miércoles, 24 de junio de 2020

"CHUMPI": COMPAÑERO DE MIL BATALLAS



"Chumpi" y "Doto" con la  Gloriosa Rosada" en sus años de gloria


        Escribir sobre los viejos amigos, que a pesar del tránsito inexorable de la vida  siguen alegrando los recuerdos y en el rescoldo de la memoria avivan las vivencias más entrañables y no se doblegan ni ante el tiempo, ni ante el espacio.  Escribir sobre ellos, los viejos amigos, resulta sobrecogedor y la pluma fluye y se complace al delinear las celditas sonoras con las que se da forma a los mejores y más felices párrafos que entrañan, además, las épocas doradas de la vida.

         Eso es lo que siento hoy al escribir sobre Roger Huerta Asencios, "Chumpi" para todos sus amigos, mi primo y amigo de toda la vida. Y lo hago feliz y levitando complacido entre los mil y un recuerdos de vivencias compartidas. Escribir sobre todas ellas, claro está, resultaría afanoso y no se apretaría fácilmente en una crónica como la presente. De manera que hoy 24 de junio, día de nuestro entrañable San Juan, es ocasión propicia para enlazar mis viejos recuerdos con ese rincón pujante y baluarte del huarinismo como es mi ¡Pukutay querido! y destrabar el tiempo para ir raudo tras mi divisa rosada y sagrada que ambos defendimos con denuedo, amor, pundonor y bravura.

         Con “Chumpi” ya le dábamos al balón desde muy pequeños, dándonos maña para robar el tiempo y eludir la "marca" de nuestro austero maestro, distante y de poco apego con el deporte, allá en nuestra vieja “Prevuchi”. Nuestro lugar preferido, el canchón contiguo al patio de honor, precario y polvoriento cuadrilátero, que bajo el inclemente sol o la obstinada lluvia nos permitía ensayar los primeros quiebres, quites y fintas y también nuestras reyertas con las que dábamos paz a las naturales y esporádicas fricciones. ¡Así comenzaría a templarse el acero!

          Ya en la secundaria, etapa de la vida de dimensión inquieta y caudalosa, llegarían los tiempos consagratorios en el fútbol. No habíamos cumplido los 15 años y ya formábamos parte de la selección del colegio, bajo la convocatoria de nuestro formador el inolvidable, egregio y sinigual maestro Humberto Lora Pardavé. “Chumpi”, haciendo honor a su legendario nombre, ya deslumbraba por su técnica y bravura, cualidades que rápidamente convirtieronle en el líbero titular e indiscutible de la roja histórica del González Prada. Divisa donde solo supimos de triunfos y frente a consagrados colegios de la provincia y departamento, incluido el histórico colegio “La Libertad de Huaraz” y el "Fidel Olivas Escudero" de Pomabamba.

          Cuando en el año de 1982 se inauguró la primera “Liga Distrital de la Copa Perú”, evento donde creíamos no tener chance alguna por nuestra edad y porque Huari, por aquellos años, contaba con futbolistas notables y en cantidad. pero que sin embargo, gracias a nuestro mentor deportivo,el maestro Humberto Lora, quien asumiera la responsabilidad de la oncena de nuestro Barrio “San Juan” y decidiera  apostar por los adolescentes y jóvenes, se nos abrió las puertas del fútbol grande de nuestro pueblo e integrándonos sin presagiar los resultados gloriosos venideros.

          Cuántos recuerdos me une a Chumpi y todos ellos felices: Nuestras primeras incursiones en los aposentos de la pubertad, la que nos llevaba de la mano, movía nuestros instintos naturales y nuestras emociones surcadas de alegría festejaban el advenimiento de una etapa singular de la vida. Es así que formamos el conjunto tropical "Cocodrilo y su combo" con guitarras hechas de "mapresa" y sin cuerdas , sin embargo "bien parecidas", con vocalistas desafinados pero voluntariosos, con instrumentos de percusión mas deleznables que una sabrosa semita. Con timbales imaginarios y tumbas de maguey (...) Finalmente, los porfiados enamoramientos a las mas bellas pastoras de navidad cuyos nombres y bellos rostros aún en el recuerdo nos embelesan .Tanta historia querido primo en las sabanas inquietas y tórridas de nuestros primeros años de la secundaria.

