martes, 19 de mayo de 2015

Velada Cultural en el “Mollecito”



"Noche de otoño con remansos de ternura”
El sábado último, 16 de mayo, nuevamente “El Mollecito”  acogió bajo su fronda generosa a  los huarinos residentes en la ciudad de Lima. Lo hizo  con motivo de la presentación  del  poemario “Remansos de ternura”  del  destacado maestro y  escritor huarino Silvio Abelardo Huertas Asencios. Fue una noche de otoño de aquellas, una noche para recordar, no sólo por la importancia y  trascendencia  que entraña, en sí, un acontecimiento cultural, sino también por la carga emocional que imprimieron los actores de la  singular velada cultural.
La mesa de honor estuvo integrada por una pléyade de intelectuales huarinos: la   Dra. Hilda Vidal Vidal, el presidente de la  “Asociación Centro Representativo Huari” Prof. Humberto Lora Pardavé, el poeta Alcides Alvarado Huertas y el escritor Dr. Alberto Córdova Cadillo. Todos, además, comprometidos con el destino de  nuestra lejana  “Patria Chica”. La conducción del programa estuvo a cargo del siempre solvente y  elocuente  Dr. Carlos Trujillo Oliveros.
Dije, que fue una noche para recordar, por los detalles que imprimieron los organizadores y actores: La estupenda y magistral interpretación del tondero de antología “Malabrigo”   por  “Elenita” Huertas Zelaya, hija del autor, acompañado  por la guitarra de un inspirado  Víctor Hugo Huertas Zelaya, también hijo del autor, para finalmente cerrar la parte musical con la voz de Jorge Huerta Zelaya  interpretando un vals escrito en homenaje, justamente,  a su señor padre. La primera parte de la programación fue un auténtico “remanso de ternura”
La presentación del poemario estuvo a cargo de la Dra. Hilda Vidal Vidal, lo hizo con la sencillez y la simplicidad de los grandes.  Destacó la belleza  de los poemas, animándose a leer algunos versos con emotivo acento;  y se dio un tiempo para resaltar las calidades, del autor,  como ciudadano, maestro, periodista, en general, como ser humano valioso y trascendente.
La parte poética lo compartimos con el “Vallejiano” Rubén Valencia Lora que, motivado y emocionado, se animó a declamar dos poemas de nuestro vate universal César Vallejo, declamación que  emocionó a los presentes: Por mi parte,  ofrecí los versos del poema “Gatillinya” de la pluma del también escritor y poeta Hugo Huertas Asencios. La solemnidad  del evento que contó con  tan   culto público en  una noche otoñal preñada de fraternidad,  acicatea a cualquier mortal amante de la poesía  a dar todo de sí.
Fue también una noche de homenaje y  de gratitud a un autor que contribuyó tanto  con la  cultura huarina. Las palabras  de  “Asheque” Córdova, de Lucho Rondón, de Alcides Alvarado  y Humberto Lora,  en torno a la vida y obra de Silvio Abelardo, sintonizaron, seguramente,  con el espíritu y el sentimiento de  la concurrencia.   
Las palabras del autor y homenajeado, además de agradecer a los presentes, sirvieron para reflexionar sobre la historia literaria de nuestra provincia. Rememoró  hechos,  títulos y autores de nuestro parnaso literario, fiel a su estilo, sin mezquindades  ni omisiones,   desde  las primeras décadas del siglo pasado,  hasta nuestros días. Finalemente, dirigió un mensaje, un encargo para las nuevas generacionesm de  que aún  queda mucho por hacer en términos de cultura.  .
Finalmente,”Huarilindo” expresa su más calida felicitación al autor  de “Remansos de ternura”, a su digna esposa Sra.  Dina Zelaya e hijos por, lejos del terruño que  los viera nacer, construir un auténtico reducto del huarinismo llamado “El Mollecito”   convertido, de un tiempo a esta éste,  en la  casa cultural  de los huarinos, solariego reducto donde se respira  huarinismo  y se  siente el latir cadencioso de nuestro lejano pueblo al que amamos tanto.
                                                                                                                
Abelardo Malqui Hidalgo

domingo, 26 de abril de 2015

“Después de una octava” Vivencias, sentimientos y realidades"


