sábado, 24 de agosto de 2013

"Eleazar Guzmán Barrón, en la Historia..."

Algo sobre nuestro egregio paisano

   
   Don Jorge Basadre en su obra “La Vida y la Historia” en el capítulo intitulado   "El Congreso de Estudiantes del Cuzco: Piedras que gritan y siguen gritando"  escribe algo sobre nuestro ínclito paisano. A continuación  una apretada síntesis del capítulo de marras:

      “La reunión del cuzco suscitó una beligerante oposición de diversos grupos universitarios. En parte de ellos alentaba una hostilidad ideológica a la reforma, o una antipatía personal a Haya de la Torre o a Raúl Porras Barrenechea”
      “Salimos del Callao – dice Basadre- el 5 de marzo en el barco Urubamba, el Congreso se instaló el 11 de marzo con una barra hostil, por haberse producido divergencias con los universitarios cuzqueños . Haya pronunció una vibrante arenga en ese difícil momento”

      “Haya,  fue elegido presidente del congreso. Entre los delegados que viajaron desde Lima estaban,  Raúl Porras Barrenechea, Augusto Rodríguez Larrain, Jorge Avendaño y Eleazar Guzmán Barrón, entre otros. Los temas discutidos y sus ponentes fueron “Bases para la organización de la federación de Estudiantes” por Porras Barrenechea; Reforma de la enseñanza” y “Las enfermedades regionales y su profilaxis” por Eleazar Guzmán Barrón”

      “El Congreso abogó por un sistema educativo organizado en el Perú, bajo la supervigilancia de una entidad autónoma, el Consejo Nacional de Educación; por la descentralización en este ramo; por el servicio médico escolar; por una adecuada escala de sueldos para los maestros; por la creación de una Facultad de Educación con el objeto de preparar el personal docente en los colegios de instrucción media, etc.”

      Finalmente queridos amigos, en especial paisanos huarinos, quisiera compartir con ustedes estas extraordinarias palabras que,  como colofón de su estadía  en el Cuzco, escribiera Jorge Basadre,  "El gran Historiador de la República" :
“Dos cosas dominan mis recuerdos de aquellos lejanos días, una fue la formidable visión del Cuzco y la cordial acogida que halle en él. Fue como el descubrimiento de un mundo, la impresión de ver por primera vez la majestad del Cuzco, la esplendidez del paisaje que lo circunda. Visión de ruinas que parecen bosques, pues las fisuras entre las piedras podrían compararse con ramajes de árboles. Ciudad con tiempo propio que parece no caminar y, sin embargo, se mueve a su manera y parece hacia su propia meta. Descubrimiento brusco del mundo indígena que entonces era ignorado y despreciado por Lima. Angustia de ver los ojos vivísimos y hermosos y los rostros frescos de los niños y pensar que estaban destinados a ser ojos y rostros de alcohólicos y coqueros. Suciedad, andrajos y sumisión al lado de gestos de magnífica dignidad e innata e elegancia.”

      Basadre tenía 17 años. Fue el más joven de los delegados al congreso. Pensar que 88 más tarde un despistado y adulón ministro aprista  declararía: “Que se queden con su Cuzco”; y el gobierno aprista relegaría a la ciudad más hermosa de nuestra patria de ser la sede del evento ecuménico que está por comenzar.
Reseña biográfica

      Eleazar Guzmán Barrón nació en el Distrito de Huari, Ancash, Perú el 18 de septiembre de 1899. Fue un reconocido doctor, bioquímico e investigador, considerado en su país natal como sabio; incluyendo su aporte dentro de la investigación de la bomba atómica. Falleció en 1957 en el Albert Merrit Billings Hospital en Chicago, Estados Unidos.

      Al terminar la secundaria, ingresó en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y posteriormente a la Facultad de Medicina de San Fernando concluyendo sus estudios de Medicina a los 25 años. Perfecciona sus estudios en Europa: París y Roma y también estudia 2 años en la Universidad de Strasburgo y obtuvo un doctorado en Química de la Universidad de John Hopkins.

      En 1927 se mudó a Estados Unidos, al John Hopkin's Hospital para trabajar con Leonor Michaellis. En 1930 fue solicitado por la Universidad de Chicago para hacerse cargo de la Cátedra de Bioquímica. Fue miembro del equipo de investigación Láser Foundation for Medical Research de la Universidad de Chicago. Entre sus pupilos en la investigación bioquímica se encontró su hermano Alberto Guzmán Barron. Adicionalmente fue asociado del Laboratori0o Biológico Marino en Wood Hole, Massachusetts.
En 1942 fue llamado por el Gobierno de Estados Unidos para participar en la Comisión de Energía Atómica. Entre sus estudios más importante fueron en referencia de las oxidaciones biológicas. Para el estudio de la bomba atómica lideró el laboratorio metalúrgico.Apoyó y orientó a la creación de las Facultades de Medicina en Trujillo y en Arequipa. Propugnó la creación del Consejo Nacional de Investigación.Recibió honores peruanos por la Universidad De San Marcos, grado honorario de la Universidad de Trujillo y la Orden del Sol del Perú.El Hospital Nacional de Chimbote tiene su nombre 


Lima, 18 de noviembre de 2008

lunes, 19 de agosto de 2013

Felices 90 Tío Hipólito



¡¡Felices 90  Hipólito Zorrilla Antaurco!!
 
Cuando se cumplen 90 años sin que asome aún el ocaso, ni se aviste el crepúsculo y la vida y sigue corriendo como un manso arruelo, calmo y alegre, hacía el mar, lejano aún, resulta inevitable celebrar la VIDA. Así nomás no se llega a coronar casi un siglo de vida. Por ello,  mi saludo  al   “Tio Hipólito” que, el pasado lunes 13 de agosto, celebró su onomástico número 90 rodeado de  nueve  de sus diez  hijos: Carlos, Samuel, Emer, Andrés, Clelia, Maximina, Miguel, Elena y  César; sólo Romel, el Benjamín, estuvo ausente.

Don Máximo Hipólito Zorrilla Antaurco, fue y es un padre ejemplar en el amplio sentido de la palabra. Junto a su amada esposa, Lastenia Torres (+)  la entrañable “Tía “Llashti”, edificaron  un hogar con sólidos pilares  y legaron a sus  hijos una escuela   de trabajo y laboriosidad. Todos ellos,  profesionales y buenas personas,  proyectan en sus hijos la misma luz que el patriarca  irradió.

Entre la alegría desbordante, entre  besos y abrazos de  la numerosa familia: Hijos, nueras, yernos, nietos, bisnietos, familiares y amigos cercanos, se celebró los 90 años de una vida excepcional. Cuatro generaciones reunidas para celebrar la vida de un hombre que ha dejado su marca en cada uno de sus hijos, bendición que no se experimenta frecuentemente en esta vida.

