldo de mis recuerdos cuando  se pronuncia la palabra CHAVIN, como anoche,  en el  estreno mundial del documental,  “CHAVIN, LA ROMA DE LOS ANDES”,  y  las asocia al  lerdo, viejo y  pesado camión de don Julio Valle que  acostumbraba trasladar a los nóveles excursionistas, y partía, para el efecto,  a las tres de la madrugada,   para llegar a Chavín a las  9:00 am ,  convertido en un hospital lleno de rostros pálidos y famélicos; también a  los exquisitos fiambres que degustábamos  en aquellas inolvidables travesías  y,  principalmente avivan  la imagen de  don Marino Gonzáles Trejo,  nuestro guía favorito: Lleno de  erudición,  desde  el mismo escenario,  libro abierto de nuestra historia, nos transmitía, con paciencia y cariño, los secretos más arcanos que guarda el santuario.   Había que escucharlo para realmente comprender y luego  concluir que, detrás de este hombre de rostro adusto y melancólico,  yacía un remanso donde reposaban las respuestas de tantos dilemas y el por qué de cada punto cardinal, de cada piedra, de cada vértice, de cada sombra, de cada nada y de cada todo.  No sólo era un Guía, además  era un Amauta...
Pocos, como él,  sintieron con tanto amor a   Chavín. Pocos  inculcaron tanta sabiduría e influyeron marcadamente en la mente y el espíritu de las generaciones que visitaron el santuario y escucharon su prédica y, en ella, su adhesión a tan glorioso pasado y portentoso legado, colocando, al santuario, en un punto descollante de la historia de la humanidad.
 Hace ya casi 26 años, estando en Lima, llegó a mis manos una edición de la  Revista “Caretas”  que  anunciaba, en su carátula, un homenaje a  don  Marino Gonzáles,  leí y releí  la significativa crónica  de homenaje  y lo guardé para, cuando visite Chavín, entregárselo como un signo de agradecimiento por  las sendas horas ofrendadas a los niños de mi generación. Fue así que, en julio de 1993, con ocasión de una  vista  a la ciudad de Chavín, le entregué la revista de marras. Me recibió emocionado, según  dijo, no tenía conocimiento de aquella nota. Fue  la última vez que lo vi. Ya con los años encima, su rostro con grietas que dibujaban  caminos laberintosos, su joroba aún más pronunciada y un saco raído, Conversamos breves minutos y me despedí  con la mayor  reverencia.  
Ayer, 05 de Julio,  vía la  “Nathional  Geographic” se ha estrenado,  a nivel mundial,  el documental “CHAVIN, LA ROMA DE LOS ANDES” y que se transmitirá todos los domingos de Julio.  Un viaje a lo más antiguo de la historia de Perú, legado histórico de este sitio arqueológico declarado, por la UNESCO, Patrimonio Cultural de la Humanidad . El documental reseña que hace unos 3.200 años los diferentes pueblos que habitaban el actual Perú comenzaron a pasar de una vida nómada a formar los primeros asentamientos y aparecen los centros ceremoniales donde se erigen como gobernantes los herederos de los chamanes: los sacerdotes. También responde  ¿Cómo y por qué fue construido el templo de Chavín de Huántar? ¿De dónde provenían esos conocimientos? ¿Qué significado tiene el laberinto subterráneo de pasadizos que jamás se iluminaron?
De la mano de John Rick, profesor de arqueología de la Universidad de Stanford, y de Luis Lumbreras, uno de los arqueólogos más brillantes de Latinoamérica, el canal tratará de dar respuesta a esas preguntas y desvelar misterios que todavía atesoran los muros pétreos de este misterioso centro ceremonial  Recuerdo,  hace casi 15 años,  John Rick  y Luis Guillermo  Lumbreras, durante un evento de carácter histórico organizado por la comuna huarina , presidida, entonces,  por Edwards Vizcarra  Zorrilla, nos comentó, en un aparte del evento, que se estaba trabajando un proyecto de documental  que plasmaría un Chavín virtual.  Ayer, al observar ya su estreno,  me sentí particularmente afortunado de conocer y charlar con estos dos colosos de la arqueología americana y  que son, además, amigos entrañables de nuestra historia: Jhon Rick  ha adoptado como su nuevo pueblo a Chavín y con obstinación y cariño sigue hojeando, aquel libro abierto, descubriendo sus secretos más arcanos;  y Luis Guillermo lumbreras es, desde muchas décadas atrás, conspicuo estudioso de Chavín. Fue, además,  el gestor de su “Museo de Sitio” cuando presidía el Instituto Nacional de Cultura. Lamentablemente el gobierno de Alan García lo retiró. Ambos son,  junto a Julio César Tello, su discípulo  Marino Gonzales Trejo, y  Antonio Raymondi los que sintieron,  a Chavín, con amor, dedicación y reverencia.    