          Volviendo a lo del fútbol, ha quedado para la historia del futbol huarino y con más resonancia en la historia nuestra, aquel histórico primer campeonato de la "Copa Perú" en nuestro Huari querido en el que fuiste uno de los baluartes. Posteriormente, las ligas ochenteras nos consolidaron y tuvimos la dicha de protagonizar duelos memorables con actuaciones espectaculares como aquel partido con el legendario y consagrado “Amigos del Puchka” al que le paramos el macho pese a contar ellos con futbolistas profesionales. Hambrientos de gloria deportiva, previo a los encuentros de Liga, asistíamos a misa de nueve y luego girábamos por el perímetro de la plaza de armas y el Parque Vigil planificando los duelos venideros de las tardes dominicales, donde tú, como líbero de aquella defensa inexpugnable,  y el suscrito como ariete,  nos jugábamos la vida por nuestro "San Juan",

            En está crónica no pueden estar ausentes los nombres de la tía Alicia Veramendi de Avendaño", la presidente honorable y de gestión impecable y de su amado esposo el  tío Zenón Avendaño Morales que hace poco nos dejó. Ellos nos ofrecían su  casa solariega para  festejar nuestros triunfos en medio del fervor y orgullo de los moradores mas linajudos de nuestro Pukutay querido , entre los que destacaban don Eduardo el "Ñato" Valencia, Don Jorge "Coqui" Salas, Hernán Pardavé, mi señor padre Getulio Malqui   y nuestro mentor deportivo el Profesor Humberto Lora: Recuerdo emocionado también  a los  bravos muchachos de la época en los que destacaba también mi hermano Gino en la portería y al que justamente le pusiste de sobrenombre "Gatty" en honor al notable portero argentino; también  nuestro querido amigo Juancito Guevara, Percy Trejo, Franklin Mory, "Goshdito" Mendoza, Constantino Mori "Cushtu" y el inolvidable  Elmer Ostos (+)..

            Finalmente, saludar en su día jubilar, con el más grande afecto y gratitud, a mi viejo "San Juan". Barrio querido , relicario y cofre de mis caros recuerdos, destino de mi reverencia y de mi profesión de amor inconmensurables. Barrio, que en los retornos me regala la brisa traviesa de sus sinuosas calles y me invita a la evocación de los años maravillosos.
  
"Chumpi" y "Doto" defendiendo sus divisas magisteriales
        
Memorable tarde cuando goleamos al "Atlético Minero"
        
¡Emotivo reencuentro en el verano pasado!
 
Flanqueando a su amada esposa.
            

viernes, 12 de junio de 2020

¡GRACIAS COLOMBIA!