Pocos llegan a esta edad  y más aún como lo hace este ser humano,  lleno de vitalidad, fuerza y optimismo, que ni los años han logrado mermar su  entusiasmo, ni lo han empujado al silencio  de la vejez.  Hasta hace poco seguía dictando cátedra  como sastre, su  oficio de toda la vida, cuya sabiduría resaltó Silvio Huertas en su celebrado poema ¡Salud Pukutay! cuando decía:

“Chinas buenamozas, pónganse de gala
en la satrería de Hipolo Zorrilla”

Además, fue uno de los pioneros de la Apicultura en la ciudad de Huari, endulzó el paladar de muchas generaciones, convirtiendo su producto  en una marca registrada apreciada por propios y extraños. Tuve la oportunidad, cuando niño, acompañar junto a mi primo César y otros mozalbetes de entonces, en las travesías rumbo a Ulia y otros puntos donde fructificaban las abejas. Eran horas de aprendizaje. Con paciencia y cariño  nos explicaba  los secretos del arte de la Apicultura. En el retorno venía el "Festín" de la nutritiva miel. Me quedan recuerdos de aquellas caminatas bulliciosas, de la indumentaria especial para explorar las colmenas, de las picaduras y de toda esa gama de vivencias irrepetibles que alegraron nuestras horas de niños y de adolescentes

Sus credenciales de buen ciudadano le permitieron asumir responsabilidades en nuestra ciudad. Fue Regidor del Honorable Consejo Provincial de Huari durante la gestión de don Wenceslao Avendaño Morales. Aquellos años las arcas municipales se tornaban áridas y sedientas, y  el ejercicio de esta noble función no tenía más recompensa que el agradecimiento de los pobladores. En una oportunidad, refirióme algunas de sus experiencias en la función edil, tuvo que lidiar con múltiples problemas y me citó una anécdota: "En mi intención de poner orden, tuve una fuerte discrepancia con nuestro primer obispo prelado, Mons. Marcos libardoni, quién exaltado ante mi obstinada intención de cautelar la proyección urbanística de la ciudad -se estaban poniendo las bases del "Convento de las Madre Dominicas"invadiendo algunos centímetros del Jr San Martín- nuestro recordado primer obispo prelado amenazó con trasladar la sede del obispado a la ciudad de Pomabamba si persistía con mis, para Él,  enojosas observaciones".  Sobre el particular añadiré que  conozco algunos casos similares , dentro de ellos les contaré uno, cuando a finales del siglo y milenio pasados,  un  mal regidor se hizo la vista gorda y permitió la construcción de una vivienda  sin respetar la proyección urbanística de la ciudad, justamente cerca al CENECAPE. Si quieren mayores detalles un pequeño vistazo al Jr. Ancash  en la recta del Restaurante del Sr. Amaranto. Los intereses sagrados del pueblo están por encima de los intereses amicales. Fue también Gobernador del Distrito – cercado, cargo que desempeñó con solvencia y dignidad.

            Las palabras emocionadas de sus hijos: Carlos, su primogénito, de Samuel y Maximina,  dieron el toque de solemnidad a la celebración, asimismo las evocaciones  a la madre ausente, la entrañable “Tía Llashti”, hicieron correr brisas de nostalgia entre todos los presentes.

Finalmente elevo mis oraciones  porque el Señor y la Virgen del Rosario,   que hasta ahora lo han  sostenido y en quienes ha puesto su fe por 90 años, le fortalezcan, sanen sus dolencias  y le confieran todavía muchos años más de vida 

Con sus sobrinos Hugo y Julita Príncipe Trujillo
Momento memorable
Con mi Tío Fausto.
El "Patriarca" rodeado de sus queridos hijos
Samuel, proponiendo el brindis por los felices 90 de su progenitor



martes, 6 de agosto de 2013

"PATAY, paraje de ensueño"

   
"El verdadero camino de exploración no consiste en descubrir
nuevas tierras, sino en tener nuevos ojos" (Marcel Proust)
    

      No hay mejor destino que nuestra tierra. Soy un convencido de aquello. Mi conclusión se asienta en pilares afectivos irremplazables en el tiempo: Mis padres,  hermanos, mi casa, mi  Barrio, en general mi Huari con sus fortunas y miserias, con sus esperanzas y desesperanzas. Suelo “volar” a ella,  en cuanto tengo tiempo, a guarecerme en sus entrañas y en las noches  apacibles intentar encontrar respuestas,  en la tierna mirada de “Mama Huarina”,  a mis inquietudes,  aflicciones,  penas, dudas  y preocupaciones más recónditas que sólo ella puede escrutarlas. Ese acto de presencia frente a su imagen adorada, suele regalarme tranquilidad. Ella, es el lenitivo para el lacerante corazón,  paz para las almas del eterno cosmos e inspiración para los bardos del celaje azul que en cada octubre festivo  cantan sus mirificas glorias.

     Esta visita, además,  me sirvió para refrescar mi retina con imágenes de caminos y lugares que en otrora alimentaron  mi memoria y me hicieron inmensamente feliz. Por ello,  quiero detenerme para compartir con mis lectores la  inesperada visita a ese paraje hermoso llamado “Patay”,  ubicado a más o menos  12 Km. de la ciudad de Huari.  Este bonito lugar,  es un conglomerado de casas - hacienda bañada por el río Puchca, tributario del Marañón y el Amazonas, cuyas aguas, en  esta época del año,  discurren mansas  y limpias rumbo al Atlántico. Nunca había ingresado al mismo Patay, por eso, la visita resultó fascinante. En alguna oportunidad lo circundé  camino a Huachis por el sempiterno e imponente “Capaq Ñan”  o “Camino del Inca” para representar futbolísticamente  a mi colegio “González Prada”.  Al no existir la carretera, los caminantes, debíamos  vencer, sudando la gota gorda , la empinada cuesta  que va desde “Puma punku” pasando por  “Ushnu”, y  Castillo para finalmenmte llegar a Huachis

    Patay,  hechiza desde sus entretelones, te abruma de energía, La carretera que la circunda esta orillada de frondosos molles cuyos ramajes parecen  regocijarse ante cada visita. Ellos son los que dan la bienvenida, moviendo sus amicales brazos al compás de la brisa del manso "Puchca”. La entrada a este espacio vital es un estrecho  e inadvertido atajo que se desprende de la vía carrozable que va hacía  Huachis. Breve,  pero algo empinado te conduce hacia su plaza principal obligándote bajar con algo de cuidado. Su plaza, no desentona con su entorno henchido de verdor, además de ser el ombligo del lugar,  reboza de frescura, tan necesaria en  estos meses calurosos. En una de las esquinas se ubica la  capilla precaria que alberga  con holgura y alegría  la fe de las familias genuinas del lugar: Los López, los Vidal, los Roldán que, año tras años, se dan cita para celebrar su fiesta patronal.   Hacia el este,  la solariega casa de los Vidal Valladares de paredes erosionadas por el tiempo parecen extrañar su años de gloria. En este punto del paraje se alza una pequeña pileta de vetusta apariencia como aquellas del Huari de antaño;  hacia el Norte  muros añosos delimitan las propiedades de los López y  un caminito que parte casi desde el punto central nos conduce a la casa hacienda de esta  familia. 

    La fiesta se celebra con  fervor, los troncos, entrado en años, han devenido  en multitudes. De sus frondosos árboles genealógicos se han descolgado  numerosas familias, la mayoría de ellas asentadas en diversas ciudades del Perú y el mundo. Me encontré con algunos de mis coetáneos y otros mayores como los hermanos Roldán: Julio.  Américo, Clelia, Edgar, Pedro, Doris, Pancho, Tito. Tambien los López: Palmiro,  Marco, Betty, Hugo. Con éste último en agradable conversa departimos gratos minutos en la casa de los funcionarios de la fiesta. Asimismo,  los Vidal,   la mayoría ausentes por la muerte de uno de los suyos, sólo se dejaron ver don Silvino, su esposa doña Hilda y su único hijo presente, Edgar.