Abelardo Malqui Hidalgo
Lima, 06 de julio de 2015

miércoles, 17 de junio de 2015

¡¡Felices 70 "Mama Alchi"



     Hoy, 18 de junio,  alejado de mi  Huari, espacio vital,  hermoso y entrañable, a cientos de kilómetros de ese  íntimo proscenio familiar como fue nuestra casa solariega, mudo testigo de nuestra vivencias infantiles y juveniles, saludo con reverencia a mi MADRE,  a mi adorada "Mama Alchi" en sus 70 felices años.  Madre virtuosa,  abuela sin parangón,  cuya existencia es la luz que alumbra nuestro camino y alienta  nuestra existencia. A manera de homenaje dedico estos breves párrafos donde se revela su calidad de abuela tierna y amorosa:
     "Mi hijo, el mayor de sus nietos varones, cuya infancia discurrió al calor y  abrigo, en gran medida, de sus abuelos paternos, guarda en sus abultadas maletas  recuerdos  indelebles, con  sello de longevidad, que cada vez que se evocan se abren lozanos  y  sabrosos para escanciarlos con fruición y también con nostalgia. Su abuela fue,  además de ser su más desconfiada celadora, la apoderada acuciosa y atenta , tanto en su educación inicial y  cuanto en  primaria,  que acudía al  llamado de su profesora a  lidiar  con sus travesuras, que no fueron pocas, y  litigar con singular ternura y  a veces "fiereza"  frente a sus pueriles litigios en el aula.
        Su maestra de primaria, de grato recuerdo para nosotros sus padres y en especial para mi hijo, nos refería, a manera de anécdota,  sus memorables performances de “apañadora”, digo apoderada ,  como en aquella oportunidad cuando  rompió de un balonazo  la luna de una de las ventanas de la Dirección de su colegio,  que ameritó, como es natural, la presencia de la apoderada. Fue ella a responder y a defender. Sus innegables condiciones abogadiles, como buena hija de escribano,  liberaron a su querido nieto  de toda responsabilidad, es decir,  lo absolvieron. Recuerdo que aquel mediodía mientras almorzábamos en casa de mis padres discurseaba con orgullo  los entretelones de aquel "litigio". Nunca  logró enterarse, eso si, que a escondidas logramos “arreglar”  con la dirección y con  su profesora el costo de su travesura. Frente a su inmensa ternura para con su nieto, que en algún momento la cegó y le hizo perder objetividad, solíamos   sin que ella se entere, asumir algunas de las travesuras y hazañas de mi aún pequeño hijo. Fue siempre así mi Madre, querendona con sus nietos.  El haber tenido tantos hijos e ir quedándose sola por la diáspora dolorosa de la mayoría de ellos,  influyó  sobremanera,  buscó  volcar toda su ternura en su único nieto en aquel entonces,  se desvivió  por él y  nos suplió, mucho tiempo, con generosidad y desinterés admirables.
       Otra de las anécdotas donde se puso de manifiesto la "fiereza" maternal de mi madre, fue cuando en los "Juegos Florales de Primavera", estando mi hijo en  el último grado de primaria, ganó el concurso provincial de declamación organizado por la UGEL- Huari, el director de su colegio, un tristemente recordado ex “curita",  se negó entregarle el premio, aludiendo  que  aquel le correspondía a la  institución mas no a él.  Como colegirán ustedes, la reacción de la abuela fue severa e  inmediata, sin medias tintas y  frontal, la emprendió contra aquel  mal director poniendo en duda sus cualidades sacerdotales. Usted no es justo y  está maltratando a mi nieto, su actitud no es digna de un sacerdote, dijóle. Años más tarde, este personaje,  se alejó de sus votos sacerdotales y hoy por hoy camina por otros senderos.
     Todas las  abuelas  tienen  el mismo sello: Son las  que inventan cuentos de duendes, las que relatan inverosímiles historias y  encumbren, a espaldas del abuelo gruñón, las  hazañas y travesuras de sus nietos y  que todavía se descubren luego de muchos años, como en el presente caso:  ¿Quién destrozó los maceteros o arruinó los "vigilados" huertos? ¿Quién   maltrató a los indefensos polluelos de la granja y  los situó al borde de la muerte?  ¿Quién hizo del patio de la casa su fortín deportivo donde libérrimo, en ausencia del abuelo, empalmó sus más furibundos balonazos embadurnando las relucientes y blanqueadas paredes  y convidó a su pequeña tropa de amigos los  todavía inmaduros manzanos, tomatillos e higos? ¿Quién  fracturó de un golpe certero de balón  uno de los aromáticos cedrones que,  para mi padre, constituían sus mas  preciados arbustos, por lo difícil que resultó  hacerlos   "tacllar" o prender?  o lo más importante: ¿ Quién encubrió tamañas hazañas? ..."