“Andaré por tus cerros y tus llanos toda la vida, arrimándole   
renglones a tu esperanza, tierra querida”  
 Atahualpa Yupanqui
         Hace unas semanas el Dr. Alberto Córdova Cadillo, me pidió  comentar sobre una nueva obra de su autoría,  intitulada: “Después de una octava” Vivencias, sentimientos y realidades. He tenido que esforzarme para tener una idea de cómo escribir  un comentario  de esa especie, pues siendo un  escritor aficionado, y no siendo analista literario, la tarea asomaba difícil.   Pero me pidió que lo hiciera como un lector aficionado cualquiera. Así lo hice y lo comparto con ustedes amables lectores:
        “Después de una octava” Vivencias, sentimientos y realidades, es una suculenta narración de vivencias de un grupo entrañable de amigos en su feliz retorno a la ciudad que los viera nacer. Un apacible y  entretenido periplo con  desfile de personajes por los senderos magníficos de una niñez y mocedad lejanas, sin embargo cercanas en  el afecto y en el compromiso con  el destino de su pueblo natal, evidenciado  cuando proclama con acendrado cariño: “Espero que en mi Huari, aparezca una mañana multiplicada de esperanzas de cambio en lo humano , que el maravilloso vegetal del “sauce verde”  del  Parque Vigil de mi infancia renazca, marcando un nuevo amanecer para el siglo, crezca elevando sombras y oscuridades hasta desvanecerse. Otro día, iluminado de frutos de luz en formas visibles, en sus ramas, broten cantos prematuros de desarrollo integral, antes que llegue el silencio. El sauce del tiempo alargando sus ramas armonice la vida de los habitantes jóvenes donde el astral distante suelte hojas cadenciosas al viento,”Después de una Octava”  Emotivas líneas ,   donde destacan su talante literario y   actitud militante frente al presente y futuro de su pueblo natal.
Leyendo el título “Después de una octava” Vivencias, sentimientos y realidades, es posible  inferir fácilmente el  propósito del autor: Entretener a los  lectores tomando como parte medular  el acontecimiento de la  “Octava de la Virgen del Rosario” y el otro  paraje festivo como es la  “Fiesta brava de octubre” y lo que ellas entrañan en términos de religiosidad, fraternidad,  jolgorio, en general, tradición.  
La octava que es, para los huarinos, sinónimo de final de fiesta,  lindero donde termina el júbilo y comienza la nostalgia, ha inspirado al autor escribir este breve compendio de vivencias donde,  también, colisionan sentimientos de  admiración, reverencia  y   compromiso por  su lar querido, por una parte, con la   decepción, tristeza y preocupación por su destino incierto. Cumple pues,  con claridad de medio día, las cuatro funciones de  la literatura:
La  expresiva, porque impregna auspiciosamente sus sentimientos arraigados al paso cancino de los años, al calor de sus vivencias y de su memoria generosa, sentimientos de amor hacia sus seres queridos, padres hermanos, amigos, vecinos  y paisanos, buscando siempre la paz y armonía interior, no en vano  adorna  uno de sus  títulos: “Víspera de la octava”,  la substanciosa  epígrafe: “A la sombra del aliso agotan lejanías, mis manos que escriben por la paz”.
 También la función lúdica, es decir, la literatura entendida como un juego bonito, tan  omnipresente en nuestra  lírica huarina, buscando siempre, como bien lo enfatiza la Dra. Johanna Natalia Córdova Aguilar, hija del autor, en el prólogo de la obra:   “el goce positivo del placer de vivir haciendo historia, escapando de todo protocolo y  solemnidad,  con esa chispa que distingue al huarino”
Cumple también la finalidad didáctico - moral  y la político-social,  porque no  sólo entretiene, sino que ha de ser útil en el urgente ejercicio de la reflexión ciudadana de nuestro lejano pueblo,  que le  permita construir un futuro con esperanza. No sólo es panegírico, encomio y apología, es también reflexión sobre lo grande y bello de su querencia,  que  contrasta con sus carencias y seculares sueños  aún no redimidos.  Así como exalta el sabor dulcísimo del retorno, la grandeza de la amistad, lo imperecedero del amor filial,  también nutren sus renglones deseos de bienestar  en lo educativo, en la  salud, con  vías  de comunicación rápidas entre  los pueblos cercanos, construyendo carreteras  como circuitos de desarrollo integral en lo económico  cultural y social, es decir,   asume la literatura como instrumento de defensa de valores sociales o como instrumento de lucha para transformar la sociedad.
La descripción de cada uno de los puntos del magnífico  proscenio andino por donde transita  este “caminante” y su entrañable tropa:  cada lugar, cada recodo, cada paraje, cada callecita,  es  realmente interesante por estar impregnada de alegría y nostalgia, otorgándole  el don de la existencia trascendente, todos ellos compañeros  en su tránsito alegre e inquieto en las albas horas de su niñez y  en las soleadas  de su mocedad, como sólo puede hacerlo la literatura. Cantera inagotable, que dicho sea de paso, no sólo explota en este puntual relato, sino tambien,  en sus  anteriores  producciones.  
         En este breve compendio  de narraciones, estrechamente eslabonadas, encontraremos los lectores, en especial huarinos,  algunos de nuestros pasos perdidos, de nuestros rastros, de nuestras proclamas íntimas, de nuestros deseos de destinos mejores, y quizás,  en algún párrafo o en un párrafo escondido, aún escuchemos lastimeros  resuellos de algún viejo amor;  y en un fácil ejercicio retrospectivo  nos  disfrazaremos de ASHEQUE, para  RETORNAR a  nuestro “Huari querido” y reencontrarnos con ese universo repleto de historia  e historias , aunque ya no es el pueblo que un día dejamos, cuando titilaban antorchas a lo lejos,  descontaminada y desintoxicada su existencia, aún  sigue siendo la morada eterna de nuestros más grandes  recuerdos, capaz de  avivar las llamas de las vidas preciadas:  de papá,  de mamá, del abuelo, del compañero, de los  que ya partieron , de los que sólo permanece un pequeño rescoldo.  De todos aquellos que mueven, como bien dice el autor, nuestros afectos infantiles y juveniles.
“Asheque”,  como la gran mayoría de los presentes, es un huarino,  además un caminante,  por cuyos senderos transitamos  tambien nosotros. Entonces,  acompañemos a nuestro  autor  en su feliz retorno, para en solemnes minutos,  elevar preces a  nuestra “Mama Huarina”, además armar  jarana en una de las cuatro esquinas de la plaza mayor, deleitándonos con el candor de los Sarao, con el gracejo y  belleza  de las pallas y la irrupción gallarda de los “Huaridanzas”;  y en  las monumentales  fiestas bravas bailarnos un huaynito en uno de los tendidos, para finalmente sellar nuestro retorno,  con broche de oro,  en la” “Octava de la Virgen del Rosario al calor de la amistad y fraternidad y encomendarle a nuestro poeta Edwin Zorrilla que en nombre de todos los que retornamos nos declame estos hermosos versos de su autoría.
      “Estamos en Huari, animados por nuestra incólume fe, convencidos de que te encontramos junto a nuestro pueblo, para reiterarte nuestras plegarias, glorificar tu nombre y sentir junto a ti, tu ternura maternal de siempre.  Llegaste a nuestros lares  de Juan Huarín y María Jiray junto con la cruz, en cuyos maderos se inmoló tu hijo, y los apus de esta comarca abrieron las puertas  para que te quedaras como madre nuestra, hasta la eternidad… Retornaremos felices repitiendo los cánticos de tus pallas, y el verso: “en cielo y tierra gloria a mama huarina” de sarao. Mientras nuestros pies repiquen el zapateo de los huaridanza y en nuestros corazones quede impregnado del júbilo del reencuentro Mama huarina de todos los tiempos”
Abelardo Malqui Hidalgo
Lima, 21 de febrero de 2014