            Por expresa invitación de mi primo César Zorrilla abandoné  la fiesta para conocer las casonas que alberga este bucólico  y romántico paraje. Salimos con disimulo. La tarde  veraniega, el entorno saturado  de verdor  y el silencio agradable de esas horas nos alentaban e invitaban a darnos un paseíto. Mi ocasional guía me encamino por las estrechas callejuelas  y con suma generosidad me ilustró detallosamente cada rincón. César,  es cuñado de Marco López, un pataino de estirpe  y por lo que percibí se mueve como pez en el agua por esos lares.  Distendidos nos detuvimos en  el “oconal” vacío y silencioso de la plaza,  reposamos cómodamente en posición de cubito dorsal, por unos minutos  mirando arriba, observando las colosales  moles que la circundan, las mismas que  proyectan gigantescas sombras dando la impresión de un prematuro crepúsculo. Exactamente hacia el sur, enfrente nuestro, se alza imponente  el cerro tutelar de dulce nombre “Pan de azúcar”. Su forma piramidal esculpida con precisión por el creador, le permite  destacar frente a las demás.  Luego de tan agradable avistamiento, nos encaminamos a  los solares de los López,  especie de casona inmensa cuyas  paredes, puertas,  ventanas y pasillos  dan  fe de sus años de gloria.  En uno de los breves corredores de aleros salientes, típicos en las construcciones  de aquellos años,  nos  detuvimos en agradable charla y aprendizaje. Algunos detalles  convocaron  mi atención: los idénticos  pilares de las casonas, propias de las casa- haciendas;  los cómodos poyos, testigos de innumerables conversas nocturnas; las lóbregas cocinas ennengrecidas por el humo de la leña; su pequeño zaguán y al lado su diminuto huerto con lo insdispensable para una buena sazón: cebolla, culantro, yerba buena, orégano, ruda, rocoto, chinchu, perejil, manzanilla, anís silvestre, etc. Sentado en el mudo poyo  Imaginaba silencioso sus noches de luna, el cielo invicto  de nubarrones, pero repleto de estrellas, el canto del “Puchca” y las pláticas interminables de los lugareños. Patay, es una burbuja donde el visitante levita, porque sin el peso de las preocupaciones  y los apuros citadinos, desentendido del bullicio y la despreciable contaminación acústica de las grandes urbes, la vida discurre apacible y placentera. Como colofón del paseíto inolvidable recalamos en el inmenso huerto de frutales, propiedad de los López,  huerto aromado por naranjos,  paltos,  membrillos, limas,  manzanos y chirimoyas que limita exactamente con  el Puchca. Me llevé de  recuerdo jugosas y sabrosas limas que  llegando a casa las  escancié con gusto.   

            Desfallecía la tarde , se acercaba el ocaso.  Mis hermanos Michel y Vladimir junto a mi esposa e hijo ya se habían enrumbado a la ciudad. Despreocupados y confiados en la hospitalidad de mis primos César y Elenita me dejaron solo, Entonces, decidí retornar de la manera como me gusta: Caminando. Una manera de recordar viejos tiempos de docente bisoño cuando ganaba, con relativa facilidad, largas distancias, especialmente  Mallas donde me inicie como docente y posteriormente el  inolvidable Ampas. Emprendí  mi retirada con el corazón agradecido y  cierto temor por lo avanzado de la tarde, sin embargo,  para fortuna mía,  me encontré en el trayecto con Flormira Verde y Elenita Pantoja, ambas mis ex colegas docentes en el Pedagógico de Huari. Elenita se dirigía a Huachis,  la embarcamos y con Flormira y su inquieto sobrino nos enrumbamos por el camino polvoriento hacia Pomachaca. Fue una caminata de aquellas por placentera y entrañable. Ni el polvo enojoso, ni la distancia mermaron la tranquilidad del agradable retorno. Conversando diversos temas  transversales a nuestros intereses de educadores. Recordamos tambien  a los  recientemente fallecidos, don Julián Valle y  esposa doña  Yolanda Verde, tíos de Flormira, tratando de encontrar respuestas a las tragedias de la vida. De cuando en cuando  mirando el  río y el cielo, deteniéndonos  en algún recodo,  para  observar  los remansos del “Puchca” que parecían invitarnos a un chapuzón. Así llegamos a Pomachaca, donde me dio el alcance mi hermano Michel. Con su cómodo  bólido llegamos a Huari en breves minutos.

        La cohesíon, la pervivencia  y  la proyección interminable en el tiempo de los genuinos lugareños en su natal Patay,  reposa en una ley inapelable: "Prohibido vender alguna  propiedad, salvo que el comprador  sea  de la misma familia"

Ya en la noche en el “Mishi Rock” al compás de una banda rockera, vino el desborde. Sendas copitas de  anisado  “Najar” hicieron efecto. La noche se alborotó con los clásicos del rock ochentero. “Lamento Boliviano” fue la canción que rompió  fuegos de una noche y madrugada inolvidables.  Al día siguiente nos esperaba la “Yantada” de los tíos “Salas Reyes”. Esa es otra historia.

Mi agradecimiento a mis primos César y Elenita Zorrilla, a Marco López, Jesús Guevara y al funcionario de la fiesta don Palmiro López,  por su hospitalidad.   

Huari, 29 de agosto de 2013

  

viernes, 26 de julio de 2013

Apuntes de Bitacora


Nelly Munguía: "El alma del Sara Sara"

"Después del silencio, lo que más se acerca a 
expresar lo inexpresable es la música"

        El jueves último,  José María Salcedo en su programa “Chema a las Once” entrevistó a Julio Humala, extraordinario guitarrista ayacuchano. Siendo él, uno de los músicos  a quien admiro y valoro, escuché con atención la amena e interesante  entrevista. “Chema”, es un entrevistador de polendas, conocedor del Perú profundo, en ese ámbito se maneja extraordinariamente. Todos recordarán  su programa “Nuestra Tierra” de RPP  con el que recorría las diferentes regiones del país. De manera que el dialogo, con su ocasional invitado, fluyó apacible y con remansos de ternura para con  la música andina, aquella que canta llorando, riendo y  amando.

        Julio Humala, "coracorino" de corazón,  al tiempo de explicar las bondades de su música y de las cualidades especiales  de la guitarra  andina-peruana, se enorgullecía de su procedencia. Pocos,  dijo, como los ayacuchanos podemos preciarnos y presumir de nuestro terruño, especialmente  de su talante rebelde e indomable: Cuna de la Independencia americana y reducto de la resistencia  contra  opresores e invasores. No le falta razón, cuántos han negado a su  terruño apelando a subterfugios al afirmar, por ejemplo, soy huarasino siendo llamellinos. Carentes del sentido de identidad, de orgullo  y pertenencia.
 En otro momento de la entrevista, Chema,  le preguntó  por Nelly Munguía:
  - No la veo desde hace algún tiempo, Le preguntó extrañado.
 a lo que Julio respondió con evidente dolor y  tristeza:
 - Nelly, ya no está con nosotros, falleció el pasado abril en los EE.UU  víctima  de   una penosa enfermedad. La triste noticia, respuesta inesperada y dolorosa, enmudeció por un instante al entrevistador.

       Para mi,  resultaba increible enterarme tardíamente de su  prematura desaparición. En tiempos donde la información y la noticia navegan raudas desde y hacia cualquier punto del planeta, máxime  siendo ella una artista reconocida cuya  jerarquía  ha trascendido los ámbitos de su provincia y departamento, la inespèrada notcia me cayó como un baldazo de agua helada.  Tuve la suerte de conocerla y departir  con ella  algunos días cuando visitó, por primera y única vez, nuestro Huari:

       En octubre de 1994, la Municipalidad de Huari organizó “El I Congreso del Hombre Peruano y del Medio Ambiente” dentro de la nutrida  programación se anunciaba la visita de Nelly Murguía, Manuelcha Prado y Julio Humala. Aquellos años el que escribe esta nota presidía la Comisión de Cultura y Deportes del Honorable Consejo Provincial de Huari presidido por el entonces alcalde provincial  Héctor Flores Leiva. Huari, vivía años de crispación política, de polarización e intolerancia. El Perú se desangraba por la subversión,  y el fujimorismo,  legitimado por el CCD y su  espúrea criatura la  constitución  del 93, emprendía un  proyecto autocrático que devino en el latrocinio, la corrupción  y el pisoteo de los derechos humanos.