     ¡¡Te amo viejita linda!!

sábado, 30 de mayo de 2015

“Macuayonga”: Despojos de años dorados

          

“Uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida”
Chavela Vargas
         ¡¡Aparece "Macuayonga"¡¡ Vieja hacienda de propiedad de  Jorge Bromley, un  caballero de origen inglés y  obstinado buscador de minas. Fue, según refirióle mi tío Wenceslao Avendaño a mi padre, el descubridor del emporio Antamina y que lo perdiera, después, por no pagar algún impuesto que la ley obligaba.   Compró la hacienda, según díjole mi tío,  por su ubicación privilegiada y su clima envidiable, en donde  dedicó su esfuerzo a la crianza de miles y miles de cabras. Le contó también, a manera de  anécdota, que por aquellos años debido a la dificultad de arrear su rebaño,  amaestró a su fiel  sabueso para que,  con sus agudos ladridos , llamara  al orden y convocara al rebaño que, obediente, descendía desde lo más alto de la colosal  mole,  hacía su majada. 
          Ahí esta la vieja hacienda abandonada , con su  famélica belleza y  consabida silueta, orillada por el río Mosna, tributario del Puchca y del Marañón, y custodiada  por gigantescas moles que se alzan cual muros invencibles hacia el Oeste del apacible lugar. Aparece en instancias del raudo trajín del  bus que, ora rumbo a Huari, ora rumbo a nuestros ocasionales destinos, desplázase  por la maltrecha carretera que atraviesa el margen opuesto de aquel bucólico paraje. Ahí está,  aún atrayendo miradas, comentarios  y suscitando  nostalgias. Están sus espaciosos solares, con sus ahora mudos corredores, sus  poyos vacíos extrañando las conversas diarias. Están los  horcones de  maderos hercúleos sosteniendo estoicos los aleros y el tejado, donde en mejores tiempos flameaban las “huayuncas” o mazorcas de maíz.  Y abajo, de la vieja hacienda y de la maltrecha carretera, se avista el precario y estrecho  puente de atractivo y singular  perfil, imposible de ser ignorado, colgando encima de un  estrecho recodo del Mosna, puente que en otrora transitaron orondos y poderosos hacendados  y  cuadrillas de peones  y jornaleros con sus afanes y  aflicciones a cuestas. Ahí está  la vieja hacienda de lindos amaneceres, afanosos y laboriosos días, de noches de ensueño, que hoy  sabe a tiempo ido y donde sólo quedan plegarias de ánimas y  también  recuerdos
           Su ubicación perfecta invita a la imaginación, recordándome los viejos ranchos del oeste norteamericano, aquellos que veía de niño y adolescente en los largometrajes de los “setenta” y “ochenta”. Un lugar con todos los ingredientes para vivir en paz, alejado del ruido y las “tempestades” citadinas. ¡¡Ya me imagino sus amaneceres en el estío!!  Con cielo sereno y las  luces agonizantes  de las estrellas, mientras el manso Mosna canta su sinfonía eterna; con  lozanas  y doradas parcelas fructificando la siembra fecunda. ¡Monumento a la vida! Y en sus calmos contornos, en silencioso trance,  los hermosos venados alistándose para salir  a pacer la hierba fresca y  las bayas de árboles pequeños y arbustos oriundos de aquellos parajes andinos.  
           Imaginar también a la “mama quilla”, que en   noches silenciosas, en su nocturnal paseo por  su  milenaria  senda,  contemplando,  en  su lento vuelo,  la tranquila noche,  riega  las inmensidades andinas con su  fuego plateado . Imaginar   su puesta tras los riscos inmensos: Pura y altiva como las hostias indulgentes de los pecadores. Y tras los brazos generosos de los árboles y arbustos escuchar con inquietud  la lastimera plegaría de los cernícalos anunciando buenas y malas nuevas. Seguramente sea así, tal cual describe mi entender de migrante afincado en esta Lima de fortunas y miserias,   o sea mucho  más dulce y hermoso que mi nostálgica imaginación. Como bien me dijera Javier Morales Bromley,  hace algunos años, en un ejercicio retrospectivo doloroso durante una  charla  memorable, allá en nuestro Huari, recordando sus viejos años: “ En mis tiempos, el aire parecía más puro y en el celaje había más estrellas que nunca! -Añadiendo con resignación- Mira el cielo “Ni las estrellas escapan a la ruina de la vida, ahora hay menos que hace cincuenta años” ¿Qué tiempos aquellos verdad? preguntaba, intentando reconstruir el esplendor de antaño con las cenizas de sus nostalgias.
              ¿Acaso este lugar, de paso y vista obligada para los viajeros de Conchucos,  no ha  despertado interés   en sus dueños o en algún otro empresario  para PONERLO EN VALOR? ¿Acaso no hemos vivido boyantes años que nos permitan apostar por el turismo alternativo? Que pena que los "inversionistas" busquen pingües ganancias en la "cosa pública"  y no generen  proyectos innovadores.   Me refería Gino, el mayor de mis hermanos residente en Turín -Italia,  lo atractivo y   provechoso que resulta en el viejo continente, darle vida a este tipo de “recintos del pasado”  fomentando labores agropecuarias y promocionando nuestra artesanía. Finalmente una pregunta: ¿Qué destino tuvieron las viejas  haciendas administradas por  la Beneficencia Pública de Huari?   
Lima, 30 de mayo de 2015

                                                     

viernes, 29 de mayo de 2015

¡¡Para nunca olvidar...!!

¡Crónica jamás contada!