“La Madre Dominga”
(Rosa Elvira Zúñiga Majuan”  1949 -2009)

Corría el año de1982, memorable, para quien escribe esta  nota,  por las experiencias acumuladas en todas las parcelas que decanta   la vida estudiantil. No quiero apartarme del motivo exacto de esta evocación y reconocimiento que tiene la marca de una personalidad que dejó huellas en mi generación: “La Madre Dominga”. Rosa Elvira Zúñiga Majuan Personalidad lúcida, llena de carisma, una mentora excepcional que llegó al magno claustro “González pradino” , en el momento justo para beneplácito y fortuna nuestra,  como profesora de Educación Religiosa, asignatura  signada , hasta entonces,  por la  intrascendencia y  monotonía.

Bajo su iniciativa y liderazgo se fundó el grupo parroquial “Jóvenes sin fronteras” integrado por alumnos de  nuestro colegio. Una agrupación juvenil de singulares características que nos permitió crecer espiritualmente y,  por ende,  como personas. Son célebres los EJE “Encuentro Juvenil en el Espíritu”,  retiros espirituales de jóvenes huarinos, sanmarquinos, chavinos, etc. que concentrados en el local de la extinta prevocacional, hoy “Virgen de Fátima”, intercambiábamos experiencias de vida en sesiones largas, pero entretenidas, donde fluían a raudales inquietudes y  testimonios personales de diferente índole, ahí  donde la palomillada no estaba ausente y el espíritu adolescente se empinaba hasta el Everst. La gesta y el rudimento de amor de muchos matrimonios de hoy tuvieron lugar en aquél  año y  al calor de aquellos  eventos. Cuando las faenas diurnas concluían, ya en las noches, agrupados  en nuestros camarotes improvisados armábamos entretenidas conversas matizadas con canciones de la época que sonaban roncas en las radio grabadoras, en especial “Puerto Montt” y  “Chiquilina” de los “Iracundos” y  los clásicos del Grupo ABBA,   y  más noche,  bajo el plenilunio,  sentados  en las ahora inexistentes gradas del patio de honor de la  legendaria "Prevuchi", acompañados de la guitarra de Edgar Durand armábamos  serenatas con canciones románticas, entre las que destacaba "Hoy la ví", del recientemente fallecido Leonardo Fabio, todas  ellas   dedicadas a nuestras aún tiernas Dulcineas que a esas horas nos escuchaban desde, sus también,  improvisados aposentos.