         Nelly, Manuelcha y Julio, la fantástica trilogía ayacuchana llegaba a Huari. Corrían los primeros días de aquel octubre. La noche del 04, en el Salón Parroquial, ante un auditorio atiborrado  de, en su mayoría visitantes e  invitados especiales, ofrecieron un recital inolvidable, un suculento convite de canciones y melodías andinas.  Se  lucieron los tres, en especial Nelly Murguía, considerada como “ El alma del Sara Sara”.  Escucharla fue como  oír el canto del viento, de la lluvia y del agua  que baja solitaria por las quebradas y cascadas andinas de nuestro Perú hermoso, de nuestra patria serrana. Aún resuenan en mis oídos aquellas melodías ataviadas de ropaje poético  que me suscitaron sentimientos de orgullo de haber nacido en este Perú milenario, hermoso y multitudinario: Vicuñita de altas punas, que bonita lana tienes…”  “Paloma desmemoriada” “Flor de retama” “Vivir sin ti”, etc. etc. 

      En la mañana del miércoles 05 de octubre, día esplendoroso con mañaneras  claridades de  primavera  alegre y amical,  la encontré caminando  por nuestra  Plaza Mayor rumbo a la catedral, la saludé con atención  y cariño. Caminaba distendida acompañada  de otra gentil dama, la presenté  a mi esposa y mi aún pequeño hijo y entablamos una larga y, para mi, inolvidable conversa. Respondí  algunas de sus  preguntas elementales sobre el origen de Huari, su historia y sus fundadores. Llegamos así, en fraternal conversa,  a las inmediaciones de “Pachanpunku”. Desde ese empinado lugar se avista el manso “Llamoj”, atalaya burilado en la memoria de los huarinos que sentimos que no hay otra tierra más hermosa que la nuestra. Se le notaba fascinada por la belleza de nuestro cielo, apreciaba con gusto el manso Llamoj y soltaba preguntas y preguntas. Su menuda presencia contrastaba con  la inmensidad de su sonrisa y sencillez, aquello que distingue a los predestinados, a los grandes,  a los que no tienen fronteras que delimiten sus afectos,  sean estos,  ricos o pobres, jóvenes o ancianos, creyentes o no creyentes.

       Sin embargo, un detalle fortaleció mi recuerdo y aprecio por tan destacada artista. Con cierto temor, como dicen “porsiacaso” la invité para la “Velada Literario Musical” que organizaba la “Promoción 1994” de la escuela “Virgen de Fátima”  de mi tutoría. Gracias, me dijo, añadiendo que si deseaba podemos hacer música es cuestión de conversar con Julio Humala, de mi parte no hay problema. Conversé con Julio y  me aceptó en el acto. Tenerlos  era garantizar un lleno total y recaudar los fondos  que nos faltaban para hacer realidad nuestra excursión a la ciudad de Trujillo. Comuniqué la buena noticia a Carmen Jara Salas y Juan Vidal Ayala, mis colegas co-tutores de la Promoción. No obstante la buena noticia,  asomaba un  pequeño problema: No teníamos el equipo de sonido acorde a las circunstancias, sólo contábamos con un  equipo elemental que ni permite el lucimiento, ni auspicia una buena  performance. Llegó la noche, el auditórium, esta vez, repleto de huarinos residentes y visitantes y pese al vetusto equipo de sonido, vibró con las canciones de la inolvidable artista, a quien rindo mi más sincero homenaje apelando al título de una de sus  más  celebradas  canciones: “Nunca Jamás” te olvidaremos.

Lima , 26 de julio de 2013

lunes, 15 de julio de 2013

¡¡Salud Carmelitanos!!



(Bajada de la Virgen del Carmen-2011)
  
“En memoria del “Tío Benito” carmelitano como pocos,
 personaje de aquéllos que hizo de  su existencia 
un océano de  sencillez y generosidad”

            Nuestro pueblo que, en cada rincón, en cada recodo, en cada trocha, en cada solar, guarda historias y   conserva celoso  y quedo  vivencias de una historia larga de tiempos idos con sus fortunas y seguramente con sus miserias. Aquel pueblo que nos viera nacer y crecer,  también  llorar  y amar, se engrandece en nuestro recuerdo  y se empina más,  cuando el calendario festivo nos invita a  dar un vistazo y  a hurgar,  en nuestro almacén vivencial,   las imágenes y  los rostros  que ornaron su largo caminar, aquello que   nosotros  llamamos,  historia.

             ¿Quién no ha recorrido las arterias polvorientas de “Gejcha”, “Huiscurpuquio” . “Patashgaga y “Chucllushpampa”  ubicados en  los barrios bajos de la ciudad? ¿Quién no ha caminado distendido en plática fraterna o idílica  en alguna tarde o noche  lejanas por “Ura Barrio”? ¿Quién no se ha detenido contrito y reverente frente a la gruta  de la “Virgen del Carmen”?  Diminuta efigie, sin embargo,  colosal regazo,  donde durmieron nuestras preocupaciones,  aflicciones y  esperanzas. ¿Quién no ha orado silencioso buscando consuelo y sosiego en aquella lejana imagen, sin embargo cercana hoy, cuando los “carmelitanos” se aprestan  a rendirle  pleitesía?  Quién no ha hecho todo aquello, simplemente, no es huarino.

            Los de mi generación, los “ochenteros”,  sin distracciones ni tentaciones cibernéticas, ni siquiera  la TV existía, bajábamos en algunas  tardes sabatinas por la polvorienta “Gejchá” en grupos de amigos  buscando saciar nuestra sed, atraídos por ese sabor delicioso y único de la “chicha de maní” preparada con esmero por la esposa de don Concepción “Cunshi” Salas Espinoza,  hermano de don Epifanio Salas -mi recuerdo cariñoso para don “Ipicho” Salas personaje  bonachón y conversador que en algunas  oportunidades me proporcionó su sable para recrear el auto-sacramental  “El Moro y el Cristiano”  histórico sable, según me contó, ungido en las lides sangrientas entre apristas y sanchezcerristas-   Siguiendo  con lo de la  “chicha de maní",  cuyos sorbos y sorbos  refrescaron y endulzaron nuestras mocedades, éstas,  se ofrecían también en otros puntos de la ciudad: Las hermanas Julca, abajo, cerca al cementerio, en el Barrio del “Milagro” y doña “Julita”, madre de mi amiga  Azucena Fernández, en la esquina milagrina de la Plaza Mayor.

             “El Carmen”,  Barrio de entornos bucólicos,  también dio vida a personajes legendarios  e ilustres, algunos de ellos,  que penden de mi  árbol genealógico paterno y materno: Mi abuelo Salomón Hidalgo Tarazona  y su hermano mi tío Capistrano, ambos que  con su  sabiduría, cuentan lo mayores,  convirtieron  en amanuenses a los noveles abogados de la época. Mi abuelo Daniel Malqui, un artesano de la panificación, que ejecutaba el arpa con prolijidad,  y de basto repertorio, lo escuché tocar en algunas serenatas transmitidas en vivo por las “Ondas amigas de Radio Municipal”  - ésta última frase, especie  de muletilla que noche a noche repetía el Maestro Glicerio Trujillo, director de la emisora- Mi abuelo, junto al "Zambo" Serrano y a don Leonardo García, armaba jarana en la tercera esquina

         Los rostros del polvoriento y ahora multitudinario Barrio, cuyos nombres precedidos de  auténticos blasones moraron en aquellos tiempos en los predios carmelitanos, es justo mencionarlos: "Detalloso", “El Zambo Serrano”, "Macamberto", “Lapa Cristina”, "Jishuna",  “Huiru chupa”, “Bizcochito”,  “Tubish”, “Sapu  Luis”  “Siti bomba” “Tío José Asencios”, "Cashi Verde" “Wejti Mañu”, "Guela Rucu" “Jegchy Wily” "Shurututu" La mayoría ya no están con nosotros, mas su  existencia estuvo marcada por su identificación al Barrio de sus amores. Además de aquellos, hay muchos más, carmelitanos de estirpe que por el temor de omitirlos, no los voy a mencionar, familias asentadas desde viejos tiempos, que echaron raíces y dejaron estelas por donde transitan  sus actuales huestes.

