sábado, 18 de noviembre de 2017

¡De vuelta al Mundial!


 
 
            Cuando sonó el pitazo final, estando reunidos en familia  en casa de mis padres nos abrazamos al borde de las lágrimas  mientras las  bombardas estallaban de júbilo en  esta   gigantesca Lima de luces y sombras y desde  el colegio Simón Bolívar, contiguo a  nuestra casa, y desde las azoteas del emporio de cerámicas de Palao  se elevaban inacabables  vistosos juegos artificiales alumbrando y retumbando de emoción   anunciaban el advenimiento y  bienvenida  a nuestra selección a la elite del balompié mundial.  El Perú festejaba con euforia  y lágrimas  la proeza  y era la TV la encargada de unir en imágenes singulares  la unión de la patria en un solo sentimiento.  Me quedé sentado unos segundos frente al televisor, mis lágrimas contenidas se desbordaban disimuladamente, contemplaba a mis padres  y recordaba los tiempos idos  allá en nuestra tierra linda en una sucesión de recuerdos lejanos cuando tuve la fortuna al igual que ayer, cuando niño y adolescente,  de festejar  la clasificación a  España 82,  Argentina 78 y,  vagamente,   la de México 70.
             Imágenes que desfilaban  por mi recuerdo como un largometraje  inacabable donde me veía  rodeado de mis hermanos en la casa grande de Huari,  la noche del lejano sábado lluvioso del  26 de marzo de 1977  cuando nuestra Bicolor  se clasificó al Mundial “Argentina 78” derrotando  a Chile por 2 a 0 con goles del “Cholo” Sotil y Juan Carlos Oblitas y,  luego de aquello.   la esplendente aparición del  vals “Contigo Perú” del gran Polo Campos  en honor y gloria de aquella performance.  Me veía llenando  los álbumes mundialistas al quítame  con mi hermano Gino y amigos entrañables de Barrio como el palomilla "Pachín", el indomable "Pullún, el ocurrente y sobrio "Chipín"  y los Cárdenas,  mis vecinos inolvidables,   gritando  “dupli,  dupli” en las inmediaciones de la “Librería Avendaño” y  del  Parque Vigil,  trocando figuritas que  me sobraban con amigos de infancia y adolescencia o buscando porfiadamente las “figuritas estrellas”  que,  por escazas,  dificultaban y retardaban   el llenado del álbum y conseguirlas  implicaban una inversión “onerosa” o un  golpe de suerte que pocos tenían.
                Estos 36 años de ausencia que hoy maravillosamente llegó a su final por obra y gracia de Gareca y sus “huestes”,   a los que tuvimos la fortuna de vivir  alguna clasificación mundialista setentera  u ochentera,  nos deja  también imágenes y lecciones que, a partir de la recuperación de recuerdos de  acontecimientos relevantes me  permiten construir un paralelo  entre el  antes y  el después de aquel lindero que simbólicamente está representado por el   gol  de Guillermo “El tanque” La Rosa a Polonia, nuestro último gol mundialista:  En los años de nuestro último mundial gobernada don Fernando Belaunde Terry, un hombre reconocido principalmente por su HONRADEZ, mientras los que vinieron después, todos, a excepción de Paniagua, embadurnados por el LATROCINIO y la corrupción generalizada salpicaron aquella desgracia al fútbol con los Delfino y los Burga. Por aquellos años teníamos  a señores periodistas como Pocho Rospigliosi y Oscar Ardacho. Ambos, motivadores por excelencia y con el don de sintonizar con los deseos populares llenaban estadios  y convertían el fútbol en un producto  delicioso y  estimado  por el pueblo; hoy por hoy tenemos a Phillip Butters con su prédica periodística  pesimista, insultante, sesgada, tuerta y autosuficiente que  antepone  su ego inflado a la objetividad y la decencia periodística ; y a los periodistas mermeleros  y soportes  de  Delfino y   Burga.  En nuestro Huari, universo importante de nuestra  existencia, se difundía el programa  “La Voz del Deporte” por  las “Ondas Amigas de Radio Municipal” en las voces autorizadas de los maestros Glicerio Trujillo Agüero y Rubén Valencia Lora;  teníamos a don Florencio Álvarez Márquez como nuestro burgomaestre eficiente, mientras que en los últimos 20  últimos años  para  desgracia nuestra, han campeado  la corrupción  y el latrocinio disparando morteros  contra   nuestro presente y futuro;  además, por  aquellos años,  se iniciaba una pujante liga provincial de fútbol donde los adolescentes y jóvenes futbolistas  de entonces  nos “vestíamos” de los Uribe, Cueto, Barbadillo, Oblitas, Velásquez, inspirados en su calidad extraordinaria. En los últimos años los modelos  a imitar son los que vende la TV basura y la prensa farandulera;  ya ni siquiera en nuestro amado terruño existe una Liga Distrital de Fútbol  ni, peor aún, un Estadio decoroso a la altura  de nuestra historia (…)
             Este “acontecimiento del retorno a una cita mundial” no tiene parangón,  en términos futboleros,  con ningún otro en los últimos 36 años,  y  debemos convertirlo en un punto de quiebre que nos abra las puertas a mejores años y mejor destinos ¿Por qué no?  ¿Acaso la salida del bandido  de Manuel Burga  no auspició este feliz momento? ¿Por qué no podemos hacer lo mismo con la clase política delincuencial que nos gobierna? ¡Necesitamos refundar nuestra patria! Refundar nuestro Huari  que hoy luce maltrecho, desordenado, caótico y ausente de autoridad, sin obras de envergadura,  víctima de la incapacidad y la corrupción; un pueblo de las oportunidades perdidas  donde el canon minero sólo sirvió  como esperanza que , en breves años ,  no tardo en convertirse  en pesadilla, decepción  y desesperanza.  
              Bienvenida Majestad, te esperamos por tanto tiempo, sentados en un sofá, en un banco, en una silla y en  un estribo,  y cuando el pesimismo y el desaliento de tu larga ausencia nos arrinconaron y acostumbraron  a la amarga resignación  de no abrazarte, has llegado inesperadamente encontrándonos ya cincuentones,  con nuestros hijos crecidos  y  la lógica inminencia vital de la llegada de  los nietos;   y   con nuestros padres, cabal bendición de Dios,  en el dulce atardecer de sus vidas, gritando y vitoreando  y saltando de emoción por tu llegada. Gracias nuevamente  por,  muy a pesar de tu larga ausencia,  haber llegado a tiempo  para recibirte junto a ellos y abrigar la esperanza de tenerte por mucho tiempo entre nosotros,  como, en los años 70 e inicios de los 80 del siglo pasado, donde  teníamos  la dulce  costumbre de compartir contigo nuestros sueños y alentarte y festejarte y amarte como a nadie. ASI SEA.
POSDATA: El  único  sobreviviente  en la "banca"  de nuestra selección,  es el Dr. Jorge Alva ,  Jefe del Departamento  Medico del FPF, presente en los mundiales  de Argentina 78 y España 82 y ahora acompañará   a nuestra Bicolor en   su periplo por Rusia 2018.¡ Toda una leyenda!  
 