El entusiasmo que inyectó, la Madre Dominga,  en el grupo de adolescentes y jóvenes de la época, estuvo acompañado de iniciativas sin precedentes hasta ese entonces: Las labores de proyección social como las  visitas a los enfermos del Hospital "Santo Domingo de Huari y a los presos de la, ahora inexistente, cárcel pública de Huari , así como  también las actividades tendientes a recaudar  fondos para la Navidad de los niños huarinos, proyectando, para el efecto, suculentos largometrajes de estreno como “María” del colombiano  Jorge Isaacs, “Supervivientes de los andes”, “La laguna azul” , “Río salvaje” “La mochila azul” y otras  divertidas como la de "Palito" Ortega, etc.  Todas ellas,  de gran suceso, lograron  impactar positivamente en la ciudadanía. Sin canon minero, mas con honestidad y vocación social, en aquella  Navidad del 82, se distribuyeron sofisticados regalos, nunca antes vistos, a los niños huarinos. Cabe también mencionar que bajo su iniciativa logramos tener entre nosotros al grupo latinoamericano  "Rímac Llacta"  y sus fabulosas interpretaciones. Este grupo sirvió de inspiración a los aún púberes: Llomito Zorrilla, Marquito Mory, Yofre Cisneros, "Chopo" Herrera y a nuestro inolvidable "Ruso", asesinado por las hordas del Grupo COLINA, que cursaban el primer año de secundaria, para luego, ellos,  fundar aquella recordada y tierna  agrupación pionera en su género  llamada "Los Huayruritos". 
Años más tarde, acompañado de Javier Solís, visitámosla en su domicilio Sito. en Gregorio Escobedo -Jesús María- y el hilo conductor de nuestra amistad se fortaleció. Y fue así que frecuentábamos, bajo su gentil invitación, a los  encuentros y retiros convocados por el grupo juvenil ecuménico “Comunión y Liberación”  que se realizaban  en  lujosas casonas de   Chaclacayo  auspiciados  por el “Opus Dei”, corrían los  finales de los 80 e inicios de los 90.  Aquellos retiros nos sirvieron tambien para crecer, sin embargo, fueron exploraciones significativas  de una vertiente  de la Iglesia Católica que no correspondía ni se acomodaba a nuestros principios ni convicciones. Las anécdotas del primer encuentro son fabulosas: Dos mozuelos  "serranos" en un océano de “pitucos limeños” que hacían  esfuerzos infructuosos por descollar y  hacer sentir su voz…

No sé si atreverme  a afirmar que por esos años, exactamente en el verano del 89 , se definió alguito de nuestro “destino”. La oferta de alistar maletas para viajar a la ciudad de “Chuquibambilla” capital de la provincia de Grau,  en  Apurímac, con el fin de  asumir la docencia universitaria en la facultad de educación que ellos regentaban, con todos los privilegios y ventajas económicas, laborales y profesionales,  nos entusiasmó. La  tentadora oferta  fue aceptada y rubricada sin vacilaciones. Consultados nuestros padres, telefónicamente,  nos dieron su aceptación y también su  "bendición"  . Fue tan rápido todo,  nuestros  boletos aéreos  pagados, en primera instancia,  para el Cuzco, para luego enrumbar a nuestro final e  ignoto destino. Sin embargo, un comentario desafortunado de “Kenny”, uno de los co-expedicionarios, en la víspera del viaje, refiriendo  haber escuchado  que en Chuquibambilla, las demenciales  hordas  de "Sendero Luminoso"  habían asesinado  varios profesores y,  añadido a esto,   los temores y dudas  de don Hernán Solís, padre de Javier,  que a última hora desautorizó el viaje, truncaron y pulverizaron aquella auspiciosa oferta. Más tarde nos encontramos con uno de aquellos “expedicionarios”  que sí logró viajar y nos refirió emocionado que todos, de aquella hornada,   lograron maestrías en universidades europeas y hoy por hoy son reconocidos catedráticos…

Mi recuerdo y agradecimiento a “Madre Dominga” por sus consejos y enseñanzas. Quienes elegimos caminar por el fascinante derrotero de la docencia, intentamos perseverar en todo cuanto ella nos legó con su  ejemplo: Entrega generosa por los niños y jóvenes, en especial por los más necesitados. 