                 ¡Salud carmelitanos en Huari, el Perú y el mundo! Salud, Barrio de mi adorada progenitora, mi “Mama Alchi”. Hoy, en la mesa familiar de negro aliso,  con los hijos ausentes,  seguramente,  habrá una tregua en el  eterno debate entre la bella “Carmelitana”,  mi madre y el  curtido “Sanjuanino”, mi padre, ambos defendiendo sus predios, sus consagradas divisas, ufanándose de sus triunfos y  glorias, donde principalmente el fútbol marcaba la senda de aquellas conversas entrañables.  Los siete hermanos, más mi padre, no logramos arrebatarle su  sentimiento  y adhesión incondicional a su “Carmen querido”. En nombre de  Ella y por los breves años vividos en ese lar,  bajo el regazo  de mis abuelos maternos, rindo homenaje a la “Virgen del Carmen” nuestra eterna  “Mama Carmelita”.  ¡Salud!

            Mi recuerdo también a las venerables mujeres que me abrumaron de cariño en otrora cuando niño"mostrenqueaba" por las arterias precarias y caminitos estrechos del "Jegcha´" de entonces : Mi abuela Maximiliana Espinoza Asencios"Mama Chaquita",  tía felicitas Calderon "Tía Filli", "Tía Manuela Mory", "Jovita Calderón", "Tía Zoraida", Asimismo a mis amigos Richard Calderónn(+) Unchu Cochachín, Gloria Calderón "Ñahuish Bola", "Cata Mona","Gloria Calderón","Torri Paskaj", "Hoñote Asencios"en general. a todos mis tios y tias, hermanos de mi madre, en especial a mi querida tía Teresa Hidalgo, tan ligada a nosotros desde esos lejanos tiempos,

             No puedo cerrar las compuertas de este homenaje, sin antes reiterar mi pesar por  el sensible fallecimiento del “Tío Benito”,  persona sencilla y cariñosa, un carmelitano de polendas, un artesano de la panificación que,  junto a “Tía Pelagia”, su amada esposa, hizo de este  oficio  el medio perfecto para  servir a los huarinos, en especial a los funcionarios de las fiestas patronales. Dios lo tenga en su gloria.

Lima, 15 de Julio de 2 013

viernes, 5 de julio de 2013

Un recuerdo a mis Maestros

(Mis Maestros de colegio homenajeados en el "VI Reencuentro González Pradino")
 "Un Maestro hace mella en la eternidad; nunca sabrá dónde termina su influencia."                                                      Henry Adams

            Nunca hice un manifiesto agradecimiento a mis MAESTROS, nombrándolos personalmente. "Más vale tarde que nunca"  reza un viejo refrán, de manera que hoy,  aprovechando  el "Día del  Maestro"  quiero hacerlo:

Mi primer maestro, mi padre, Él me  enseñó a leer y escribir. En un rincón de  la bitácora de mi ya larga  travesía resalta nítido el sedimento de la luz  de la  primera  letra y palabra  aprendidas: Una  pequeña pizarra, un libro Coquito  y un cuaderno ajado, con los que mi padre me enseñó a leer.
En la primaria, tuve varios Maestros, todos ellos respetables, pero quien me  dejó  hondas huellas fue, sin duda, el Prof. Gerardo Noel Dextre (+). Fui algo así como su alumno favorito, tanto para el premio, como para el golpe. Estaba en el pelotón de  sus mejores alumnos junto a mi amigo y compadre  Jorge Rondón Trujillo entre otros .  El cultivo de la declamación y la memoria le debo en gran parte a Él.  Muchas veces los poemas me los alcanzaba a casa  en vísperas de alguna fecha cívica, debiendo memorizarlos  sí o si. Eso me ayudó bastante , claro está , en desmedro de mis compañeros. Los inicios con la quena, también están asociados a esa linda etapa y a otro querido amigo  y  compañero de carpeta: Valeriano Sandoval Salazar, con quien conformábamos el dúo de quenas  más precoz de la ciudad. Recuerdo  habernos  estrenado, como tal,   en un concurso representando a mi grado, tocando la danza "El obrajino", asesorados, para el efecto, por los aún mozuelos Ariovisto Ferro Márquez y Yovany Huerta Jara que se encontraban de visita en Huari, estoy hablando más o menos del año 75 o 76.

Ya en la secundaria, con la  pubertad y  la adolescencia a cuestas, suele ser más fácil  comprender,  desde  el presente, la influencia que los Maestros ejercieron  en tu desarrollo y maduración y fijar los hitos más importantes que, con su ayuda,  colocaste en tu vida. La profesora Bertha Díaz  de Acuña, nuestra profesora de Historia del Perú y a la vez asesora del  Primer grado, concitó nuestra admiración y respeto debido a su carisma y erudición. La empatía con el grupo fue casi perfecta. La estimamos mucho. No obstante, lo que sucedió  años más tarde, cuando  se desempeñó como    profesora y directiva del Pedagógico, la sigo recordando con respeto.  Aquello merecerá ,algún día,  otro capitulo.

El Profesor Daniel Castro, mi maestro de  Lengua y Literatura, ocupa también un lugar preferente: Los concursos de lectura oral, los certámenes de declamación y creación poética se realizaban  a iniciativa de Él,  Estas actividades propiciaban en nosotros el amor por  la lectura. Gracias a sus enseñanzas, los de mi generación, podemos preciarnos de tener una cultura literaria aceptable. Los resuellos de aquellas tertulias literarias siguen sonando fuerte en mi vida. Como también suena fuerte el nombre de otro gran maestro: Aurelio Espinoza Oliveros, nuestro Prof.  de Historia del Perú, sin más aliados que una tiza blanca y su voz  intimidante , que contrastaba con su gran sentido del humor, nos dejó   grandes enseñanzas. Años más tarde, en los 90, este buen  hombre,  dirigió la Unidad de Servicios Educativos  de Huari, dejando la marca indeleble de su probidad, desmarcándose de la corrupción, el acomodo y la arbitrariedad que arreciaban en esa decada oprobiosa. 

Un párrafo aparte merece Humberto Lora  Pardavé, el más grande docente de Educación Física de mi generación y seguramente de las ulteriores. Las recordadas Olimpiadas Gonzáles Pradinas fueron obras suyas. Dominaba casi todas las disciplinas individuales y colectivas. El atletismo y la Gimnasia tenían un lugar preferente, ni que decir de la natación, el deporte completo, como decía él, que  lo  practicaba con prolijidad y calidad. Sin embargo,  me quedo con la imagen de maestro solidario, comprometido, sensible a los problemas de la sociedad y de su gremio,  aquél que enseñaba con el ejemplo. Una de las postales  mas conmovedoras y aleccionadoras que guarda  mi memoria,  de mi paso por nuestro glorioso González Prada,  es aquel cuando después de una larga huelga magisterial,  en el  78, con subrogación y encarcelamiento incluidos, volvió de su larga proscripción y fue recibido con honores por los alumnos y los maestros de entonces. En su rostro no se dibujaba ni quejas,  ni orgullo,  sino la satisfacción del deber cumplido. Humberto Lora fue mi gran maestro en el deporte y en la vida. 

Justino Franco Solís Benites, sin ser mi maestro de aula, sino mi Director, tuvo influencia decisiva en mi  formación y en el de mi generación  tanto por su erudición y capacidad directriz y cuanto por sus calidades personales. Su elocuencia  brillaba en cada acto cultural del colegio, principalmente los 23 de mayo, en los aniversarios,  cuando sacaba lo mejor de su repertorio histórico  literario. Los actos protocolares de aniversario  u otros se transformaban en clases magistrales de historia. El maestro  con su atuendo de tribuno pronunciaba memorables discursos, parafraseando siempre a don Manuel González Prada, extrayendo ácidas sentencias de su célebre discurso  del Politeama  con su crítica cáustica  y merecida de la realidad peruana. 