                                        «Viajar te deja sin palabras y después te convierte en
                                                           un narrador de historias».    Ibn Battuta
No fue un viaje cualquiera, fue algo especial, porque sellaba las tres décadas de  un amor que se prolongará más allá de la vida. Un regalo que nos hicimos para conmemorar los 30 años de  matrimonio. El  matrimonio que también es  un viaje de  camino largo y sinuoso, cuyo rastro sabe de felices e imborrables  momentos, otros tristes, también de sacrificios y abrojos, donde se surcan parajes hostiles,  apacibles  senderos, pendientes amenazantes, valles lozanos  para finalmente  arribar a un sendero sosegado desde donde ya, en nuestro caso,  se avistan las primeras lumbres  del otoño de la vida.   
. Visitar la capital colombiana fue algo así como descolgar mis sueños de  adolescente y asomarme a los ecos lejanos de las rotativas noticiosas de los años 80 que informaban sobre los turbulentos días de la toma del Palacio de Justicia de la capital cafetera por el grupo  19 de abril  (M-19). Asalto perpetrado en el costado norte de la Plaza de Bolívar, frente a la sede del congreso y a una cuadra de la “Casa de Nariño” o residencia presidencial. Sin pensar ni remotamente que luego de casi 40 años,  de aquel suceso que informaban  los noticieros y que  los escuchaba en la vieja radio Sony  de mi padre, en mi Huari querido, pasearía absorto e inquieto  contemplando  pensativo el  núcleo   de  la  sombría efemérides. Intenté  acercarme imaginariamente a  los hechos al tiempo de admirar  su arquitectura y la relevancia histórica de los monumentos y efigies que adornan  el centro histórico de la capital cafetera
         Pero Bogotá significaba aún más en mi periplo cronológico vivencial. Desde muy niño, pese a la lejanía,   se establecieron caminos que me conectaron con ella, como el  futbol,  aprisco de mi memoria donde se encerraron por siempre los  nombres que jamás  olvidaría y que recobraron los bríos de los viejos tiempos. Nombres  como del  extraordinario  Wellington Ortiz,  del portero “Zape”  el que le atajara dos penales al “Nene” Cubillas,  de Maturana, de “El pecoso” Castro, Juan Caicedo. Aquellos con los que nuestra bicolor  disputara la final de “Copa América de 1975” donde salimos campeones.  Y las clasificatorias para el Mundial de España 1982, que la ganamos holgadamente, y que en nuestro Huari lo vivíamos y festejábamos animados por los programas noticioso y deportivos de la época.
            Contemplar desde lo alto del Mirador de Monserrate el  estadio Nemesio Camacho  “El Campín de Bogotá” me llenó de nostalgias infantiles y recordé a mis amigos de niñez Josué “Pachín” Muñoz ,  "Cachi" Carlos, mi hermano Gino y otros  con quienes solíamos reunirnos para escuchar las transmisiones radiales que se originaban en  este recinto y   que paralizaban al Perú entero. Con ellos celebramos el golazo de Guillermo “El Tanque” La Rosa, anotación formidable tras proyección del “Chiquillo Duarte  y un par de gambetas endemoniadas de “Patrulla” Barbadillo cuya  precisión milimétrica devino en el  frentazo del notable centro delantero nacional silenciando a los miles de asistentes al mítico estadio bogo .  Y en este mismo partido lamentamos también   el penal errado por el “Nene” Cubillas frente al portero Zape. Bien dicen que la infancia es la cantera de los  escritores y  que portarla  y tenerla  en cada momento, no sólo te prolonga la vida sino que te hace un hombre feliz. Así me sentí al recordar a mis amigos de infancia, de adolescencia y de siempre al contemplar “El Campín de Bogota” 
            Bogotá, es también la “Quinta de Bolívar”, uno de los epicentros de las  postrera  estación  en la  vida del libertador de América  y  que fuera  novelada por Gabriel García Marquez  en “El General en su Laberinto”. Relato que es un acercamiento mítico, histórico y humano a la figura de Simón Bolívar. La pluma de Gabo refiere en sus detalles mínimos la inmensa aventura independentista que, impulsada por Bolívar, cambió el destino de América, como  también los pasajes intensos y culminantes  de su existencia vividas en   este santuario histórico.  Visitarla fue algo así como conciliar mis lecturas reiteradas de la obra del Nobel colombiano  con el proscenio real donde  el epónimo personaje contempló las ruinas de sus sueños de unidad americana.