 "JOVENES SIN FRONTERA" 1982

Esta foto me  alcanzó mi compañera de estudios y  apreciada amiga Noemí Acuña Pittman  con la Sgte. dedicatoria:

 Doto:
Esta fotografía representa la amistad y el ideal que nos unía a todos del grupo y que perdure para toda la vida 
Afectuosamente en Cristo
Sor Dominga 

sábado, 6 de diciembre de 2014

Llamellín: Recuerdos del alba



( Mi padre acompañado de sus colegas  en la  plaza mayor de Llamellín  - 1969)
 Dentro de los pueblos por donde  recorrió mi padre en  su largo periplo docente, uno de los  que me dejó recuerdos hondos, guardados en los recónditos parajes de mi mente, vivencias infantiles imborrables que la estoica bitácora de la vida conserva indemne a pesar del tiempo transcurrido, es Llamellín, capital raymondina, situada en el flanco oriental de la cordillera blanca.


Allí, a fines de 1960,   comenzó su largo comino docente mi viejo lindo, en "Allauca" exactamente. Escuela primaria de muros vetustos, aulas decrepitas y curtidas, alumnos bullangueros y maestros de abolengo, dirigido entonces por un gran  maestro: Don  Elmer Vidal Tarazona, amigo inextinguible de mi padre  y  mi familia.


Cada 8 de diciembre, como hoy, día de su fiesta patronal,  asoma  en mi recuerdo agradecido,  la imagen de la "Virgen Purísima"  cubierta por su velo misterioso, trasuntando en el  sacro recinto, vetusto y casi ruinoso de entonces,  un halo de sosiego y solemnidad difícil de expresar. Allí, en la iglesia, recalabamos en nuestras correrías de niño con  Gino,  el mayor de mis hermanos,  y un par de amigos más, atraídos casi siempre por la curiosidad y por el porfiado afán  de niños traviesos, intentando develar, aunque sea con nuestra mente, el arcano rostro de la  “Virgen  de la  Inmaculada Concepción”  o simplemente  “Virgen Purísima”


Muchos de los recuerdos no sólo están circunscritos a personas, cosas o sucesos dulces y festivos. Hállanse uncidos también, inevitablemente a lo prosaico, a lo triste, a lo violento. Pero las cosas que, en su hora,  fueron negativas o nocturnas, con el tiempo resultan interesantes o estimulantes tal como fueron las cosas bellas; porque tuvieron  el privilegio de haberse incrustado en nuestra vida y en sus contornos;  y uno de ellos es justamente el infausto terremoto del 31 mayo del 70, desgraciadamente asociada a nuestra feliz estancia en  Llamellín,  la hermosa capital raymondina. Aquella triste tarde  de estío andino nos encontrábamos en  "Ancascocha”  así le llaman a su campo de fútbol, ubicado en la parte baja del pueblo. Tarde típica andina  que  pintaba  espléndida con rayos de sol dorando  los vastos trigales,  confirmando aquello de “Ucrania ancashina”   blasón merecido que  un  cronista    ofrendara,  por sus  tierras maravillosas y asombrosas, aún   sin irrigación,  a  las tierras raimondinas. Ahí nos encontrábamos aquella infausta tarde, solazándonos en su grama lozana, escuchando las incidencias de la inauguración del mundial de fútbol "México 70",  junto al Prof. Samuel Vidal Ayala que, también,  laboraba por esos lares.  Fue un remezón terrible que, sin embargo,  no nos inquietó, éramos muy pequeños, Gino tenía apenas seís  años y yo no llegaba a los cinco.  Las señales de  radio se interrumpieron. Cuando subimos al pueblo preocupados por mi mamá  que encontrábase en  dulce espera de   Miguel, el cuarto de mis hermanos,  asustados constatamos que los  techos de las casas del parque se habían desplomado y una torre de la iglesia estaba por derrumbarse. Llagada la  noche,  las señales de radio de emisoras internacionales daban cuenta de la magnitud del desastre… 

 Los días siguientes llegaron helicópteros trayendo ayuda humanitaria, medicinas, alimentos y  ropas. Recuerdo también que algunos lanzaban volantes infundiendo ánimo a la población. Por entonces, el pueblo no contaba ni siquiera con un  sistema de altavoces, de manera que cualquier anuncio, aviso o comunicado lo transmitían  “los pregoneros” desde  algún punto  de "Pahuacoto", cerro  tutelar del pueblo. Haciendo gala de su afinada  garganta, anunciaban acontecimientos leían  convocatorias,  en quechua y castellano,  principalmente  sobre las faenas agrícolas, a la población.


Llamellin,  por aquellos años era, supongo  sigue siendo, un pueblo con una marcada tradición deportiva, se practicaba buen fútbol y básquetbol. Mi padre aún en su apogeo, alternaba en las selecciones de la provincia, destacaba en ambas disciplinas, Sin embargo, luego de aquellas disputadas lides llegaba a casa  casi siempre lesionado. Era habitual verlo llegar a casa en hombros de sus alumnos, lesionado y rengueando. Mi viejo era realmente un guerrero en la cancha, eso lo explica todo.