Mi tutor  promocional Carlos Añaños Angulo ocupa  también un  lugar preferencial en  la galería imaginaria de Maestros que me dejaron huella. Su desaparición física  me dolió  profundamente. Las vivencias de aquella época dorada de mi vida,  tienen  también  su sello  en lo imperecedero, bullanguero e indeleble.

Los nombres de los maestros, que acabo de evocar con  cariño y gratitud,  están asociados a los momentos  más felices de mi vida estudiantil, sin que ello signifique que no  hubo  otros que me regalaron sus enseñanzas y desvelos. Sin embargo,  en la vida de los hombres  existen referentes  que irradian estelas por donde transitar.

Los Maestros de mi formación superior y universitaria merecerán, seguramente,  un capítulo aparte.
Lima, 06 de julio del 2011

domingo, 30 de junio de 2013

¡Cajay inolvidable¡”

 
"El camino que más recorremos en esta vida, es
el camino hacia nuestros propios recuerdos "

Un punto importante en el periplo docente de mi padre, fue Cajay.  Llegó  el año 71 reasignado de la inolvidable escuelita “Allauca”  de Llamellín, la capital raymondina. Hospitalario pueblo de tierra colorada y fecunda, clima frígido y gente amable. Dejamos ese  hermoso pueblo bautizado,  por sus fértiles tierras, como “La Ucrania Ancashina” donde mi padre se ganó  el cariño y respeto de la comunidad y ganó  también  muchos amigos, en especial uno: Elmer Vidal Tarazona cuya amistad tiene el sello de la  longevidad y  el signo imperecedero de la lozanía.

Ya en Cajay,  nos instalamos en una casona antigua  y  espaciosa de colosales paredes, solitarios  balcones y amplios ventanales tallados precariamente en curtida madera,  propiedad de don Pedro Aguirre, la misma que compartíamos con la familia Guzmán Mendoza. La ubicación de nuestro dormitorio, por el panorama y la visión privilegiada del valle, con  sus cementeras ubicadas abajo del pueblo que llegan  hasta las inmediaciones del río Huaritambo, lindero  natural entre Cajay y Colcas, marcó mi memoria de colores, sonidos y silencios memorables: Cuando el sosiego de la noche amenizada eternamente por  el murmullo  del río Huaritambo, que orillado de eucaliptos y retamas baja  discreto desde las alturas,  se desgarraba con el dulce trino de las avecillas y el rumor de los moradores que  dirigíanse a sus labores agrícolas arriando sus yuntas  y ganados, cargando sus semillas, sus esperanzas y pesares, despertábamos puntuales para apreciar, por los ventanales,  el tránsito diario de  los rayos del sol  que coloreaban  con presición, con su brocha invisible las alturas de colcas, otro lindo paraje huarino, bajar lentamente hasta el valle, cruzar el río  y luego subir por los  contornos aledaños de Cajay, pasar por el pueblo y continuar  pintando con su  abrigador y vivificante rojizo hasta coronar  las frígidas  punas  de  “Callash”  “Jacapa gueru mutuman” “Lairipampa”, etc.

El pueblo,  por aquellos años, divagaba en las penumbras del olvido, el atraso y del  abandono secular como todos los pueblos de la serranía. Había ascendido, sin mayores méritos,  a ser capital  distrital, como algunas otras  capitales distritales  y provinciales de entonces. Esos temas se manejaban políticamente, sin criterios técnicos ni históricos. Sin embargo,  ese pueblo nos marcó, digo nos marcó, porque muchos hijos de docentes huarinos paseamos nuestra infancia  por sus escasas y estrechas  calles, por sus parajes aledaños, ahí donde en  aventura ocasional explorábamos sus bucólicos contornos buscando y recolectando apetecibles “mullacas”,  intentando cazar pajarillos con nuestras "hondillas",  pescar "Challhuas" en los arruelos contiguos al  pueblo  y  petardear los carnosos nogales, frutos  de aquel árbol  añoso, pero fecundo, curtido en mil primaveras, que se erguía junto a la casa de la Tía Gaudencia Hidalgo Tarazona, Sito. en el perímetro de la plaza de armas. Aquel nogal fue también el responsable de muchas reprimendas de mamá y “caricias” de papá, pues  las secuelas de su recolección  nos dejaban embadurnados  y “percudidos”  con  el tinte natural de sus cáscaras. 

Ese cajay, es el que vive en mi memoria: Apacible, de bellos amaneceres, de calles mudas, ásperas y polvorientas, de cotidianos y nobles arrieros, de cementeras bien trabajadas pese a lo accidentado de  su relieve, de tardes limpias de estío, de noches de luna y  estrellas nítidas,  de  vecinos emprendedores  y  ancianos venerables, de fraternales  faenas  agrícolas,  aquéllas  que  observaron mis ojos inocentes e  inquisidores, para  más tarde en la claridad de la lectura imaginarla como algún rincón del mítico “Rumi”  de  “El mundo es ancho y ajeno”  y cómo no hacerlo, pues desde el amplio ventanal de aquella casona acogedora que nos cobijó breves años, mis retinas captaron y se entretuvieron  con las alborotadas culminaciones de las faenas agrícolas abajo en las cementeras del pueblo: Ahí estaban los   Rosendo Maqui, los Porfirio Medrano, los Goyo Auca, las leales  Pascualas acompañando a sus cófrades, tambien   las lindas  Casimiras   y  algún  Anselmo, tocando su ora triste y  ora alegre  arpa.

Hoy,  29 de Junio,  celebran los cajaínos su fiesta patronal  en honor a “San Pedro”, celebración que convoca multitudes de propios y extraños. Todavía  recuerdo las  lejanas celebraciones: Las  concurridas novenas en su ruinosa iglesia, animadas por los hermanos Delfín y Alejandro  Hidalgo, respetables catequistas del pueblo, quienes al caer la tarde, en hora puntual, se  trasladaban por la  zigzagueante y escabrosa avenida  desde su casa situada enfrente del campo de fútbol  al extremo norte del pueblo. Bajaban en   tropel,  apurados por los sones de una singular marcha militar ejecutada por  la banda de músicos del pueblo, de instrumentos  vetustos y escasos músicos, hasta llegar a la Iglesia situada en una de las esquinas de la plaza de armas al  extremo sur.

 Como sucede en las fiestas de los pueblos del Perú serrano, llegaban entusiastas caravanas de pueblerinos residentes en otras latitudes a visitar  su tierra natal y  a los suyos: Las vísperas,  la Santa Misa, la procesión y el entorno del pueblo, en ese acontecer, se distinguían por su colorido, alegría y fraternidad. El gentío lucía sus  trajes multicolores a la usanza de la época, saboreando el infaltable “Tawri” en perfecto maridaje con su  cancha “gollmi gollmi” bien tostadita en tiesto, el “yanuy rosca”, de abnegada y paciente elaboración, las  robustas melcochas con apariencia de piedra preciosa, deliciosas semitas cortadas en forma de “llanque” preparadas con esmero a base de harina de trigo y de maíz  y manteca de chancho. También  potajes de la época con  pescados secos,  ensalada de cebolla china, y su motecito de maíz  Delicias  para el paladar.

Y hoy, 29 de junio, es imposible dejar de citar el tenor del telegrama  escrito, al aproximarse la fiesta patronal en honor a San Pedro,  por don José Cadillo Pérez, ciudadano cajaíno, personaje legendario, dirigido a su esposa que encontrábase en Lima :
 
    “Hermanas calatas, San Pedro encima” 

Apretadísima síntesis  de un  pedido urgente e impostergable a la amada ausente, digna de los más expertos coplistas de la conquista. Tuve la oportunidad de conocerlo, aún conservo en mi retina imágenes de su lento y acompasado caminar junto a su lerdo y maltrecho pollino.