 

martes, 14 de noviembre de 2017

Crónicas de balón y pueblo


HUARI,  HACE 36 AÑOS,  VIVENCIAS DE LA ÚLTIMA  CLASIFICACIÓN MUNDIALISTA
Septiembre, es el lindero estacional donde termina el estío y comienzan las primeras lluvias en las estribaciones andinas, de sementeras aletargadas, secas y moribundas, y sedientas de agua y vida. Domingo 06 de septiembre de 1981, el pueblo despertaba, en un amanecer tranquilo,  con sus calles limpias y sus empedrados relucientes, con tortuosas humaredas elevándose hacia el cielo azulejo y limpio de nubarrones. Hace 36 años, nuestra ciudad, se presentaba más hermosa, más limpia, más ordenada y más digna de los blasones que la historia grande esculpió en su honor y gloria como cuna de Juan Huarín y María Jiray, del Sabio Eleazar Guzmán Barrón, del Padre Santiago Márquez Zorrilla, entre otras luminarias de su firmamento histórico e intelectual. Aquel domingo, para los posteriores 36 años, contados hasta hoy en que escribo está crónica, resulta importante, inolvidable y gravitante, porque ese día en el “Estadio Nacional de Lima”, el Perú clasificaba por última vez a un Mundial de fútbol.  Y sobre aquel suceso, hoy, a vísperas de quebrar el maleficio que nos sometiera a una larga y dolorosa ausencia, les comparto este recuerdo que tuvo su epicentro en nuestro pueblo henchido de nobles sentimientos, recuerdo ubicado en aquel recodo del tiempo, a manera de anécdota,  para disfrutarla:

 "Es bien sabido que, por aquellos años, la TV era aún una posibilidad remota y la Radio se erigía como la señal fraterna, infaltable y casi indispensable de los hogares huarinos, ella nos conectaba con el Perú y el Mundo y sus programas noticiosos y deportivos formaban parte de nuestro día a día,: “Ovación de radio el sol” “Pregón deportivo” “Súper deporte”, dirigidos por “Pocho” Rospigliosi, Oscar Ardacho y Litman Gallo Gallito, respectivamente, se alzaban en la más alta sintonía de la radio audiencia local y, aquel día, más aún, ya que nuestro seleccionado se enfrentaba a Uruguay, al que ya había vencido en el partido de ida por 1 a 2, en el mismísimo “Centenario de Montevideo” y aparecía como súper favorito y presto a festejar entre los suyos su clasificación al Mundial de “España 82”. La expectativa era enorme y el optimismo tenía el inobjetable sustento en la brillantez de los dirigidos por el recordado seleccionador brasileño Elba de Padua Lima ”Tim”: Cubillas, Cueto, Uribe, Barbadillo, Velásquez y compañía.

 Recuerdo nítidamente las horas previas al esperado encuentro que nos diera el pasaporte para la magna cita futbolera en la Madre Patria. Desde muy temprano seguimos las incidencias del crucial acontecimiento mediante la “línea de “24 horas” que el programa "Ovación de Radio el Sol" nos ofrecía en forma ininterrumpida a todos sus oyentes, en un cóctel delicioso de recuerdos de los mejores goles, de entrevistas y conexiones en vivo con diferentes puntos del planeta. La vieja radio Sony de mi papá. ubicada en uno de los ventanales que comunicaban el comedor con el patio de mi casa solariega, nos mantenía atentos y emocionados; la muletilla del programa deportivo: “Arriba Perú, avivaba, de cuando en cuando, nuestro encumbrado orgullo de pertenecer a esta bendita tierra de los incas. Así discurrió la mañana con entrega casi religiosa a la causa esperanzadora de nuestra Bicolor que, en horas de la tarde, a las 3: 00 pm exactamente, sellaría con broche de oro una campaña inolvidable, dejando en el camino nada menos que a la “Celeste Uruguaya”  y a Colombia. Para el efecto, con la "mancha" de amigos, habíamos acordado reunirnos para escuchar el memorable encuentro en un punto de la periferia huarina, sin embargo, la ausencia de uno de los nuestro, encargado de llevar su potente Radio Philips de cuatro bandas y diez transistores, estropeó los planes, dejándonos en libertad de elegir el lugar propicio para escuchar el trascendental partido.

 Con algunos de aquella "mancha" inseparable de amigos de adolescencia y juventud,optamos por dirigirnos a la losa deportiva de nuestro colegio “Manuel González Prada”, ahí se concentraban, los sábados y domingos, los famosos sabatinos animando partidos de vóley mixto. Aquella peña deportiva, que en la actualidad ya no existe, estaba conformada por, en su mayoría, docentes huarinos que animaban las tardes con emocionantes partidos. Ante la algarabía de los espectadores se sucedían jugadas increíbles, “wequitos”, colocaditas y mates, estos últimos con un estilo elemental pero más contundente que los mates de Lucha Fuentes y Cecilia Tait, luminarias de nuestra gloriosa selección de Vóley por aquellos años; tan así que a algunos los bautizaron con apelativos intimidantes e hilarantes como, por ejemplo, “Mano de hacha” a don Eduardo “Ñato” Valencia, que solía dejar regados en el piso a sus adversarios y burlarse de ellos, ante  el ruidoso  regocijo de los espectadores. Ahí estaba también un veterano miembro de la Benemérita Guardia Civil  que por su estilo de juego  delicado y provocador fuera  bautizado como la “Caracina” o “Pucallpina”, en clara alusión a los lugares dónde había laborado. La chispa característica que distingue a los huarinos asomaba implacable, atinada y divertida para bautizar a sus "victimas". Aquellos años, me es importante puntualizarlo,  la ciudad contaba  con diferentes peñas deportivas de Fútbol, Vóley y Básquet de docentes y ciudadanos respetables de la localidad, algunos de ellos veteranos que se abrazaban en horas de solaz engrandeciendo la amistad y la camaradería.