Algunos personajes, que se impregnaron en mi  mente,  en  aquellos ya lejanos años y que siempre los recuerdo con cariño, fueron entre otros;  “El Huachano” , añoso caballero, dueño de  una  tienda de abarrotes,  ubicada en la calle principal del pueblo,  donde mi padre solía pasar la tarde en entretenida "Timba",  y a la que  acudíamos urgidos por mamá, en hora puntual,  a llamarle. En algunas oportunidades acudía  presto  y alegre a nuestro llamado y en otras, adusto y con el ceño fruncido,  con un simple  gesto  nos invitaba  a retirarnos…  Otro de los  personajes inolvidables fue “el pelado” compañero de nuestras correrías, cuyo nombre ya no recuerdo, pero si su rostro y su baldía cabellera resultado de una quemadura, con él explorábamos, ante la preocupación de mi madre, los parajes aledaños del pueblo bajo la “batuta”  de mi hermano mayor, ya se revelaba por aquellos años su espíritu aventurero, osado y temerario.

         Finalmente, mi  ferviente saludo y el deseo sincero de un presente y futuro prósperos, a ese   "pedacito de piedra preciosa incrustada en el corazón de los andes"  que un día  nos acogió Sin duda alguna,  fue, es y seguramente seguirá  siendo un punto importante en el itinerario y   biografía familiar.  

“Feliz dia llamellinos” 
Mis padres  a los pies de la Virgen Purísima- Llamellín 2008

domingo, 21 de septiembre de 2014

GATILLINYA


http://cdn.larepublica.pe/sites/default/files/imagecache/img_noticia_640x384/imagen/2013/07/20/imagen-juan-pablo-azabache-2.jpg 

"Bailar es sentir, sentir es sufrir, sufrir es amar;  usted ama, sufre y siente  ¡Usted baila!"
Isadora Duncan

En alguna oportunidad, mi recordada abuela paterna, Pilar Osorio Mory,  contóle a mi padre  que antaño,   la palla,  se bailaba  únicamente en la ciudad y que con el correr  del tiempo  migró alegre y bulliciosa a las comunidades aledañas, añadiendo que  la ejecutaban hermosas damas de abolengo. En la actualidad, nuestra emblemática comparsa, ha sido rescatada, recuperando así  su carácter citadino. Además, ha evolucionado favorablemente gracias al concurso generoso  de gentiles damas huarinas residentes en las ciudades  de Huaraz y Lima.

Hablando de mí recordada abuela Pilar, permítanme  compartir con ustedes   una anécdota que, a mi padre, refirióle en aquella entrañable conversa: “Fui  seleccionada para bailar la Palla en un ya lejano octubre, le dijo,  acepté sin la convicción necesaria, sin embargo, un sueño  revelador me  advirtió que bailara sí o sí; Aparecí en la orilla de una inmensa laguna –actual Parque Vigil- pantanosa y lóbrega, adornada, en el centro,   por un pequeño y sombrío  islote. De pronto,  se me acercó una bellísima mujer que me  instó a ganar el islote  de  un solo tranco. Era una misión imposible y peligrosa.  Desperté horrorizada y de inmediato deduje que era una advertencia de nuestra  "Mama Huarina" frente a mi actitud desdeñosa y dubitativa. Muy temprano,  con las primeras luces del día, me dirigí en busca de la funcionaria y le hice saber mi aceptación definitiva”

 Hay muchos testimonios parecidos que sintonizan con lo que las entendidas y entendidos dicen: “La virgen elige a sus pallitas”. De manera que mi hermosa abuela lo bailó y me imagino cómo. Su porte y belleza eran dignos de una Colla. Mi recuerdo cariñoso a ella,  tronco añoso, presencia imborrable  del frondoso árbol familiar, bajo cuya sombra amorosa muchas veces nos guarecimos.

Pero este modesto servidor, casual e inopinado Gatillinya, pretende además, a través de este breve artículo,  ensayar una definición, un concepto  del "ser Gatillinya", apelo,  para el efecto,  a mi experiencia un tanto lejana, cuando  niño inquieto,  perseguía a los Huaridanzas y  Saraos en aquellos octubres esperados;  y a mi experiencia nada añosa del ejercicio pleno de este vano, sin embargo  entretenido oficio. Nunca había advertido con atención la hermosura y el garbo de las lindas collas de Ampas, pecado imperdonable para alguien que, como yo, trabajó cinco largos años  en la morada de estas  flores silvestres que dislocan caderas en Iglesia Punku a los pies de "Mama Huarina", así como hermosamente las define Alcides Alvarado Huertas en su poema “Ampash Palla”.