                      "La tragedia es una experiencia que ilumina el carácter." (Joyce Carol Oates) 
           Hace 17 años, siendo docente del Instituto Superior Pedagógico de Huari, visité el Pedagógico de Yungay. En los entretelones de aquella visita, gentilmente,  un colega me alcanzó esta crónica inédita, escrita por Juan Arteaga Losza, testigo de excepción de aquel aciago día. En momentos en que los peruanos nos preparamos para enfrentar con responsabilidad un eventual evento "megasísmico",  Estas líneas nos pueden servir para no olvidar que un día también el dolor y la desolación nos tocaron la puerta y por ende DEBEMOS ESTAR PREPARADOS:
       "En forma suscinta les voy a narrar, cómo me salvé de morir en este dantesco suceso; con el objeto de complacer la curiosidad de algunos amigos y familiares que no conocieron Yungay antes del 70, porque los que quedaron, los pocos yungainos ya van desapareciendo con el transcurso y peso de los años y llegará un día, quizás pronto, que muera el último testigo del antiguo Yungay.
        El sábado 30 de mayo, organizamos un baile social, los profesionales jóvenes , en el segundo piso del Palacio Municipal, la fiesta resultó un rotundo éxito, con mucha concurrencia. Ya, a las 5 de la mañana cuando terminó el baile , un grupo de amigos nos dirigimos al Club Social Yungay, que era exclusivamente para profesionales y socios de prestigio, el local guardaba en los altos de la casa del señor Samuel Huerta, a una cuadra de la plaza de armas bajando por el Jr. "9 de diciembre". En este recinto continuamos con la fiesta, como era domingo había tiempo, nos divertíamos entre libaciones y juegos (poker, dados y billar), sin la menor idea de la tragedia; unos se iban y otros llegaban (abogados, médicos, ingenieros, profesores, etc.) Hasta que llegó las 3 y 23 de la tarde, cuando comenzó el movimiento telúrico. Todos nos ubicamos en los umbrales de las ventanas y puertas; el movimiento adquirió mayor intensidad, toda la bóveda se vino abajo.
        La casa comenzó a bailar descontroladamente, no se derrumbó porque era una de las pocas casas de material noble. Todos aterrados queríamos bajar por el subidero que daba a la calle, pero al mismo tiempo, asustados rodamos unos sobre otros por las gradas y resultamos por fin en la calle , cada quien desesperadamente corría hacia su casa a ver a sus seres querido. En verdad les digo que la ciudad estaba en una danza macabra , las tejas volaban en bandadas , la tierra se entre abría enseñando sus feroces colmillos amenazantes, las paredes se cuarteaban , los cerros flameaban, la gente gritaba sin saber que rumbo tomar, el cielo se nubló con la polvareda , tanta queja, tanto dolor , tanta muerte ante la indiferencia de Dios, parece que estuvo ausente , no tuvo misericordia, ante tanto llanto.
       Yo pensé, como mucha gente , dirigirme a la plaza de armas, con la velocidad del rayo; pero mi intento quedó frustrado, por la lluvia de adobes que caían de las inmensas casas coloniales; entonces opté por correr por el mismo Jr. "9 de diciembre" hasta la pista , de la parte baja que conduce a Caraz , buscando un espacio amplio, en mi loca carrera me tropezaba con gente conocida, enredada con los alambres , aplastada por los postes , maderas, etc. pidiendo auxilio, pero dolorosamente me sentía impotente de prestarles ayuda, porque las fracciones de segundos no eran de perderlos.
      Corrí una cuadra , me detuve un instante, porque una casa se estuvo cayendo por pedazos , en eso observé un cuadro horroroso, dos chicas del colegio de mujeres estaban debajo de un balcón con maceteros, gritando ¡mamacita! . La casa era nueva de la familia Polo; como el terremoto estaba en su apogeo la casa se cayó y sepultó a las dos chicas, cortando sus gritos, solo quedaron sus manos libres que con ademanes pedían socorro, qué dolor no poderles auxiliar. En esos instantes se escuchó un ruido estremecedor indescriptible. Era el fin del mundo.
      El alud ingresaban ya a la plaza de armas, el terremoto se convirtió en un enemigo menor, ahora se venía un enemigo total, sin perdonar a nadie; emprendía mi carrera desesperado, ya no me interesaba la caída de los escombros, tal es así que me cayó un adobe en la espalda que casi me tumba y a mi atrás venía el recordado profesor Julio Vásquez, a él le cayó un adobe en la cabeza que le partió. Se levantó como pudo bañado en sangre, seguía caminando, venía en cámara lenta, como un espectro, posiblemente por ahí nomás sucumbió. Yo corría y corría, las posibilidades de salvarme eran nulas, había perdido mucho tiempo, pero corría a todo dar para alargar mi vida por unos segundos más; por que si me quedaba moría mas raudo. Como es que cuando se va morir se pone más lúcido, en esos instantes por mi cerebro pasaba toda la historia de mi vida , de mis familiares y al mismo tiempo iba pensando que actitud debería tomar para salvarme ¡Qué hacer!; en eso cuando ya me faltaba algunos metros para llegar a la pista distingo un auto que venía a toda velocidad , parece que aminoró la velocidad para no atropellar a las personas que desembocaban en la pista.
        Yo, en una actitud felina, con el impulso de mi carrera, me arrojé al auto, no me importaba a donde caer, por que estaba sentenciado a morir, pero mi instinto de conservación se impuso , mis manos lograron introducirse por la ventanilla delantera del auto, que estaba abierta y me aferré a la vida, agarrándome de los pantalones de la señorita Isabel Arias y fui arrastrado. Ella era por aquella ocasión Miss Ancash, conducía el auto de su señor padre Dr. Roberto Arias, habían estado en el cementerio tomando algunas vistas. Después de fracciones de segundo el alud pasaba acariciando la parte trasera del auto.
      Ya en la pista de Yungay Nuevo, buscamos cada uno nuestra ubicación en las faldas del cerro Atma, para pasar la noche, porque se oscureció tempranamente.
       Yo antes de tomar camino estaba trastornado, como un loco, no quería creer en los hechos del que fui testigo, me sentía muerto, me mordí la mano y al sentir dolor me convencía de que estaba con vida. Sólo yo me salvé de morir, de todos los asistentes al Club Social Yungay. Los días posteriores fueron de lágrimas y sufrimiento.