En esta quinta inmensa  se conservan indemnes los espacios favoritos del Libertador: su  escritorio, su sala de gala, su dormitorio y  muchos cuadros y condecoraciones que le fueran entregados, algunas de ellas por nuestra patria. Ahí vivió Bolívar con la bella y aguerrida quiteña Manuelita Sáenz cuyos amoríos son de leyenda, y han devenido en varias publicaciones. Contemplé con admiración el espacio asignado a José Palacios, el negro liberto que cuidó a Bolívar desde su infancia hasta su muerte. Personaje cuya existencia me inspiró valores como la nobleza, la lealtad y la veracidad. Fue un paseo espectacular donde gracias a la autorización de Esperanza, nuestra ilustrada “Guía”, hice mis pininos como tal.
No resultaría ni motivador, ni  interesante  para mis lectores  este relato, de no haber ocurrido algunas situaciones especiales durante  el viaje, en especial  de Bogotá a Cartagena de Indias. Se reduciría a un mero trámite de aeronavegación. No fue así gracias a que en la terna de asientos viajaba junto a nosotros una escritora cartagenera que volaba  a  su ciudad natal para participar en el “Hay Festival de Cartagena 2020” y a quién  la  aparté de su  lectura silenciosa  para enfrascarme   en una conversación amena sobre literatura y política, y  de cuando en cuando lanzarle preguntas, las mismas que respondía con suma cordialidad. Cuando sobrevolábamos  sobre un rio caudaloso que desde lo alto aparece  como una serpiente aletargada,  le pregunté  si aquel  rio era el Magdalena, la misma que asintió. Este río tan presente en mis lecturas me arrastró a otras preguntas, como la ubicación de Aracataca, de Santa Martha, de Rio Hacha, del Cauca etc. Escenarios de la oceánica producción literaria colombiana, en especial de sus naves insignias, “Cien  años de soledad” de Gabo y  “María” de Jorge Isaac. Además, el Magdalena,  fue la ruta lacustre postrera por donde Bolívar, el gran libertador,  viajara  rumbo a San Martha donde finalmente murió.
                      Como anécdota  de este viaje  entretenido quedan los largos segundos  de notoria turbulencia que vivimos y que nuestra ocasional acompañante mitigara con su silencio y  serenidad condolientes, seguramente para no alarmarnos. Intento infructuoso porque el pánico generalizado  y el anuncio  de la tripulación retrataban minutos de alta tensión. Con alivio, una vez llegado a  Cartagena de Indias, nuestra simpática acompañante liberó la siguiente frase: “Viajo desde hace más de 30 años, desde y hacia esta  ciudad,  y nunca ocurrió esto”.  Finalmente,  entendiendo mi afición por la literatura me obsequió un pase para uno de los conversatorios del “Hay Festival de Cartagena 2020”. Como llegamos al medio día, nos alistamos con mi esposa  rápidamente y logramos aun presenciar la parte final de uno de los conversatorios que se desarrollaba en la sala de convenciones en el centro  de la ciudad.      
            Difícilmente se desprenderán de mi memoria  la cordialidad y calidez humana de los  colombianos con quienes me topé y que no fueron pocos. Los cordones umbilicales que sostuvieron aquellas alegres conversas fueron la literatura,  el fútbol y la política, trio ágil y desbordante donde peruanos y colombianos  tenemos similitudes históricas,  con luces intermitentes  y sombras borrascosas. En el futbol,  nos emparentamos por el estilo alegre y fino,  dotados de  jugadores talentosos y procesos intermitentes de éxitos y fracasos.  En la política  nos “distingue” transversalmente la corrupción y el narcotráfico y en la literatura contamos con los más grandes narradores del mundo y dos premios Nobel: García Márquez y Vargas Llosa.  Ambos somos países con fisuras profundas y heridas que aún no restañan. Ambos,  contienen estirpes condenadas  a “cien años de soledad” y que aún esperan una oportunidad sobre la tierra, como escribiera un día  el Nobel colombiano. Ambos, finalmente, somos  países fascinantemente bellos. No sé si volveré algún día, me gustaría claro está,  por  ejemplo conocer Aracataca. Es un sueño que habrá que redimir. Creo que mientras hay vida hay espacio para soñar.