La metamorfosis ha sido  lenta, sin embargo segura. Cuando mi prima Iris Bar Espinoza, entonces capitana de las Pallas,  extendió la invitación a mi esposa Margot para acompañarla, aceleró mi apego creciente: Los ensayos, las letras, la música embriagadora y nostálgica, la elegancia, el estilo afinado  que le imprimió mi prima Julia Príncipe Trujillo,  afinando el estilo y  personalidad de  nuestra ahora fulgurante comparsa, consolidaron mi  metamorfosis. Hoy,  puedo proclamar que soy un Gatillinya que se agita y  estremece ante la irrupción de las melodías indefinibles y  embriagadoras del violín, el arpa y  el saxo, que me suscitan sentimientos de añoranza, mezcla de alegría y tristeza. Cada melodía, cada requiebro sinuoso,  me transporta a mi Huari, a mi  Pukutay, a sus  noches de allichumi y jarana en las capillas;  y las voces,  con sus bemoles inalcanzables como las avellanas  y bombardas de las   noches festivas  de octubre, me  encierran en esa misma burbuja que cuando niño solía ingresar para levitar al llegar la fiesta, ajeno al mundo circundante.  ¡Cosa más linda! que nos dejó nuestra infancia a quienes tuvimos la inmensa fortuna de vivir en ese espacio vital, empapados de sueños y de aromas insondables y de estrellas infinitas con rocío…

            Por tanto entonces, como decía el maestro Félix Asencios Pantoja, diré que el Gatillinya es aquel niño, joven o adulto que persigue con entusiasmo,  admiración y obstinación a los Huaridanzas, Pallas y Saraos,  haciendo suyos sus cánticos y ofrendas coreográficas. Es aquél  que persigue a  esos interpósitos personajes, díagase pallas, huaridanzas o saraos,  que llenos de colorido, garbo,  elegancia y gallardía, rinden  pleitesía,  también en nombre de él, a  nuestra “Mama Huarina” 
Huari, octubre de 2012


 

domingo, 31 de agosto de 2014

¡Allaw mi markallá!



 “los grandes bailarines no son geniales por su técnica, son geniales por su PASIÓN" 
  Martha Graham
 
Cuando, los ”Caballeros de Huari”, irrumpen  a ese espacio entrañable que los huarinos hemos  ideado y construido en Bocanegra y que,  cual nave sideral,  posee  la magia  de  transportarnos al universo vital,  de nuestra infancia y mocedad,  llamado  Huari, pareciera que ingresáramos a una burbuja  para luego levitar al ritmo de sus encantos coreográficos y acústicos. Los  viriles acordes de la caja y el pincullo, junto al singular cascabeleo,   se esparcen en el recinto y los corazones parecen latir al compás de su tañer alegre y bullanguero. La suscitación de emociones, en el gentío alborotado, tiene su rudimento en la lejanía de nuestra existencia, mora en lo más recóndito de nuestra memoria.  Por ello,  no resulta difícil inferir y concluir  que: “Todo  huarino baila el Huaridanza” ya sea desde el vientre maternal o desde la niñez.  Sin embargo,   dentro de ese gran conglomerado  y multitud inconmensurables, existen los  predestinados e iluminados  que marcaron época. “Dinastías”  cuyo abolengo ornó vastos ciclos de la historia nuestra. Allí están los Pukutainos  con su  abanderado el "Gran  Josafat” ,  los Valle de ·”Ura barrio” con su  legendarios “Cupi” y hermanos ,  los Yanacanchinos con Matilde Trujillo,  Julián Valle y  los Asencios  con su barco insignia Agliberto: el más grande bailarín de los últimos tiempos.

En todo ámbito o parcela de la vida, quién cruza los linderos de lo normal, de lo regularmente establecido,  sea  en  el deporte, la música, la literatura o el arte en general, se interna en  los dominios del Olimpo, lugar  reservado para los  predestinados y elegidos. Uno de aquellos,  es Agliberto Asencios Valencia  ¡Qué duda cabe caray¡ Bailarín de pletórica maletera y prolijo repertorio  que, no sólo,  encandila y deleita ,   sino,  que además  invita a la reverencia. Verlo danzar es un deleite que  atrapa  con  su gallardía, elegancia y sincronía. No hay espacio para la distracción mas si,  para la admiración y el regocijo. Cambia de ritmo,  de espacio, de bravura súbitamente,  refulge cual  esplendor de las luces y avellanas de octubre. Ofrenda sus sinuosos movimientos  ora, a la “Mama Huarina”,  ora a su patrón “San Bartolo”  y,   como nadie, a sus gatillinyas que se cuentan por centenares y miles.  Cuánta verdad entraña el epígrafe que encabeza y adorna este breve homenaje cuando afirma que "los grandes bailarines son geniales fundamentalmente por su pasión". Uno de aquellos es,  exacatamente, Agliberto. Decidores son sus lágrimas preñadas de emoción y alegría, y  su proclama de insondable  significado ¡Allaw mi markallá!