martes, 19 de mayo de 2015

Velada Cultural en el “Mollecito”



"Noche de otoño con remansos de ternura”
El sábado último, 16 de mayo, nuevamente “El Mollecito”  acogió bajo su fronda generosa a  los huarinos residentes en la ciudad de Lima. Lo hizo  con motivo de la presentación  del  poemario “Remansos de ternura”  del  destacado maestro y  escritor huarino Silvio Abelardo Huertas Asencios. Fue una noche de otoño de aquellas, una noche para recordar, no sólo por la importancia y  trascendencia  que entraña, en sí, un acontecimiento cultural, sino también por la carga emocional que imprimieron los actores de la  singular velada cultural.
La mesa de honor estuvo integrada por una pléyade de intelectuales huarinos: la   Dra. Hilda Vidal Vidal, el presidente de la  “Asociación Centro Representativo Huari” Prof. Humberto Lora Pardavé, el poeta Alcides Alvarado Huertas y el escritor Dr. Alberto Córdova Cadillo. Todos, además, comprometidos con el destino de  nuestra lejana  “Patria Chica”. La conducción del programa estuvo a cargo del siempre solvente y  elocuente  Dr. Carlos Trujillo Oliveros.
Dije, que fue una noche para recordar, por los detalles que imprimieron los organizadores y actores: La estupenda y magistral interpretación del tondero de antología “Malabrigo”   por  “Elenita” Huertas Zelaya, hija del autor, acompañado  por la guitarra de un inspirado  Víctor Hugo Huertas Zelaya, también hijo del autor, para finalmente cerrar la parte musical con la voz de Jorge Huerta Zelaya  interpretando un vals escrito en homenaje, justamente,  a su señor padre. La primera parte de la programación fue un auténtico “remanso de ternura”
La presentación del poemario estuvo a cargo de la Dra. Hilda Vidal Vidal, lo hizo con la sencillez y la simplicidad de los grandes.  Destacó la belleza  de los poemas, animándose a leer algunos versos con emotivo acento;  y se dio un tiempo para resaltar las calidades, del autor,  como ciudadano, maestro, periodista, en general, como ser humano valioso y trascendente.
La parte poética lo compartimos con el “Vallejiano” Rubén Valencia Lora que, motivado y emocionado, se animó a declamar dos poemas de nuestro vate universal César Vallejo, declamación que  emocionó a los presentes: Por mi parte,  ofrecí los versos del poema “Gatillinya” de la pluma del también escritor y poeta Hugo Huertas Asencios. La solemnidad  del evento que contó con  tan   culto público en  una noche otoñal preñada de fraternidad,  acicatea a cualquier mortal amante de la poesía  a dar todo de sí.
Fue también una noche de homenaje y  de gratitud a un autor que contribuyó tanto  con la  cultura huarina. Las palabras  de  “Asheque” Córdova, de Lucho Rondón, de Alcides Alvarado  y Humberto Lora,  en torno a la vida y obra de Silvio Abelardo, sintonizaron, seguramente,  con el espíritu y el sentimiento de  la concurrencia.   
Las palabras del autor y homenajeado, además de agradecer a los presentes, sirvieron para reflexionar sobre la historia literaria de nuestra provincia. Rememoró  hechos,  títulos y autores de nuestro parnaso literario, fiel a su estilo, sin mezquindades  ni omisiones,   desde  las primeras décadas del siglo pasado,  hasta nuestros días. Finalemente, dirigió un mensaje, un encargo para las nuevas generacionesm de  que aún  queda mucho por hacer en términos de cultura.  .
Finalmente,”Huarilindo” expresa su más calida felicitación al autor  de “Remansos de ternura”, a su digna esposa Sra.  Dina Zelaya e hijos por, lejos del terruño que  los viera nacer, construir un auténtico reducto del huarinismo llamado “El Mollecito”   convertido, de un tiempo a esta éste,  en la  casa cultural  de los huarinos, solariego reducto donde se respira  huarinismo  y se  siente el latir cadencioso de nuestro lejano pueblo al que amamos tanto.
                                                                                                                