 Dos momentos que quiero compartir con ustedes mis amables lectores  porque  funden mis recuerdos con la posteridad y por siempre. Momentos en los que  se entremezclan la simpleza de la vida con los caprichos sorprendentes de la naturaleza, cuyas formas y fondos te detienen con su stop facundo  y sonoro invitándote  a  meditaciones y evocaciones  ulteriores: La primera,  mi charla, en una de las Islas del Rosario, con dos amigos colombianos de apariencia futbolera. En especial con uno de ellos que ante mi insinuación, por su parecido, de ser  un famoso jugador colombiano, me  sonrió  y preguntóme si yo era uruguayo, pero al aclararle que era del Perú lanzó un sonoro ¡Arriba Alianza!, que inmediatamente respondí con un  ¡Dale U!.  Se declaró hincha confeso del equipo blanquiazul. Me parece bien le dije y añadí que mi padre  y algunos de mis  hermanos  son también  blanquiazules. Me sorprendió gratamente  su afinada cultura y su conocimiento, apego y respeto por el  futbol peruano. Fue una charla amena  frente al cautivante  mar del caribe  y bajo la fronda de las palmeras tropicales  y la mirada atenta de las aguas turquesas espléndidamente mansas. Breves vasos de cerveza  y un cumulo  de temas  como la política y sobre su percepción de su Colombia actual consumieron los largos minutos de mi estancia en una de las Islas del Rosario. 
Y justamente al  retornar de las Islas del Rosario arrecieron los vientos  y la capitanía del puerto no autorizo retornar por la misma ruta, sino virar por otra por precaución.  Aquel retorno resultó  impresionante: el viento que agitaba  el mar y nuestro deslizador  que “volaba” en contra corriente   empapándonos  de agua en medio de una carga  inusual de  adrenalina. De pronto,  a lo lejos, absortos  contemplamos  un  punto donde el mar  parecía fracturarse ante nuestra mirada.  Una de color turquesa y la otra turbia y ennegrecida donde dos adolescentes parecían levitar. Me pareció un espejismo. ¡Que hacían esos jóvenes caminando sobre el mar? En realidad no fue tal cosa, lo que sucedió es que por ese punto discurría una corriente de agua negra  y que luego se internaba entre los manglares lozanos y exuberantes, por una especie de río que finalmente desemboca muy cerca al litoral ¡Espectacular realmente!  
Cartagena, es una ciudad bella, que conserva entre sus brazos  como meciéndola a la ciudad amurallada de obligatoria visita.  A ésta última, la ciudad vieja y amurallada la visitamos  cuando caía la tarde sabatina y  cuando nos aprestábamos a ingresar por la emblemática  “Puerta del Reloj” irrumpieron en la franja  que separa la ciudad vieja  con el hermoso bulevar  un grupo de alegres comparsas que ejecutaban danzas afrocolombianas  de caudaloso ritmo y gracia. Una ciudad de belleza divina, porque nos  bastó con dar un paso dentro de la muralla para verla en toda su grandeza a la luz  dócil de las seis de la tarde.  Si el hechizo de su arquitectura te deslumbra en el instante, ésta se agranda cuando caminando por sus calles estrechas  te topas con  sus balcones  que cual jardines descuelgan buganvilias  y diversas flores de colorido alegre.
 Cartagena  de Indias fue tierra de corsarios y bucaneros, emporio donde llegaba el oro de las indias. Tierra de migrantes africanos que no conservaron  muchas de sus creencias y de sus modos de vida y sus religiones de sus antepasados africanos. "Porque la imposición de los españoles sobre ellos era tan fuerte que el sincretismo se hizo mucho más profundo y lo que tienen es más bien un catolicismo pervertido. Pero en cambio en Cuba y en el Brasil se mantuvieron intactas esas religiones, esas creencias, y por consiguiente ese modo de vivir"  Así escribió algunas Gabo,  añadiendo con su prosa incomparable  "Cartagena es una ciudad que han intentado destruir durante más de cuatrocientos años, y, creo, está más viva que nunca". Allí el futuro autor de Cien años de soledad publicó su primer artículo periodístico –en la página 4 del periódico El Universal– y fundó, junto con Guillermo El Mago Dávila, el periódico que hoy es considerado por muchos como el más pequeño del mundo: Comprimido. Fue en la capital del departamento de Bolívar donde el escritor decidió construir una casa a su medida, entre la Calle del Curato de Santo Toribio y una avenida que bordea las murallas. Cartagena fue también la ciudad donde murió José Palacios, el negro liberto, fiel y pertinaz celador del Libertador de América.
    Finalmente agradecer a Dios y  la vida , a mi hijo y a Marielita, a los que nos congratularon  y nos enviaron mensajes sinceros. Agradecer a  ese hermoso país cafetero que nos recibió de maravillas y nos dejó  incrustados en la memoria y corazón,  para la posteridad,  recuerdos de  vivencias  seguramente irrepetibles.  
En la Plaza Bolívar y enfrente "El Palacio de Nariño"