  Una vez llegados a la vieja losa de nuestro glorioso colegio,  nos acomodamos presurosos y  con cuidado en uno de los escaños, faltaban pocos minutos para el pitazo inicial y la ansiedad se apoderaba de todos. Siendo las 3; 00 pm comenzó el partido, el sistema de altavoces del colegio vibraba también de emoción al trasladar para los presentes las incidencias del esperado match en la voz de don “Lucho Izusqui”, relator estrella del programa “Ovación”. La memorable tarde siguió su curso,  mientras unos jugaban , otros sentados en sus escaños se  entretenían observando  a los curtidos sabatinos, pero sin  alejar su atención y escucha  de los altoparlantes. Acontecimiento, como el de aquella tarde, no volvería a repetirse en los siguientes 36 años. Atentos, entusiasmados, eufóricos y orgullosos se seguía minuto a minuto. El score permaneció intacto los 90 minutos, resultado que nos clasificaba, de manera que sólo esperábamos el pitazo final para dar rienda suelta a nuestra legítima alegría por clasificar a nuestra cuarta cita ecuménica del deporte más hermoso del mundo y la segunda consecutiva.

 Cuando el relator anunció el final del partido, todos nos abrazamos, niños, jóvenes y adultos, hasta los curtidos sabatinos que en ese momento animaban un entretenido partido lo suspendieron momentáneamente para fundirse en sendos abrazos entre vítores llenos de orgullo. En esos momentos memorables, tan escasos en nuestra historia repleta de felonías derrotas y corruptelas , momentos de gloria como aquellos, tenían el mismo sabor de “Berlín 36”, “México 70” y “Argentina 78”, y son capaces, además, de agitar nuestros corazones como cuando al revisar nuestra historia encontramos en obleas doradas a Miguel Grau y su inseparable Huáscar, a Cáceres en las estribaciones de Tarapacá y en el Valle del Mantaro junto a sus indomables montoneros; y al espíritu indoblegable del viejo Bolognesi dispuesto al inminente holocausto.

 Por ello, hoy a casi 24 horas del encuentro que puede romper el maleficio inmerecido contra nuestra Bicolor, resulta un deber cívico evocar el momento cumbre de aquella celebración de Septiembre del 81: Mientras todos vivábamos y nos abrazábamos felices y orgullosos, un viejo maestro de la ciudad, que encontrábase sentado en el frio escaño de la tribuna ubicada al oeste del perímetro de la loza deportiva, alzó su voz vibrante y arrogante e instó, con un breve preludió preñado de patriotismo, a cantar a viva voz las notas vibrantes de nuestro Himno Nacional. Fue un momento emotivo difícil de olvidar, testigo es el manso LLamoj, atalaya del pueblo, que desde lontananza nos contemplaba alegre al tiempo de escuchar las notas vibrantes del mejor Himno del planeta: ¡SOMOS LIBRES SEÁMOSLO SIEMPRE ANTES NIEGUE SUS LUCES EL SOL (…), hasta las avecillas que planeaban el firmamento huarino parecían regocijarse y el viento frio de nuestro septiembre andinos jugueteaba con la hojarasca del pequeño bosque aledaño al recinto escolar, parecían diminutas cometas navegando en el cielo nublado de aquella tarde. Aquel viejo maestro, respondía al nombre de Glicerio Trujillo Agüero, quién más que él, o mejor dicho, quién como él, para dar cátedra de civismo y amor a la patria, y en el momento exacto proponer aquella escena, sin presagiar que aquel memorable momento no se repetiría en los próximos 36 años. 

 Finalmente, al tiempo de compartir esta vivencia imborrable y tan pertinente para la ocasión, reitero mi fe que mañana sepultaremos el enconado maleficio al ritmo alegre de los Farfán, Oreja Flores, Ruidiaz, Gallese, Trauco, Advíncula y bajo la acertada y armoniosa batuta del argentino Gareca. Mañana será el gran día, día esperado por cerca de 4 décadas repletos de procesos truncos, de pesimismo e impotencia. Mañana  celebraremos nuevamente como hace 36 años   y  nuestra  hermosa divisa, como en México 70 y Argentina 78, retornará por la puerta grande a la cita mundial llevando en su equipaje su juego alegre y atildado para el regocijo de quienes gustan del fútbol bien jugado."  ASÍ SEA.

 Nota: Algunos ilustres sabatinos de aquella época: Eduardo “El Ñato” Valencia,  don Mansueto,   Eudocia Herrera (+) Tío Wenceslao Avendaño,  Oswaldo Bazán “Tío Bom”, Jorge Tamariz (+),  Ashuco Trujillo (+), Lucho Guzmán, Delina Mendoza,  “Coqui”  Salas, Lola Vidal, Getulio Malqui, Pino Huallcasco, Humberto Lora  Félix Asencios, Filiberto “Shaquirita” Márquez , etc, etc

domingo, 5 de noviembre de 2017

EL ABRAZO DE DOS COLOSOS




                El pasado  sábado  04 de noviembre, se celebraron  los cincuenta años de ordenación episcopal de Mons. Dante Frasnelly Tarter, actual obispo emérito  de  la Prelatura Nullius de Huari, acontecimiento  importante para la feligresía católica conchucana en general, y huarina en particular.  En este acto de carácter religioso y social,  se dieron cita personalidades importantes  de Huari,   y dos de ellos  de los más  importantes de mediados del S.XX: Dante Frasnelly Tarter y Wenceslao Avendaño Morales,  nuestro segundo  Obispo Prelado y nuestro  Primer Burgomaestre democráticamente elegido, respectivamente.
            Seguí las incidencias del evento  por las  ventanas de “Huarilindo” y me sentí complacido al ver el abrazo cariñoso  de estos dos nonagenarios con tanta historia  e impronta. Con ambos me unen lazos de mutua  simpatía y respeto desde los albores de mi existencia y conozco  la  trascendencia de sus obras y legados   en el Huari  de la segunda mitad del S.XX.  El primero,  liderando la misión pastoral de nuestra iglesia y el segundo, como parte importante de la  cultura y política huarinas.  Ambos,  seres humanos  de una cultura admirable  y de talante visionario. En la suma de los acontecimientos  más relevantes  de la historia de nuestro pueblo,  durante el periodo indicado,  aparecen  sus “rúbricas” como artífices y   testigos  de lo que se proyectó y de lo que se hizo en lo material y espiritual.