Abelardo Malqui Hidalgo

domingo, 26 de abril de 2015

“Después de una octava” Vivencias, sentimientos y realidades"


“Andaré por tus cerros y tus llanos toda la vida, arrimándole   
renglones a tu esperanza, tierra querida”  
 Atahualpa Yupanqui
         Hace unas semanas el Dr. Alberto Córdova Cadillo, me pidió  comentar sobre una nueva obra de su autoría,  intitulada: “Después de una octava” Vivencias, sentimientos y realidades. He tenido que esforzarme para tener una idea de cómo escribir  un comentario  de esa especie, pues siendo un  escritor aficionado, y no siendo analista literario, la tarea asomaba difícil.   Pero me pidió que lo hiciera como un lector aficionado cualquiera. Así lo hice y lo comparto con ustedes amables lectores:
        “Después de una octava” Vivencias, sentimientos y realidades, es una suculenta narración de vivencias de un grupo entrañable de amigos en su feliz retorno a la ciudad que los viera nacer. Un apacible y  entretenido periplo con  desfile de personajes por los senderos magníficos de una niñez y mocedad lejanas, sin embargo cercanas en  el afecto y en el compromiso con  el destino de su pueblo natal, evidenciado  cuando proclama con acendrado cariño: “Espero que en mi Huari, aparezca una mañana multiplicada de esperanzas de cambio en lo humano , que el maravilloso vegetal del “sauce verde”  del  Parque Vigil de mi infancia renazca, marcando un nuevo amanecer para el siglo, crezca elevando sombras y oscuridades hasta desvanecerse. Otro día, iluminado de frutos de luz en formas visibles, en sus ramas, broten cantos prematuros de desarrollo integral, antes que llegue el silencio. El sauce del tiempo alargando sus ramas armonice la vida de los habitantes jóvenes donde el astral distante suelte hojas cadenciosas al viento,”Después de una Octava”  Emotivas líneas ,   donde destacan su talante literario y   actitud militante frente al presente y futuro de su pueblo natal.
Leyendo el título “Después de una octava” Vivencias, sentimientos y realidades, es posible  inferir fácilmente el  propósito del autor: Entretener a los  lectores tomando como parte medular  el acontecimiento de la  “Octava de la Virgen del Rosario” y el otro  paraje festivo como es la  “Fiesta brava de octubre” y lo que ellas entrañan en términos de religiosidad, fraternidad,  jolgorio, en general, tradición.  
La octava que es, para los huarinos, sinónimo de final de fiesta,  lindero donde termina el júbilo y comienza la nostalgia, ha inspirado al autor escribir este breve compendio de vivencias donde,  también, colisionan sentimientos de  admiración, reverencia  y   compromiso por  su lar querido, por una parte, con la   decepción, tristeza y preocupación por su destino incierto. Cumple pues,  con claridad de medio día, las cuatro funciones de  la literatura:
La  expresiva, porque impregna auspiciosamente sus sentimientos arraigados al paso cancino de los años, al calor de sus vivencias y de su memoria generosa, sentimientos de amor hacia sus seres queridos, padres hermanos, amigos, vecinos  y paisanos, buscando siempre la paz y armonía interior, no en vano  adorna  uno de sus  títulos: “Víspera de la octava”,  la substanciosa  epígrafe: “A la sombra del aliso agotan lejanías, mis manos que escriben por la paz”.
 También la función lúdica, es decir, la literatura entendida como un juego bonito, tan  omnipresente en nuestra  lírica huarina, buscando siempre, como bien lo enfatiza la Dra. Johanna Natalia Córdova Aguilar, hija del autor, en el prólogo de la obra:   “el goce positivo del placer de vivir haciendo historia, escapando de todo protocolo y  solemnidad,  con esa chispa que distingue al huarino”
Cumple también la finalidad didáctico - moral  y la político-social,  porque no  sólo entretiene, sino que ha de ser útil en el urgente ejercicio de la reflexión ciudadana de nuestro lejano pueblo,  que le  permita construir un futuro con esperanza. No sólo es panegírico, encomio y apología, es también reflexión sobre lo grande y bello de su querencia,  que  contrasta con sus carencias y seculares sueños  aún no redimidos.  Así como exalta el sabor dulcísimo del retorno, la grandeza de la amistad, lo imperecedero del amor filial,  también nutren sus renglones deseos de bienestar  en lo educativo, en la  salud, con  vías  de comunicación rápidas entre  los pueblos cercanos, construyendo carreteras  como circuitos de desarrollo integral en lo económico  cultural y social, es decir,   asume la literatura como instrumento de defensa de valores sociales o como instrumento de lucha para transformar la sociedad.
La descripción de cada uno de los puntos del magnífico  proscenio andino por donde transita  este “caminante” y su entrañable tropa:  cada lugar, cada recodo, cada paraje, cada callecita,  es  realmente interesante por estar impregnada de alegría y nostalgia, otorgándole  el don de la existencia trascendente, todos ellos compañeros  en su tránsito alegre e inquieto en las albas horas de su niñez y  en las soleadas  de su mocedad, como sólo puede hacerlo la literatura. Cantera inagotable, que dicho sea de paso, no sólo explota en este puntual relato, sino tambien,  en sus  anteriores  producciones.  
         En este breve compendio  de narraciones, estrechamente eslabonadas, encontraremos los lectores, en especial huarinos,  algunos de nuestros pasos perdidos, de nuestros rastros, de nuestras proclamas íntimas, de nuestros deseos de destinos mejores, y quizás,  en algún párrafo o en un párrafo escondido, aún escuchemos lastimeros  resuellos de algún viejo amor;  y en un fácil ejercicio retrospectivo  nos  disfrazaremos de ASHEQUE, para  RETORNAR a  nuestro “Huari querido” y reencontrarnos con ese universo repleto de historia  e historias , aunque ya no es el pueblo que un día dejamos, cuando titilaban antorchas a lo lejos,  descontaminada y desintoxicada su existencia, aún  sigue siendo la morada eterna de nuestros más grandes  recuerdos, capaz de  avivar las llamas de las vidas preciadas:  de papá,  de mamá, del abuelo, del compañero, de los  que ya partieron , de los que sólo permanece un pequeño rescoldo.  De todos aquellos que mueven, como bien dice el autor, nuestros afectos infantiles y juveniles.
“Asheque”,  como la gran mayoría de los presentes, es un huarino,  además un caminante,  por cuyos senderos transitamos  tambien nosotros. Entonces,  acompañemos a nuestro  autor  en su feliz retorno, para en solemnes minutos,  elevar preces a  nuestra “Mama Huarina”, además armar  jarana en una de las cuatro esquinas de la plaza mayor, deleitándonos con el candor de los Sarao, con el gracejo y  belleza  de las pallas y la irrupción gallarda de los “Huaridanzas”;  y en  las monumentales  fiestas bravas bailarnos un huaynito en uno de los tendidos, para finalmente sellar nuestro retorno,  con broche de oro,  en la” “Octava de la Virgen del Rosario al calor de la amistad y fraternidad y encomendarle a nuestro poeta Edwin Zorrilla que en nombre de todos los que retornamos nos declame estos hermosos versos de su autoría.
      “Estamos en Huari, animados por nuestra incólume fe, convencidos de que te encontramos junto a nuestro pueblo, para reiterarte nuestras plegarias, glorificar tu nombre y sentir junto a ti, tu ternura maternal de siempre.  Llegaste a nuestros lares  de Juan Huarín y María Jiray junto con la cruz, en cuyos maderos se inmoló tu hijo, y los apus de esta comarca abrieron las puertas  para que te quedaras como madre nuestra, hasta la eternidad… Retornaremos felices repitiendo los cánticos de tus pallas, y el verso: “en cielo y tierra gloria a mama huarina” de sarao. Mientras nuestros pies repiquen el zapateo de los huaridanza y en nuestros corazones quede impregnado del júbilo del reencuentro Mama huarina de todos los tiempos”
Abelardo Malqui Hidalgo
Lima, 21 de febrero de 2014