 
Solares de ensueño en Cartagena de Indias

Bulevar idílico en la "Ciudad amurallada"  - Cartagena
 
"Noche sosegada  en una ciudad mágica"
 
La belleza de la mujer colombiana.
  
"Museo del Oro- Bogotá"
 
¡Alma de niño grande!

Legendaria "Torre del Reloj" pórtico de la ciudad amurallada
 
"En un mágico rincón del Caribe"
 
 
 
Solar decimonónico en Bogotá
 

La "Quinta de Bolívar"  Bogotá.
 
Santa Fe de Bogotá, desde el Mirador de Monserrate  
 
Doto y Made, en un mágico rincón del Caribe
 
Quinta de Bolívar ...Patrimonio histórico
 

Biblioteca del insigne Libertador
 
Sala privada del Libertador donde pasaba largas horas con Manuelita Saenz
 
Santuario del "Divino Niño" - Bogotá
 
 
En un alto dentro del Mirador de "Nuestra Señora de Monserrate"
 
Visita generosa de la familia  huarina Sotelo Espinoza en Bogotá 
 
En la Iglesia Santo Domingo de Cartagena de Indias, dejando el
 escapulario de "Mama Huarina"
 
Bajo la fronda de un árbol caribeño, dentro de la ciudad amurallada
 
El "Grupo Esperanza" con los que compartimos el pletórico tour en Bogotá
 
"La Bandeja Paisa" Por su puesto que la degustamos
 
Noche de conmemoración en el Hotel Dann de Cartagena 
30 años y que vengan muchos más.
 
Rumbo a las Islas del Rosario
 
El ser humano es único donde se encuentre.
 
En las mansas y cristalinas  aguas del Caribe
 
 
"Museo del Oro" - Bogotá
 
"Museo  del Oro" - Bogotá
 
 
En la isla del Sol ...Juntos
 
Fachada de la Iglesia del "Divino Niño"
 
En una de las puertas del Palacio de Nariño
Rumbo al Mirador...
En la cima de la hermosa colina y al fondo la capital  Colombia
 
Como mirando a los Piratas y Bucaneros, desde la ciudad amurallada.
 
 
Conectándome con la historia...Plaza Bolívar
 
Como pez en el agua...
 
En un alto de la "jornada" inolvidable
 
Bajo la efigie del egregio americano: Simón Bolívar
 

miércoles, 7 de agosto de 2019

“JUANACHITO: LA LEYENDA”