            Dos caminos y dos formas diferentes de ver la vida, sin embargo,  unidos por un ideal irrenunciable: “SERVIR A HUARI”. El cristianismo, por una parte, y el socialismo, por otra.  Ambos credos  que  enarbolan banderas del  humanismo y que justamente concilian en la médula de la civilización, como es la búsqueda de justicia social y  persiguen la redención de la humanidad, la cual gozará de la salvación si se acoge a los principios básicos de sus doctrinas, como única forma de comprender la naturaleza humana en su esencia. No todos seguramente, como es natural, coincidan con este símil que tiene una carga ideológica y doctrinaria, no obstante, lo que queda meridianamente claro, para la posteridad,  es que ambos personajes de nuestro pueblo, con  más luces que sombras  y con su  natural condición  de seres humanos falibles  e imperfectos, son dos de los más preclaros huarinos, por adopción  y convicción, que  adornan nuestra reciente historia.  
El abrazo entre Monseñor Dante y Don Wenceslao  bien puede aparecer como un monumento a la Tolerancia  y que me remonta a una vieja lectura  sobre el particular:  En Sevilla, se alzó un Monumento a la Tolerancia que lleva   la firma de  Eduardo Chillida y que fuera inaugurado en 1992 y constituye un homenaje a la convivencia entre cristianos, judíos y musulmanes, que tan rico legado dejaran  en tantas ciudades  de la Madre Patria. En un pequeño muro de piedra, de aquel monumento, se encuentran buriladas  las palabras que el Premio Nobel de la Paz Elie Wiesel, víctima del Holocausto, pronunció en la inauguración del monumento:
“Deteneos, hombres y mujeres que pasáis. Deteneos y escuchad. Escuchad la voz de Sevilla, voz herida y melodiosa, la de su memoria, que es también la vuestra, es judía y cristiana, musulmana y laica, joven y antigua. La humanidad entera en sus sobresaltos de luz y sombras, se recoge en esa voz para extraer del pasado fundamentos de esperanza. Aquí como en otros sitios, se amaba y se odiaba por razones oscuras y sin razón alguna.. Aquí como en otros sitios, la tolerancia se impone, y lo sabéis bien vosotros, hombres y mujeres que escucháis esta voz de Sevilla. Sabéis bien que, cara al destino que os es común, nada os separa (...)
            Me rindo reverente ante este abrazo, me inclino con respeto ante estos dos colosos, me siento henchido de orgullo por haber compartido con ellos preciadas horas de mi infancia y juventud, con el obispo Dante, como su  monaguillo  y activo participante en los grupos parroquiales y juveniles, y con Don Wenceslao,   horas y horas de charlas de café preñadas de cultura,  política  y  deporte. En ambos admiré y admiro  su inteligencia y su conocimiento de nuestra realidad político social. Recuerdo, como anécdota,  cuando laboraba en  la escuela  de Ampas, luego del shock brutal de Fujimori, bajamos todos los maestros a solicitarle al Obispo su  apoyo urgente a la comunidad campesina. Su respuesta amplia y aleccionadora concluyó con una sentencia que fue el epitafio de aquel cordial encuentro: “Vuelvan cuando las trojas de los comuneros estén vacías, acaba de concluir la época de cosecha y aún tienen con qué sobrevivir” y fue así,  los meses siguientes cuando sucedió aquello que monseñor Dante nos indicará, llegaron tiempos difíciles, donde  las fauces de la crisis económica  mostraron sus afilados colmillos.
            Para concluir esta nota improvisada, pero sentida y emocionada, inspirada en el abrazo emocionado y  aleccionador, cuya fotografía   preside esta nota, expresarles a ambos las gracias por sus posturas ante su Grey y ante su pueblo. Ambos, desde el púlpito y desde el sillón municipal respectivamente,   irradiaron luces de fe y esperanza  para nuestro amado pueblo. En adelante,  seguramente,   les espera frondosos  y mejores párrafos y libros  que ornen las bibliotecas de los huarinos y ancashinos  y peruanos, sin embargo he cumplido con  uno de los  valores   mayores: LA GRATITUD.


He dicho

Mis padres entregando el libro de mi autoría "Apuntes de Bitacora"