Hoy, a la luz  de mis recuerdos y apelando a mi memoria pude ubicar muchas vivencias, cito una: Las caminatas desde Huari hacia Cajay y viceversa, siempre  tratando de evitar el sol, muy temprano o en las noches de Luna. Recuerdo “La casa del diablo” casa deshabitada  ubicada  en un escampado al margen del camino y que los lugareños  llaman "Ushnu" casi en el punto medio entre Cajay  y el puente de Huayochaca” Los temores de niño asomaban y en nuestra imaginación  se recreaban duendes y  fantasmas perversos.

Finalmente, expresar mi deseo sincero de mejores años para este bonito pueblo, de oportunidades para sus hijos. En esta hora sin precedente,  por lo de la minería,  asoma urgente  la necesidad de sentar las bases de su desarrollo.
 Lima, 29 de junio de 2013
 

lunes, 24 de junio de 2013

“¡Allichumi ¡


Con cariño a la Sra. Alicia Veramendi de Avendaño
Ex - presidenta del Barrio San Juan  Huari Ancash

Se me hace  imposible, por estos días, esconder mi nostalgia y añoranza a mi lejano y cercano “San Juan”.  Lejano en el espacio y cercano en mi memoria y cariño. Imaginariamente, situado en el balcón inquieto y bullicioso de la  década ochentera, ofrezco con singular  aprecio  esta crónica mal hilvanada a mi tía Alicia Veramendi de Avendaño, presidenta del Barrio  por aquellos años.

La  impronta  de su gestión: Compromiso, entusiasmo y  generosidad,  es justo resaltarla  y  reconocerla. No fue fruto de la casualidad  que por  aquellos años nuestra institución barrial consolidara su liderazgo. Esta afirmación más que declarativa se sustenta en hechos tangibles como  la culminación de nuestra sede institucional, su obra más importante. Sin embargo, no  puedo  soslayar el compromiso y entusiasmo de los directivos y moradores de entonces, donde destacaban el recordado señor de señores don “Ñato” Valencia,  Elías Pardavé, Humberto Lora, Jorge “Coqui”  Salas, Hipólito  Zorrilla, Getulio Malqui,  Eusebio Lino Malpaso, Alejandrina Hidalgo, entre otros.

Las conmemoraciones patronales en honor a San Juan Bautista se emprendían con fervor y responsabilidad. Recuerdo las memorables serenatas de vísperas del día central. En horas de la tarde al son de la caja y el pincullo se ornaban  sus   estrechas calles y quedos balcones, para mañana, en su día,  reciban  relucientes y orondas al Santo Patrón en procesión.  El escenario armado entre las calles San Martín y Eleazar Guzmán, esperaba el desfile artístico de, principalmente, alumnos de las diferentes instituciones educativas asentadas en nuestro populoso Barrio. Jorge Valencia, director y propietario de “Radio JVR”, dueño también del mayor archivo discográfico de la época, en la previa y en los intermedios de la programación hacia sonar el legendario tema de Javier Solís: “Mi viejo San Juan”  que hoy, al leerlo y escucharlo, me  suscita  sentimientos de nostalgia y añoranza a ese lar amado.

“En mi viejo San Juan
cuántos sueños forjé
en mis noches de infancia
mi primera ilusión
y mis cuitas de amor
son recuerdos del alma


Una tarde me fui
hacia extraña nación
pues lo quiso el destino…”
Luego de la serenata,  el gentío alborotado se desplazaba  a la sede institucional, junto a ella se  alzaba la todavía precaria capilla: Ahí  nos esperaba nuestro Santo Patrón iluminado por sobrios cirios y aromado por fragantes  Romeros y Azucenas.  Comenzaba el  ¡Allichumi ¡  y que mejor retratarlo con estos  hermosos versos de Silvio Abelardo Huertas Asencios.

“¡Allichumi ¡ grito el gentío
alborotado en las capillas,
¡Allichumi ¡ resonaron
los ecos de la noche,
al ritmo de las cajas bullangueras,
 centenares de gargantas
lanzaron al viento
 sus gritos jubilosos,
 llamaradas de achupalla
bordaron de rojo las sombras…” 

Luego, irrumpían los huaridanzas altivos y  gallardos en explosión telúrica difícil de describir, y en el  impecable e invicto firmamento bajo el fulgor de las estrellas,  refulgían  y  resonaban las  bombardas y avellanas ¡La  fiesta  estaba en su esplendor¡ Corría el “Shinguirito”  avivando el espíritu , se escanciaba el ponche  con agrado, se bailaba  el “Llangueta Cutitsimay” con entusiasmo... Los jóvenes de entonces, en lo nuestro, bailando, cantando y enamorando, a escondidas en algún lóbrego rinconcito,   a nuestras Dulcineas: “días de nuestras noches, gloria de nuestras penas, norte de nuestros caminos y estrellas de nuestras aventuras” como bien lo describió don Alonso Quijano. ¡Qué tiempos Caray¡ 

No puedo soslayar en esta crónica dedicada a tan apreciada y recordada  dirigente, como lo fue mi Tía Alicia  Veramendi,  las memorables jornadas deportivas y los lauros que durante ese periodo  se lograron como institución. Merecerá un capitulo aparte describirlos. Sin temor a equivocarme, fue en ese periodo que el equipo de mis amores, la histórica rosada, logró consolidar una de las  mejores oncenas de la provincia. La  única que le paró el macho a “Los amigos del Puchca”… Esa  es otra historia.

Lima , 23 de junio de 2013

lunes, 13 de mayo de 2013

Gracias "Mama Alchi"



"Mama Alchi y Getu  junto a sus nietos: Pasculy y Ginito"
Mi madre,  que siempre fue celosa guardiana de nuestras vidas, lo fue igual o más con sus nietos, por ello, hoy,  aprovechando el día de las madres,  quiero  reconocer con sincera gratitud  su rol   de abuela  cariñosa, tierna  y desconfiada:

Mi hijo, el mayor de los nietos varones , cuya infancia discurrió al calor y  abrigo en gran medida de sus abuelos paternos, guarda en sus abultadas maletas  recuerdos  indelebles con  sello de longevidad que cada vez que se evocan se abren lozanos  y  sabrosos para escanciarlos con fruición y también con nostalgia. Su abuela fue,  además de ser su más desconfiada celadora, la apoderada acusiosa y atenta , tanto en su educación inicial y  cuanto en  primaria,  que acudía al  llamado de su profesora a  lidiar  con sus travesuras, que no fueron pocas, y  litigar con singular ternura y  a veces "fiereza"  frente a sus pueriles litigios en el aula.

Su Maestra de primaria, de grato recuerdo para nosotros sus padres y en especial para mi hijo, nos referíó muchas veces, a manera de anécdota,  sus memorables performances de “apañadora” digo apoderada,  como en aquella oportunidad en que rompió con un balonazo  la luna de una de las ventanas de la Dirección,  que ameritó, como es natural, la presencia de la apoderada. Fue ella a responder y a defender. Sus innegables condiciones abogadiles, como buena hija de escribano,  liberaron a su querido nieto  de toda responsabilidad, es decir,  lo absolvieron. Recuerdo que aquel mediodía mientras almorzábamos en casa de mis padres discurseaba con orgullo  los entretelones de aquel litigio. Nunca  logró enterarse eso si, que a escondidas logramos “arreglar”  con la dirección y con  su profesora el costo de su travesura. Frente a su inmensa ternura para con su nieto, que en algún momento la cegó y le hizo perder objetividad, solíamos  sutilmente asumir algunas de las tracesuras de mi aún pequeño hijo.. Fue siempre así mi Madre, querendona con sus nietos.  El haber tenido tantos hijos e ir quedándose sola por la diáspora dolorosa de la mayoría de ellos,  influyeron  sobremanera,  buscó  volcar toda su ternura en su único nieto en aquel entonces,  se desvivió  por él y  nos suplió, mucho tiempo, con generosidad y desinterés admirables.