                                                                      
                                                       "También con barquillos y helados se forja la felicidad"
                                                                                                                                          Abmalhi.
          La calle Libertad, de piedras labradas con esfuerzo y maestría,   que brillaban en los amaneceres  al  salir  el  sol  y  se bañaban   alegres con  las lluvias estacionales de los febreros y marzos lozanos y  sombríos,  cuyas  partículas jugaban en alegre complicidad  con nuestros calzados  incansables,  con nuestros  sueños de niños felices y  festejaban en silencioso regocijo nuestras ocurrencias,  soportando  estoicas  nuestros trotes , saltos y caídas ¡Callecita inolvidable, pétreo tálamo de mis días lejanos de infancia cuando aún solía soñar  despierto,  ingrediente  que diera  sabor a mi infancia , de faz  impávida  y en  ocasiones  complaciente que parecía reír y  llorar con nosotros¡ 
 Aquel espacio  descollante de mis  albores,  tan inseparable e inolvidable como lo es un amigo, hoy por hoy,  solo  exhibe  sus despojos, empujándome , en cada visita a la   resignación  y  contemplación  nostálgica de  mi  arteria  hermosa, intentando hallar  infructuosamente  lo que el tiempo  se llevó.  Quedan aún  sus casas solariegas y los  meditabundos balcones que en otrora  cobijaron  con alegría a  familias de numerosa prole, de aquellos queda poco o nada  ya que  muchos migraron lejos y otros  partieron al más allá.  Años después, los “adalides”   de la modernidad,   removieron  sus  vistosos  y relucientes empedrados y sembraron en su lugar sendas toneladas de concreto armado llevándose  así su belleza y encanto.   
En esta arteria  vital del pueblo nació Guillen,  quien fabricara  el automóvil (de juguete)  más grande  e increíble que se  haya visto en Huari.  Singular bólido tras el cual corríamos agitados y admirados en  el Parque Vigil, mientras sus ferrosos rodajes de decibeles intolerables se desplazaban por los vericuetos  del cuadrilátero más concurrido de nuestra niñez. Tenía todos los mandos básicos, pedales para acelerar, frenos, luces  y un diseño único capaz de deslumbrar en un Gran Prix.
 Ahí vivió Laurita de Cárdenas, la hermosa damisela cuya alma nadaba en océanos de simpatía  y su   liderazgo natural infundía  alegría y respeto en los niños y adolescentes de nuestra cuadra a los que nos convocaba para jugar el “Ampais”, “Pasacalle” “Pacaluriche”;  y también para  las tertulias entrañables en noches de luna llena que abrazaban nuestros más nobles sentimientos y,  como jugando,  aprendíamos a respetarnos y querernos como hermanos ¡Tiempos aquellos caray!   Ahí ramificaron los árboles de familias frondosas de la ciudad: Los Zorrilla Torres, Los Salas Cachay, Los De Cárdenas  Pretel, Los Sotelo Espinoza, Los Palhua Ames, Los Castro Palhua y, nosotros,  los Malqui Hidalgo.
            Calle  de recuerdos lejanos, de agitados  y pueriles latidos, de  esforzados padres, de connotados artesanos de la ebanistería, sastrería  y  apicultura; de alegres muchedumbres  y venerables ancianas,  cuyos nombres descansan en la galería imaginaria que los hombres de fe  solemos construir en un sitial  inexpugnable de nuestro recuerdo.  Allí   pasé la etapa más feliz de mi  niñez,  adolescencia y juventud y  que hoy, ad portas de llegar a un año más de vida y muy lejos de aquellos tiempos, me suscita sentimientos de  sobrecogedora nostalgia.
             En esa calle vivió por largos años don “JUANACHITO”,  el heladero leyenda del pueblo,  junto a su eterna compañera  la tía “Wishi”,  mujer noble de voz melódica y tierna,  y sus cuatro hijos.  Su recia figura y  su agitado caminar, con  la cerviz en alto  y su  rostro que al tiempo de exhibir sus grietas,  condecoraciones  que la vida le otorgara,  descubrían también su orgullo de artesano laborioso, honesto y  su espíritu  emprendedor.
 Este señor de los helados exquisitos y  barquillos dulcificados, tenía un taller   de heladería que alojaba un arsenal de herramientas increíbles que marcaron época. Ahí ingresábamos muy temprano, púberes aún, empujados por la curiosidad  y  natural osadía propias de nuestra edad y en ocasiones convocados por él para darle una manito. Movíamos agitados y con entusiasmo  las maquinas donde se preparaban los helados y  marcianos. Máquinas que  mediante el descenso crioscópico de las soluciones de sal  permitían,  utilizando un balde rodeado con una mezcla de hielo y sal a bajas temperaturas,  el congelamiento mediante el batido de  bebidas y zumos de frutas azucarados, dando lugar  a riquísimos helados de textura cremosa.