jueves, 3 de agosto de 2017

Memorias de sol y lluvia



(Piscina de aguas inquietas)
Mi hermano Michel,  administrador del portal  “Huarilindo”,  me envió hace unos días  unas fotos de la antigua piscina de mi colegio, aquella que no la he vuelto a ver desde hace más de dos  décadas. Es una de las dos piscinas de mi amado pueblo;  la otra, más pequeña, es propiedad de la  escuela primaria, de la vieja “Prevocacional”, es allí  donde aprendimos a nadar los de mi generación, ganando de punto a punto su  “largo” recorrido y siempre con ese  estilo esforzado,  arisco y único llamado el  “allgunaday”.  Aquél era el más  arraigado  de los estilos  por aquellos años. Aún, esta piscina,  sigue en pie,  remodelada  y  al tono de los tiempos acoge  a los niños de la vieja escuelita.  
En cambio, la  piscina de mi colegio secundario: “El Glorioso González Prada”,  construida el año de 1962,  era mucho más grande y  con  dimensiones casi olímpicas. Estaba ubicada en un lugar maravilloso   debajo de un pequeño bosque de jóvenes eucaliptos y al margen derecho del riachuelo de Virá. Un caminito agreste y algo empinado nos conducía  desde las inmediaciones  de las aulas de nuestro colegio hasta aquel lugar. El bosque, además,  sirve   para frenar la erosión del estadio de fútbol del colegio y es hábitat  de pajarillos de diverso colorido y agradables trinos que anidan distendidos en la placidez y sosiego de su ramaje. . Recuerdo que,  en ocasiones, durante  los partidos de fútbol algunos palomillas  internados  en algún punto estratégico aguardaban pacientes algún balón mal despejado para hacerlos suyos y esconderse en la maraña sin que nadie los ubique.  Y  en noches de luna clara  nos dábamos cita y maña  para escondidos bajo su fronda, “Ochear” (espiar) a los  amantes furtivos que  a campo traviesa jurabanse amor eterno y daban paz a sus desconsolados  corazones.
 Aquel manantial de nuestras mocedades, remanso en el curso  agitado de la mejor época de nuestras vida estudiantil, ahora sólo exhibe los  despojos de sus ojos, ora celestes, ora verdes,  ora turbulentos,  los  que han  cerrado empujados por el tiempo y los olvidos. Aquellos que sonrieron  y nos guiñaron con su  movediza esclerótica  y juguetona pupila y  nos  invitaron   y sedujeron en horas doradas  de sol, de lluvia  y  de granizo. Fue uno de los lugares  preferidos de nuestros años de colegial, más todavía  para los ”viciosos”, tal como nos “nombraban”  nuestros padres, poco o nada nos importaban ni el  frío, ni la lluvia, íbamos a su  encuentro en busca de minutos y horas de solaz en que nuestros  corazones del mundo se alejaban en secreta oración de adolescentes, atormentados por las hormonas enojosas de púberes enamorados dispuestos a exhibirnos frente a nuestras tiernas dulcineas en acrobáticas faenas predispuestos por la adrenalina a movernos con cierta velocidad y sacar  el máximo rendimiento de nuestros endebles músculos.
Hoy, aquel rectángulo amical, otrora bulliciosa estación de nuestro peregrinaje estudiantil ya casi no existe, sus vértices  se van diluyendo, sus ángulos se están  carcomiendo por la embestida inevitable  de las inclemencias del  tiempo,  sólo parece mitigar su soledad con el canto de los pajarillos, con el arrullo del riachuelo  y con  el lejano tropel de los esporádicos  caminantes del margen opuesto  de este riachuelo cantarino. Su silueta ha devenido en una casi gigantesca tumba  donde se han aproximado, llenos de curiosidad y conmiseración,´convocados por sus estertores,  eucaliptos,  arbustos  y hierbas silvestres de campo.  
¿Y mis amigos? ¿Mis camaradas de entonces? Claro que los recuerdo a todos.  Recuerdo a mi maestro Humberto Lora Pardavé quien afinó nuestra entusiasta ortodoxia del “allgunaday”  dotándonos  de nuevos estilos y  técnicas avanzadas  para la época;  recuerdo también al más grande nadador de mi generación: Josué Benjamín Muñoz Zúñiga o simplemente “PACHÏN”, que pese a su diminuta figura aparecía y desaparecía raudo y cimbreante  en las mansas aguas de nuestra recordada piscina. Cómo olvidar  las aglomeraciones propias de los sábados en donde damiselas de las más exuberantes se daban cita haciendo colapsar el precario vestuario ubicado en el extremo sur del recinto deportivo ante nuestra inquietante   curiosidad de púberes.
Años maravillosos donde no asomaban todavía distracciones cibernéticas  que espanten las naturales  ansías e  ímpetus deportivos, años de deleite para nuestras retinas   con  hermosas flores  de junco y capulí  con sus figuras y aromas, con su ternura e inocencia, gacelas ariscas que nos invitaban a la contemplación y con algunas de ellas en el idílico pacer de las vivencias andinas bebimos del mismo manantial, sorbimos la miel del amor y el desamor adolescente. Años inolvidables de amistades fortalecidas por el deporte, por las  palomilladas, por las hazañas propias de nuestra edad, por la complicidad y esa bella simplicidad que exhala el proscenio andino, maravilloso por su sol, por su cielo, por  sus cantos, por  sus  silencios, por sus amaneceres  y crepúsculos. ¡Si señores!
Lima, 03 de agosto de 2017
 

lunes, 1 de mayo de 2017

HUMITA: Delicia andina.


 
 “Cuando  dora la humita,  sonríe el paladar"

             El 1 de mayo, llega derramando aromas  y  redimiendo desesperanzas y aflicciones   del poblador andino. La  siembra  ha  fructificado  y es fiesta grande en  ese universo inmenso de donde se ven más cerca el sol,  el cielo y las estrellas.   Gala  andina de los mayos inolvidables son las pachamancas  que hoy se  avecinan a mi recuerdo,  mientras contemplo el parque silencioso  desde mi cómodo escritorio en esta Lima que comienza a vestirse  de ropajes otoñales.  

            La  pachamanca  es  de los acontecimientos esperados, es  rito de fraternidad;    abultada encomienda  de colores, sabores y aromas  que encarga  la mama pacha y  que manos entusiastas  transformaron en delicia. Es herencia   de inestimable valor,  un tipo de cocción ancestral que nos dejaron nuestros antepasados  y que se sostiene  en el tiempo a instancias de sus sabores y aromas que perfuman el paladar y el corazón andinos incrustados en la memoria  colectiva  invicta de nubarrones contaminantes. Representa también  la feliz  comunión que las culturas prehispánicas tenían con la madre naturaleza, con sus piedras y rocas, con sus hierbas  amicales y silvestres donde destacan el Huacatay y el Chinchu de endémica presencia en los predios cordilleranos.

            Dentro de ese concierto de sabores y aromas,  de carnes, tubérculos y cereales que toman su punto en las entrañas de la madre tierra,  la que siempre me encandiló sobremanera es la HUMITA, platillo de nuestra serranía, deliciosa pasta de maíz cocido envuelta, sancochada y servida  en las hojas mismas de la mazorca. Aquella,  es una de las invitadas a la fiesta ardiente de la pachamanca,  a la que llega tímida,  pálida, sin embargo,   en la algarabía de aromas de la cita febril, toma su punto,  para al final de la cocción  descubrirse  seductora  y apetecible. 
La HUMITA, siempre me agradó por encima de las delicias que decanta la pachamanca, tanto así que al asomarse el momento de descubrir el fabuloso entierro, la buscaba con mis ojos ávidos para robarle a alguna piedra intrépida que la tenía entre sus ardientes brazos dispuestos a ofrecerla a los comensales. Doradita, compacta y con su silueta más atractiva que nunca hacía imposible sustraerme a dar el play de honor antes  del opíparo banquete. Tantas veces la degusté y siempre con el mismo  agrado, de manera que,  para este humilde servidor,  no hay, desde  hace 15 años en que vive en Lima,  un  01 de mayo sin el recuerdo de  la HUMITA  y compañía,  detalle simple, sin embargo dulcificado.  Delicias  que supieron   aprehender mis manos, contemplar ávidos mis ojos  durante mis  años de estudiante y de maestro de escuela allá en mi tierra amada.

Lima, 01 de mayo de 1017
 


 

miércoles, 28 de diciembre de 2016

¡FELIZ DÍA MICHEL! ¡FELIZ DÍA HUARILINDO!