Otra de las anécdotas donde se puso de manifiesto la "fiereza" maternal de mi madre fue cuando en los Juegos Florales de Primavera, estando mi hijo en  el último grado de primaria, ganó el concurso provincial de declamación organizado por la UGEL-Huari, el Director de su colegio, un tristemente recordado ex"curita",  se negó entregarle el premio, aludiendo  que  aquel le correspondía a la  institución mas no a él  Como colegirán ustedes, la reacción de la abuela fue severa e  inmediata, sin medias tintas y  frontal, la emprendió contra aquel  mal director poniendo en duda sus cualidades sacerdotales. Usted no es justo y  está malatratando a mi nieto, su actitud no es digna de un sacerdote, dijóle. Años más tarde este personaje  se alejó de sus votos sacerdotales y hoy por hoy camina por otros senderos.

Todas las  abuelas  tienen  el mismo sello: Son las  que inventan cuentos de duendes, las que relatan nverosímiles historias y  encumbren las  travesurasa a espaldas del abuelo gruñón y  que todavía se descubren luego de muchos años, como por ejemplo  ¿Quién destrozó los maceteros o arruinó los "vigilados" huertos? ¿Quién   maltrató a los indefensos polluelos de la granja y  a no pocos los situó al borde de la muerte?  ¿Quién hizo del patio de la casa su fortín deportivo en donde libérrimo, en ausencia del abuelo, empalmó sus más furibundos balonazos embadurnando las relucientes y blanqueadas paredes  y convido a su pequeña tropa de amigos los  todavía inmaduros manzanos, tomatillos e higos? ¿Quién  fracturó de un golpe certeró de balón  uno de los aromáticos cedrones, que  para mi padre constituían sus mas  preciados arbustos, por lo dificil que resultó  hacerlos   "tacllar" o prender?  o lo más importante¿ Quién encubrio tamañas hazañas? ...

Hoy, segundo domingo de mayo,  alejado de mi  Huari, espacio vital,  hermoso y entrañable, a cientos de kilómetros de ese  íntimo proscenio familiar como fue nuestra casa solariega, mudo testigo de nuestra vivencias infantiles y juveniles, saludo con reverencia a mi MADRE  a mi adorada "Mama Alchi" , madre virtuosa,  abuela sin parangón,  cuya existencia es la luz que alumbra nuestro camino y alienta  nuestra existencia.

¡¡Feliz día a todas las Madres de Huari, el Perú y el Mundo!!

    
   

miércoles, 1 de mayo de 2013

“Recuerdos del 1° de mayo”


Se marchaba el abril florido y lozano , se iba  alborotado por avecillas que volaban a los umbríos bosques en busca de refugio, mientras  el cielo descubría sus  rutilantes estrellas una tras otra y  la luna,  alistaba  su reestreno cotidiano, entre bambalinas,  tras los andes,  untando de plata su agraciada silueta. 

Se despedía el último día  de abril. Entonces, reunidos en el Parque Vigil  en noche despejada y sosegada, girando en su acogedor perímetro, en habitual cita de amigos, cita de deseos, de confidencias e infidencias, como suele  suceder en la adolescencia y juventud.

Ya los fiambres están listos y nuestro ocasional destino definido: Reparín, laguna cercana a nuestra linda ciudad,  de aguas tibias, variada flora con una gama de arbustos y árboles aromados y yerbas silvestres,  panorama único que suscita un encantamiento  especial en los visitantes. Las tareas previas se han cumplido con esmero, audacia y puntualidad.

 Dije que las tareas se han cumplido con audacia, porque arriba en los andes, es costumbre festejada e hilarantemente evocada,  aunque   pecaminosa,  el preparar el fiambre a costa de los cuyes, gallos o gallinas del vecindario o de algún descuidado (a) poblador de las campiñas aledañas al pueblo, dígase “Sheque”, “Cushin”  “Huanga”  “Virá”  “Ulia”, etc. Las técnicas imaginativas en la "caza", si así se pueden llamar a ese oculto ejercicio, sin embargo, santificado por la tradición, son variadas: El emborrachar a las indefensas aves  de corral con granos de maíz remojados en alcohol o atragántalos con  un collar de granos de maíz y someterlos mansamente. Otros,  los más osados  hacían su tarea en las lóbregas noches sin importarles que sus  “víctimas” sean sus propios padres o  sus más  cercanos parientes, amigos o vecinos.  Así era.
 Aquella noche lejana del 30 de abril, que hoy recuerdo con nostalgia afincado  lejos del  espacio vital inolvidable de mi juventud, se velaban los restos mortales  de un legendario parroquiano sanjuanino. Ahí nos enrumbamos, llegando a su velatorio  Sito.  en el cruce de las  calles Guzmán Barrón y Libertad. Llegamos rápídamente, yacía el cadáver arropado de  sus parientes, amigos y vecinos que oraban y cantaban lúgubres melodías. Nos servimos el típico ponche de maní,   aceptamos algún cigarrillo "Inti" que lo fumamos muy discretamente a hurtadillas y algunas hojas de coca para disipar el sueño.  Como es costumbre en los velorios, comenzó el desfile ameno de relatos, chanzas y ocurrencias contados  en quechua. Al acercarse las 12 de la noche, hora de la oración del “Poderoso” conmovedora letanía que invoca la presencia del alma del finadito en su postrero paseo terrenal, nos retiramos para dirigirnos luego  hacia “Horno Jircán”, en los barrios bajos,  acompañando a uno de los nuestros. En el trayecto,  se  nos  ocurrió cantar un huayno que los mozuelos de “Pukutay” habían compuesto en honor y gloria del finadito, cuyas letras decían:  “Tío Jazmín, tío Jazmín, candidato al cementerio, "rogo  machete” será,  el que sigue tu camino, En el cielo no se paga, San Pedro es quien regala…”  No habíamos  terminado de cantar la primera estrofa, cuando repentinamente, cual misiles teledirigidos  volaban hacia nosotros pesados terrones desde una casa  deshabitada y ruinosa. Evento inexplicable hoy,  pero,  que en aquellos años lo asumíamos convencidos que se trataba del alma de don Jazmín en su ultimo peregrinaje terrenal. Asustados nos retiramos, eran las doce de la noche, el alumbrado público llegaba hasta esas horas, ya en la lobreguez de la noche pudimos apreciar enfrente, bajo las faldas de “llamoj jirka”,  una obstinada llamarada.  -Es un entierro, dijo uno de los nuestros, agregando que tesoros de incalculable valor emergen cual llamarada  en esta fecha. Muchos deafortunados  trocaron su suerte hallándolos…
 El paseo, discurrió ameno  y tranquilo, desde la partida hasta el retorno, nos tocó un día de  neblina blanca como dicen las letras de un viejo huayno “Neblina blanca del mes de mayo tu eres quien roba las esperanzas de mi corazón atribulado” Evoco con cariño aquellos parajes hermosos de “Ulia” de “Sancullo, “Colcas” , “Cayas” que a estas horas de la mañana, seguramente,  bullen de caminantes que se enrumban hacia ese hermoso destino.
 Sentado en mi escritorio,  junto  a mi espaciosa mampara que me permite avistar el parque bañado de un agradable y complaciente sol otoñal, me despido de mis amables lectores, sin antes desearles a todos un feliz día del trabajador. mientras tanto ya  me alisto para ver mas tardecita al mejor equipo del mundo “El Barza” enfrentando al Bayer de Munich tras una proeza en busca de la  clasificación a la gran final.  y luego rumbo a “Puente Piedra”  me espera mi hermano Vladimir con su   agradable “Pachamanca huancaína”