Si descubrir  los secretos de este artesano de la heladería  en su taller  sombrío y frígido nos deslumbró,  resultaba igual  de emocionante el  ver llegar a sus abastecedores de “hielo”.   Arrojados,  pacienciosos  e imperturbables  obrajinos  trasladaban bloques  de hielo desde los  confines del “Parque Nacional Huascarán.  Bajaban desde aquellas   altitudes  cordilleranas, cargando en sus  espaldas encallecidas bloques de hielo  arropados con  ichus y pellejo de oveja. Descendían  casi a diario por los serpenteantes caminos de Jacabamba,  Ampas y  Huamanmarka,   para luego ingresar a la ciudad por la parte alta de  nuestra callecita,   a  paso lento y resignado  hasta su  final destino en donde les esperaban Juanachito y compañía.     
Este personaje  de mi pueblo y  de mi Barrio,  al que hoy he vuelto la mirada  divisando  por las ventanas generosas de mi recuerdo,  tampoco rehuyó a la palomillada.  Como todo buen mortal,  de espíritu alegre y bondadoso,  fue  protagonista de muchas  anécdotas que gracias  a las reminiscencias de los lugareños le convierten en personaje  en cabal personaje de leyenda. Recordarán los lugareños,   y más aún las piadosas monjas Dominicas del Santo Rosario,  sus singulares  pregones  diarios   en los que destacaba  el inolvidable “otro al catre”  que anunciaba   la llegada de los  ricos helados.  Cuentan que,   una  tarde de estío,   al ingresar  con aquél pregón  al convento casi sagrado de las “Madres Dominicas”,  le  valió ser expulsado abruptamente por la madre superiora  al entender que  aquella frase  “otro al catre”  contenía una carga  de impudicia y procacidad inaceptables.
Son también memorables  sus festejos de irrefrenable emoción en los  partidos de futbol. Hincha a rabiar, en especial,  de la oncena rosada  San Juan,  y también del  González Prada  y de las selecciones de  Huari, celebraba cada gol  con júbilo inusitado  y  en ocasiones    no dudaba en  lanzar  al aire  desde  la  tribuna   su conservadora, su canastilla de barquillo y su alcancía repleta de monedas ante la algarabía  de los asistentes, en especial de los niños y jóvenes.
Se comentaba  también,   con fina e hilarante  ironía,   que en su  “Chacra” de Virá  sembraba piedras  cual si fueran papas para  luego cosecharlos  y venderlos  a los lugareños.  Aquella inverosímil afirmación que nuestro mayores solían comentar   nos sumergía a los niños de entonces  en un conflicto cognitivo  que años más tarde fue resuelto al  comprender  que aquel lítico cuadrante era en realidad una cantera  inagotable de piedras.   Así era Juanachito, mi vecino, mi amigo  al que le gustaba  conversar sobre  temas de astrología,  hechicería y superstición.  Así fue este hombre  que en las postrimerías de su diario trajinar por las calles del pueblo se dedicó a “regalar” sus sabrosos helados a los niños y adolescentes de mi pueblo,   que,  aprovechando el resquebrajamiento natural de su memoria,  se fiaban y fiaban y  él,   con su voz y sonrisa inconfundibles  y  su rostro  bruñendo de sudor y calor, les  servía y servía  complacido.       
 Finalmente,  agradecer a Dios por  los años vividos  en este espacio de mis caros recuerdos,   cuyo nombre “Libertad”  representa  el más preciado  de los valores e ideales del ser humano y sintoniza  con  la esencia libérrima de los niños y jóvenes  de  mi  otrora   pueblo,   exento de peligros y amenazas  que invitaba,  más bien,   a la aventura y  descubrimientos interminables en sus prados aledaños como Sheque,  Virá, Cushín, entre otros.  Me despido, dejando todavía en cartera y como tarea inminente, el seguir hurgando en el baúl de mi bitácora añosa,  aquellos momentos  a los que en silenciosa  e íntima elucubración los he bautizado  como mis  “Tiempos de Mullaca”,  porque viven  colgados de  mi memoria  con sus  oscilantes racimos de vivencias mil  endulzando  mi vida  y   conjugando,  en un sentimiento difícil de describir,  los nombres de los hombres que acompañaron mi infancia, en esa callecita sin par.
                                                                                 Lima, 25 de julio  de 2019.