Michel, el benjamín de mis hermanos,   nació   un  28, como hoy,   de un diciembre hermoso huarino .  Mi padre,  como siempre  solía hacerlo,   semanas previas al nacimiento de mis hermanos menores , nos preparaba  y anunciaba su llegada. Tanto  él  como  mi Mamá  tenían la esperanza   de la llegada  de   “la compañía”  de mi única hermanita,  sin embargo no fue así, vino a complementar el sexteto entrañable de la familia, dejando en el pedestal deferente a la única  reina de la numerosa prole: Mi hermana Pilar. Aún recuerdo  aquel día o, mejor dicho, aquella noche del  28 de diciembre:  Los apuros de  mi padre  y la llegada de don Eduardo “Ñato”  Valencia  y  posteriormente  del  Dr. Teófilo Amancio Cachay Chávez  para atender  a mi madre en su séptimo   y último alumbramiento. La rebeldía del inminente  neonato obligó una atención  especial y esforzada  de aquellos dos amigos imborrables en la memoria familiar: Nació exactamente a las 21 horas,  y su nombre no  se escogió de un santoral, sino del álbum de los mundialistas de  Argentina 78, exactamente  del notable futbolista  francés.  Michel Platiní.  
Desde muy pequeño asomó el  sello indeleble de su personalidad, inquieto, además de inteligente y  cariñoso. Llegó  para  regar de alegría  y ternura  los senderos de la ya numerosa familia.  Su carita escarchada   de  inacabables  rubores cual dulce manzano, y su sonrisa  única e inconfundible con  destellos de inocencia  hicieron, de él, uno de los niños más  queridos del barrio.  Carismático,  juguetón, intrépido  y “popular”. Mis amigos y amigas de aquellos años   se desvivían en  caricias inacabables.
                Desde cuando era   pequeño,  hasta cuando adolescente  y joven fui su hermano, su confidente y su escucha y creo también su espejo. Sus ideas  y sus proyectos,  algunos inverosímiles,  revelaban   su talante visionario que sólo el devenir de los años confirmarían. La creación del “Portal Huarilindo”  es ´, sin lugar a dudas, su obra  mayor y trascendente que lo ubica en el pináculo de los comunicadores  virtuales a nivel de la provincia de Huari.  Gracias a este portal, la imagen y la cultura de  Huari  se han fortalecido y han viajado a diferentes latitudes del planeta llevando su  historia milenaria,  su paisaje  esplendoroso,  su folklore, poesía, literatura, danza  y esa fuerza  telúrica  de un pueblo bendecido por tantas  bondades.
                El nombre  “HUARILINDO”, que ya por si  tiene la belleza, elocuencia  y dulzura de una proclama,  expresa sin remilgos,   ni  ambages,  los sentimientos  de su creador.  Hoy por hoy, gracias a la inmensa legión de seguidores,  se ha convertido,  en parte de la canasta familiar de muchos huarinos en Huari, el Perú y el Mundo. La noticia oportuna,  el momento memorable, el acontecimiento importante, la instantánea precisa, el atardecer y amanecer hermoso, el inopinado arcoíris , la lluvia, el granizo y las tempestades; Los rostros  de nuestros niños y de nuestra gente,  las proezas académicas de nuestros jóvenes  y profesionales      se avistan  y destacan en su amplio ventanal.  Es también la red solidaria que convoca al recogimiento y a  la solidaridad frente al dolor de las partidas sin retorno.
                Su máximo reconocimiento y galardón es el cariño  del pueblo huarino,   de los residentes  en diferentes ciudades del Perú y en los cinco continentes. Ha sido galardonado, dos años consecutivos, con el “Atusparia de oro”  en la capital de nuestro departamento, como   creador y administrador  del portal más importante de la zona de los Conchucos. El cariño  de los miles de seguidores  compensa,  con creces,   los silencios y mezquindades de las autoridades provinciales y representativas, proclives a reconocer y condecorar a impresentables que poco o nada hicieron por Huari y para Huari, corroborando lo expresado en  los  versos indómitos y bravíos   del poeta  Fredy Mory: “Huari, a cuántas bestias has loado pueblo dormido”.
Abelardo Malqui Hidalgo

sábado, 12 de noviembre de 2016

"Fulgurantes pallas de octubre" Parte II


Mi "Mama Huarina" , bajo el cielo azulejo incomparable.
Enfrente,  el  manso "Llamoj"  y avellanas diurnas rasgando el cielo

Parte II
Escribir sobre las cosas bellas de la vida, sobre las que suscitan emociones, sobre  aquellas que se eslabonan con nuestros ojos  y te invitan a una mirada tierna y te roban  sonrisas fácilmente, resulta  gratificante y  sencillo. Así escribía, con convicción,  en la primera parte de mi homenaje  a las “Fulgurantes pallas de octubre”.  Hoy, en  que emprendo la placentera tarea de concluir  el merecido  reconocimiento, ratifico esos conceptos y mis sentimientos, cuyo rudimento mora  en lo más profundo de mi ser:

Hay charlas de café que jamás se olvidan  y palabras que no se diluyen  en la memoria, conversas como las que se arman  en el fragor inquietante de la vida: celebraciones y  conmemoraciones,   como aquella que sostuve con  Luz Marlene García el pasado 01 de noviembre durante la recepción que ofreciera  su señorita hija, capitana de las pallas en Lima, con ocasión  de la subida de la Virgen.  Citando a la sabiduría  de su señor padre, don Leonardo García Príncipe, me  ilustró sobre algunos  detalles desconocidos de la coreografía “pallistica”

 En el prefacio del libro que próximamente  presentaré, nuestro celebrado  poeta Alcides Alvarado Huertas,  escribe refiriéndose a mi abuelo paterno Daniel y a los connotados músicos  de su época: “Daniel Malqui, “El Bordón de Puquiocalle”, arpista quejumbroso, que acompañó las escaramuzas, alegrías y travesuras de una generación  y en cuyo huarique hacían sinfonía, el violín del “Zambo Serrano”, y  las francachelas de los más copetudos de la bohemia”.  Justamente, don Leonardo,  se adhirió, años  después a este dueto que marcó época. Su sapiencia, con  el violín,  fermentada en los trajines del arte musical, es la respetable  fuente que me permite compartir con ustedes los siguientes párrafos ilustrativos:  