“La Madre Dominga”
(Rosa Elvira Zúñiga Majuan”  1949 -2009)

Corría el año de1982, memorable, para quien escribe esta  nota,  por las experiencias acumuladas en todas las parcelas que decanta   la vida estudiantil. No quiero apartarme del motivo exacto de esta evocación y reconocimiento que tiene la marca de una personalidad que dejó huellas en mi generación: “La Madre Dominga”. Rosa Elvira Zúñiga Majuan Personalidad lúcida, llena de carisma, una mentora excepcional que llegó al magno claustro “González pradino” , en el momento justo para beneplácito y fortuna nuestra,  como profesora de Educación Religiosa, asignatura  signada , hasta entonces,  por la  intrascendencia y  monotonía.

Bajo su iniciativa y liderazgo se fundó el grupo parroquial “Jóvenes sin fronteras” integrado por alumnos de  nuestro colegio. Una agrupación juvenil de singulares características que nos permitió crecer espiritualmente y,  por ende,  como personas. Son célebres los EJE “Encuentro Juvenil en el Espíritu”,  retiros espirituales de jóvenes huarinos, sanmarquinos, chavinos, etc. que concentrados en el local de la extinta prevocacional, hoy “Virgen de Fátima”, intercambiábamos experiencias de vida en sesiones largas, pero entretenidas, donde fluían a raudales inquietudes y  testimonios personales de diferente índole, ahí  donde la palomillada no estaba ausente y el espíritu adolescente se empinaba hasta el Everst. La gesta y el rudimento de amor de muchos matrimonios de hoy tuvieron lugar en aquél  año y  al calor de aquellos  eventos. Cuando las faenas diurnas concluían, ya en las noches, agrupados  en nuestros camarotes improvisados armábamos entretenidas conversas matizadas con canciones de la época que sonaban roncas en las radio grabadoras, en especial “Puerto Montt” y  “Chiquilina” de los “Iracundos” y  los clásicos del Grupo ABBA,   y  más noche,  bajo el plenilunio,  sentados  en las ahora inexistentes gradas del patio de honor de la  legendaria "Prevuchi", acompañados de la guitarra de Edgar Durand armábamos  serenatas con canciones románticas, entre las que destacaba "Hoy la ví", del recientemente fallecido Leonardo Fabio, todas  ellas   dedicadas a nuestras aún tiernas Dulcineas que a esas horas nos escuchaban desde, sus también,  improvisados aposentos.