 -Las pallas, Abelardo, representan  a las esposas viudas  de los soldados incas. Así comenzaba  la ilustrativa charla con Marlene:
-  Y, por  ese particular y puntual detalle, antaño lo bailaban sólo viudas y lo cantaban en el idioma más expresivo y dulce de los Andes sudamericanos, el quechua eterno que muy a pesar de su agonía  y de sus dolorosos estertores después de la larga  noche de proscripción  en  la colonia,  ha logrado sobrevivir para, hoy por hoy,  seguir emocionándonos  en las voces dulcificadas de nuestras pallas. La charla continuaba entre sorbos de amistad y familiaridad.
- En cuanto a su coreografía,  ilustróme cada una de ellas  nombrándolas   con los  amicales  y sabrosos vocablos quechuas:  El “Paquiwejllu” que alude a los sinuosos senderos por donde caminaban las fulgurantes doncellas en busca del inca, soberano  pulverizado por las manos  asesinas y sangrientas de los conquistadores  y,  en busca también,  de “María”  la madre del Dios  que nos trajeron y no los  presentaron ellos  y a  quién jamás honraron  en los siglos  de ignominia   y despojo;  el “Corazón”  que  simboliza la entrega amorosa de sus atribulados corazones  a la Virgen María;  la “Garpuda”,  instante clave donde, en bello  sincretismo, la fulgurante comparsa armoniza las  corrientes de pensamiento  occidental y andino, empujando al Inca  a su conversión total a la causa del Dios único en quien creemos;   la “Rueda” , rendido festejo  de las fulgurantes doncellas  ante la Virgen María, entrega absoluta a su causa de intercesora de todos los seres del universo; finalmente “La adoración”,   entrega personal, solemne, reverente, elegante y amorosa a la causa de la Virgen María del Santísimo Rosario, advocación  Mariana presente en el corazón de las multitudes católicas de nuestra vieja y extensa provincia.

Aquello, es el resumen de la conversa deliciosa. Mi agradecimiento a Marlene y a don Leonardo, su señor padre, músico que ha ofrendado valiosos años  a la musicalización de las melodías de: Pallas, Saraos, Yuriguas, Negritos del Carmen  y  el Anti. ¡Nada menos señores!

Volviendo al propósito principal de esta mal hilvanada crónica,  el presente  párrafo intenta reconocer la espléndida performance  de mi sobrina Rosario Cadenillas Avendaño “Charito”, capitana de las pallas de Huari-2016,  y al alegre grupo de  bellas huarinas que lo acompañara en ese colorido y alegre periplo por las  arterias de la ciudad, callecitas estrechas , parque Vigil,  plaza mayor y  en  las solemnes misas  de vísperas y procesiones de la más importante conmemoración religiosa de la zona de los Conchucos. El epicentro de su alistamiento fue la casa solariega de sus abuelos maternos, la casona de los   Avendaño - Hidalgo,  con sus  puertas abiertas  de par en par para propios y extraños, viejo solar de amplio patio, elegantemente presentado para la ocasión,  que cada vez que lo visito  suele  abrumarme   de una  sensación  extraña, por placentera,  como si  la “Mama Grande”, mi tía Aquila Hidalgo Bazán se encontrara presidiendo y animando   los  reencuentros  con  su sonrisa tamaño del universo.  De ahí partía  la alegre comparsa en la noche  de “Huapia” y "Allichume" , con su  vestuario  impecable y vistoso, levantando llamaradas de huarinismo para luego  dirigirse a  la plaza mayor y armar jarana en sus cuatro esquinas. La mayoría de ellas, residentes en la ciudad de Lima, sin embargo  huarinas netas y natas, que partieron un día  lejos de la tierra amada  llevando en su  equipaje  el árbol frondoso  de su identidad  que sembraron sus padres y que se mece y  fructifica en los momentos cumbres de su existencia,  como aquellos en los que bailan y cantan y se mueven como la libérrima hojarasca al capricho de los bemoles  alegres, también  quejumbrosos,  del arpa y el violín.   Es un grupo cohesionado por  el sentimiento telúrico, donde  “Charito” y su corte de  doncellas  de junco y capulí: Gissela,  Liz,  Maribel,  Deysi, Clarita, Lizbeth, Cindy, María y  Jéssica, forman la columna vertebral de un entrañable grupo de amigas, compañeras y  cómplices en el arte de cantar, bailar y amar a la tierra que los viera nacer. Renovadas felicitaciones Charito, bella huarina, tu impecable ofrenda llegó  a los predios suntuosos de la “Virgen del Rosario”. Me quedé con las ganas de ver la adoración en el atrio de la catedral, que según me contaron fue de las mejores, sin embargo, sólo lo escuché, sentado en uno de los bancos de la iglesia, acompañando la misa de cuerpo presente de mi amigo y pariente Jorge “Coqui”  Asencios, las hermosas  melodías se filtraban por los resquicios del  amplio portón de nuestra iglesia matriz  llenándome de nostalgia hasta las lágrimas. Sin proponérmelo  me encontraba en el punto central de  dos acontecimientos que la ley de la unidad y lucha de contrarios,  médula y esencia de la dialéctica establece: La Vida y la muerte.

Decía el   gran Mahatma Gandhi:   “La felicidad es cuando lo que piensas, lo que dices y lo que haces están en armonía”,  y hoy, jueves,  en que concluyo mi reconocimiento a las “Fulgurantes pallas de octubre” me siento inmensamente feliz, porque lo que pensé y lo que escribí, y lo que escribo ahora me hacen sentir así. Quiero cerrar con broche de oro reconociendo a  la capitana de nuestras bellas  pallas en la fiesta  de  “Mama Huarina”   de la ciudad de Lima: Catty Álvarez García, hija de Walter Álvarez y Marlene García, una linda huarina de modales impecables, sencilla y noble, fue la capitana  que acompañada   de  hermosas  huarinas, emprendió su ofrenda cariñosa e inolvidable  a la “Virgen del Rosario” , y lo hizo de la mejor manera, con entrega, esmero y generosidad. Tardes y noches de ensayo, cuidando  los detalles, afinando las voces  y la coreografía, mientras los Gatillinyas complacidos, cómodamente sentados armábamos tertulias, con los ocasionales asistentes y acompañantes en especial los  profesores  Toribio Herrera,  Beltrán Herrera,  Alfredo Herrera, Baco Bazán y esposa Zoila Acuña;  y ese caballero llamado simplemente “Pechereque” con  sus mil historias que valen para un libro. Disfrutando de tardes sosegadas, escuchando  las voces espléndidas de Delia García, de mi curtida pallita Margot Pantoja, de Amelia Espinoza y  Lucía Solís Alcedo y de la gracia sin par de las más jovencitas que regaban los recintos de alegría y belleza.  Allí estaban: Catty  y  Julissa,  Daniela, Zamba,   Zulia e Isabel, Marcia y Vanessa.  Fue una ofrenda memorable por la emoción y el arte que derrocharon,  por las canciones que estrenaron y  lanzaron al cielo en busca del mayor y mejor de los destinos: la Mama Huarina. La Víspera, el día central y la subida sirvieron para regalar su arte y encanto a los huarinos residentes en la capital de la República, quienes  aplaudieron la inolvidable performance.   Mención aparte merece  el Inca, mi amigo Daniel  Vizcarra, amo y dueño  del personaje por largos años, el único arequipeño con visa de huarino, alguien que  honra al personaje bailando  e identificándose como pocos.  Y me voy cantando  el hermoso  pasacalle de despedida de  la inspiración de mi caro amigo Juan García, pero antes  agradecer  a mis lectores, con la promesa de seguir, mediante este vano oficio,  engrandeciendo a mi tierra. ¡Que venga la música!:   "Ya  me voy  mañana mama huarinita, quizás ya no vuelva, me llevo recuerdos, triste yo me alejo, por aquel camino. Ya me voy bailando con los Huaridanzas, adiós tierra mía, ya me voy bailando con las lindas pallas,  adiós tierra mía, Virgen del Rosario patrona de Huari  volveré a cantarte".













jueves, 3 de noviembre de 2016

Parte I: "Fulgurantes Pallas de Octubre"

Reconocimiento a las capitanas 2016:  Deysi Asencios Pajuelo, Caty Alvares García y Rosario Cadenillas Avendaño.


I Parte:
“Pallitas: Margaritas blancas de octubre”
Parafraseando al Maestro Silvio Huertas Asencios, comenzaré  escribiendo: "Para que usted bien sepa lo que es tradición, vaya por los Barrios de mi gran ciudad, hoy con tu permiso Mamita huarina,  para las  lindas Pallitas quiero  escribir".   Escribir sobre las cosas bellas de la vida, sobre las que suscitan emociones, sobre  aquellas que se eslabonan con nuestros ojos  y te invitan a una mirada tierna y te roban  sonrisas fácilmente, resulta  gratificante y  sencillo. En el particular caso de las  “Tiernas pallas de Huari”, hermosas púberes, que cual mariposas de primavera  se han animado  a pasear por  los  alegres senderos de los últimos octubres festivos del terruño amado, con la dulzura de sus  sonrisas espontáneas, con sus impredecibles movimientos,  ora ariscos, ora delicados, derrochando ternura y perfumando las calles con aromas de primavera;  elevando sus voces  al cielo, buscando alcanzar la mansión ignota  donde mora la Madre de Dios, tocando sus puertas en alegre serenata “Ya llegamos a tus puertas  preguntando por tu nombre, Shumaj wayta callaptiqui, maytsallaipis ashillamu”.
Tuve la suerte de apreciarlas y  también deleitarme sobremanera con su canto y encanto de hierbas silvestres, prístinas como las alturas de nuestras punas bravías, alambicadas de inocencia  y ternura.  Fue con ocasión del banquete ofrecido por mi sobrino Luís Espinoza García, hijo de mi comadre Amelia  Espinoza, Alférez del Día Central en el presente año, en el histórico salón de actos de la hoy remodelada legendaria  "Prevuchi" (Ex-Prevocacional"  Me pregunté  en un momento, si aquellos instantes de goce y emoción,  acaso se debían a mi alma de maestro de campo y de pueblo?  Porque recordé, gracias a ellas,  a mis alumnas y alumnos de la "Prevuchi",  cuya presencia en el tiempo y espacio de mi existencia resulta gravitante e  inolvidable. ¡Así se baila en Huari carajo! Proclamé  con orgullo en mi fuero interno. Divisé el recinto del salón de actos de mi escuela “Virgen de Fátima” (Ex Pre vocacional)  ahí donde estudié  mi educación primaria y fui maestro por 10 años.  Miles de recuerdos iluminaron mi mente y saludé  agradecido al cielo la feliz decisión de poner el nombre del Maestro Glicerio Trujillo Agüero al recinto histórico de la vieja escuela. Un hombre que tiene el blasón indiscutible de "Patriarca del teatro huarino", quien nos acompañara, además , en   las últimas avanzadas culturales en donde el arte escénico fue el protagonista.
Es costumbre que las comparsas de octubre saluden también a los  funcionarios, en forma especial a los  del día central, y fue así que  llegaron en tierna algarabía, capitaneadas por Deysi Asencios Pajuelo,  para  quedarse  por largo tiempo para alegría de los presentes. Jacarandosas y bien acompañadas por las dulces melodías de una orquesta alegre  que lanzaba al viento sus bemoles que  estremecen el alma y, a veces,  hacen llorar de alegría. Ingresaron al histórico recinto con   sus movimientos  que brillaban de ternura e  inocencia. Al verlas, tu memoria se aviva, pues pocas cosas en la vida te suscitan ternura y emoción:: las blancas gladiolas,  de fines de octubre,  que comienzan a florecer, los tiernos venadillos, robustos y esbeltos de patas largas y delgadas, que comienzan a pacer en los silenciosos escarpados de “Llumpa” y “Garachupampa”, como moviéndose al compás de las brisas matutinales y, en los crepúsculos, asomarse a las orillas  de los ríos  en un escenario preñado de vida y belleza. Así  me emocionaron estas "Margaritas blancas de octubre", Pallitas de Huari, de mi tierra amada a quién debo  tanto y amo tanto también.  
Bailé y me divertí  aquella tarde con mi “Llullu Pallita”, complacido mi corazón de curtido  Gatillinya,  levantando el pañuelo,  deleitándome con  la contagiante música, con las voces  dulcificadas y ese estilo único que ha impreso este  grupo de bellas púberes, cantera esperanzadora de una de nuestras comparsas más atractivas en la hora presente. Mi saludo a la capitana Deysi Asencios Pajuelo,  a sus queridos padres: Raúl Asencios Aguirre y  Gliceria Pajuelo Márquez    y al alegre grupo que los acompañó. Su ofrenda es también nuestra, sus cantos son nuestros también, Y sigan cantando y bailando con el mismo gracejo, que bailarán también de alegría  los ojos tiernos y  juguetones  del “Niño Manuelito”  y  arrancarán sonrisas mil   a  la Madre de nuestro pueblo. ¡ALLICHUME!   (Continuará)