El entusiasmo que inyectó, la Madre Dominga,  en el grupo de adolescentes y jóvenes de la época, estuvo acompañado de iniciativas sin precedentes hasta ese entonces: Las labores de proyección social como las  visitas a los enfermos del Hospital "Santo Domingo de Huari y a los presos de la, ahora inexistente, cárcel pública de Huari , así como  también las actividades tendientes a recaudar  fondos para la Navidad de los niños huarinos, proyectando, para el efecto, suculentos largometrajes de estreno como “María” del colombiano  Jorge Isaacs, “Supervivientes de los andes”, “La laguna azul” , “Río salvaje” “La mochila azul” y otras  divertidas como la de "Palito" Ortega, etc.  Todas ellas,  de gran suceso, lograron  impactar positivamente en la ciudadanía. Sin canon minero, mas con honestidad y vocación social, en aquella  Navidad del 82, se distribuyeron sofisticados regalos, nunca antes vistos, a los niños huarinos. Cabe también mencionar que bajo su iniciativa logramos tener entre nosotros al grupo latinoamericano  "Rímac Llacta"  y sus fabulosas interpretaciones. Este grupo sirvió de inspiración a los aún púberes: Llomito Zorrilla, Marquito Mory, Yofre Cisneros, "Chopo" Herrera y a nuestro inolvidable "Ruso", asesinado por las hordas del Grupo COLINA, que cursaban el primer año de secundaria, para luego, ellos,  fundar aquella recordada y tierna  agrupación pionera en su género  llamada "Los Huayruritos". 
Años más tarde, acompañado de Javier Solís, visitámosla en su domicilio Sito. en Gregorio Escobedo -Jesús María- y el hilo conductor de nuestra amistad se fortaleció. Y fue así que frecuentábamos, bajo su gentil invitación, a los  encuentros y retiros convocados por el grupo juvenil ecuménico “Comunión y Liberación”  que se realizaban  en  lujosas casonas de   Chaclacayo  auspiciados  por el “Opus Dei”, corrían los  finales de los 80 e inicios de los 90.  Aquellos retiros nos sirvieron tambien para crecer, sin embargo, fueron exploraciones significativas  de una vertiente  de la Iglesia Católica que no correspondía ni se acomodaba a nuestros principios ni convicciones. Las anécdotas del primer encuentro son fabulosas: Dos mozuelos  "serranos" en un océano de “pitucos limeños” que hacían  esfuerzos infructuosos por descollar y  hacer sentir su voz…

No sé si atreverme  a afirmar que por esos años, exactamente en el verano del 89 , se definió alguito de nuestro “destino”. La oferta de alistar maletas para viajar a la ciudad de “Chuquibambilla” capital de la provincia de Grau,  en  Apurímac, con el fin de  asumir la docencia universitaria en la facultad de educación que ellos regentaban, con todos los privilegios y ventajas económicas, laborales y profesionales,  nos entusiasmó. La  tentadora oferta  fue aceptada y rubricada sin vacilaciones. Consultados nuestros padres, telefónicamente,  nos dieron su aceptación y también su  "bendición"  . Fue tan rápido todo,  nuestros  boletos aéreos  pagados, en primera instancia,  para el Cuzco, para luego enrumbar a nuestro final e  ignoto destino. Sin embargo, un comentario desafortunado de “Kenny”, uno de los co-expedicionarios, en la víspera del viaje, refiriendo  haber escuchado  que en Chuquibambilla, las demenciales  hordas  de "Sendero Luminoso"  habían asesinado  varios profesores y,  añadido a esto,   los temores y dudas  de don Hernán Solís, padre de Javier,  que a última hora desautorizó el viaje, truncaron y pulverizaron aquella auspiciosa oferta. Más tarde nos encontramos con uno de aquellos “expedicionarios”  que sí logró viajar y nos refirió emocionado que todos, de aquella hornada,   lograron maestrías en universidades europeas y hoy por hoy son reconocidos catedráticos…

Mi recuerdo y agradecimiento a “Madre Dominga” por sus consejos y enseñanzas. Quienes elegimos caminar por el fascinante derrotero de la docencia, intentamos perseverar en todo cuanto ella nos legó con su  ejemplo: Entrega generosa por los niños y jóvenes, en especial por los más necesitados. 


 "JOVENES SIN FRONTERA" 1982

Esta foto me  alcanzó mi compañera de estudios y  apreciada amiga Noemí Acuña Pittman  con la Sgte. dedicatoria:

 Doto:
Esta fotografía representa la amistad y el ideal que nos unía a todos del grupo y que perdure para toda la vida 
Afectuosamente en Cristo
Sor Dominga