¡Loor a este bailarín de estirpe!  que ha empinado nuestro orgullo más arriba de la mole de “Tukuwaganga”  y del “pukutay”.  Loor a su casta protagónica de los últimos decenios,  que junto a  sus hermanos Javier, Lucho, Eleazar y “Chapla” Macshi, conforman un   quinteto  de antología que, para los más acuciosos entendidos,  constituye lo más destacado de las últimas tres décadas.  Y bendecidos nosotros que aún podemos disfrutar  de su  arte danzarín, de su genio innato, de su inspiración y estilo inigualable,  que sólo la  pródiga naturaleza puede  reinventar, de tiempo en tiempo,  para ofrecernos  en sorbos burbujeantes de huarinismo para escanciarlo con deleite.  Loor a  los  cultores de todos  los tiempos y  espacios,   de lo que consideramos, con justa razón,   uno de nuestros  más preciados bienes y valores  culturales, cabal expresión  de nuestros sentimientos y emociones. 
Lima, 31  agosto de 2014 


domingo, 10 de agosto de 2014

"Tía Pelagía", artista de la panificación


  



“El que trabaja con sus manos es un trabajador manual; el que lo hace con sus manos y su cabeza es un artesano, pero el que trabaja con manos, cabeza y corazón es un artista.”
Lous Nize

          Su voz es inconfundible, su rostro ya denota el paso de los años, su sabiduría, como el buen vino, se puede escanciar con deleite al oír su prédica panificadora. Sin duda que se ha encumbrado al cenit del oficio que un día asumió para hacerla imperecedero y la razón que también aliente su existencia. Su nombre es un eco que rebota inacabable en la mente y el corazón del vecindario que, rebosante de alegría y apego a su tradición, recurre a ella para conciliar, con el dictado de una de sus más arraigadas costumbres “La Colasión”:
          "La  Colasión" ,  es una Mariana y por ende bendita y muy católica costumbre huarina y andina, que data desde las primeras celebraciones en honor de la “Virgen del Rosario” patrona del pueblo,  y consiste en el compartir con el vecindario, del funcionario principal, rebosantes canastas repletas de panes blancos o “yacutantas”, crocantes “roscas” bizcochos, bizcochuelos y panes de maíz, acompañados de sendas jarras de “chicha de jora”. Es en verdad un sello de fraternidad que distingue al poblador andino y que sobrevive pese a la prédica individualizante de la “modernidad” 
          Es, justamente, en este espacio delicioso, por su entraña sabrosa y fraterna,  donde destaca la querida “Tía Pelagia”, conspicua moradora de los Barrios Bajos, del “Carmen” populoso e inquieto. Su centro de operaciones es su amplio solar situado a una cuadra de la tercera esquina de la Plaza Mayor. Amplio y siempre febril reducto que alberga al fondo del mismo un auténtico laboratorio de la panificación: Una habitación destinada para la elaboración de la masa, con grandes bateas de madera donde curtidos jóvenes cumplen su ritual diario jugando con los ingredientes que,  cuando ya está en su punto, reposa cual bella durmiente cubierta de un blanco mantel. Luego vienen las manos expertas de las lindas damas dando forma a los “bollones” que tambien dormirán en sus lechos de madera, para luego de la breve siesta, tablearlas en un sucesión de golpes que trascienden sonidos propios de tan hermosa faena. ¡Así discurre la “Masaracuda” entre cuentos, comidillas y muy frescos chismes de la comarca!
           Lo más trabajoso y afanoso es la elaboración del “Bizcochuelo: Gruñen las robustas poncheras al son de las recias manos de los “batidores”, aguardan prestas las albas y candorosas bolsas de chuño, manos cultivadas en el arte del origami, alistan decenas y decenas de moldes rectangulares. Uno de los batidores, abatido por el esfuerzo, ya no da más y solicita auxilio. De inmediato, se alza en el recinto una voz femenina, grave y jacarandosa: ¡Imata tsaichu embromanqui so inútil, patsaman ishpaj, jaratapaj cholo! ¡Cáynomi gawintsi, cosa chankaicur poncherata. Runtuga racata mayarcur, rasmi shariramun! (¡Qué cosa embromas chola inútil, el huevo advirtiendo la presencia de la vagina rápipo de levanta)   Efectivamente sin mayor esfuerzo, mas con maña y técnica, termina la faena. (secretos profesionales). Luego viene la sincronía de movimientos. Unas alistan los moldes, otras llenan el ponche,  colocan en la ávida pala, para finalmente, el hornero, con solemnidad y cuidado, ingresarlas por las ardientes fauces del amplio horno y descansarlas en su limpio y atemperado piso. Antes ya pasaron los “yacutantas” y las “roscas”. Luego de los bizcochuelos, para cerrar la faena, vendrán los pletóricos “Bizcochos” de hermosa silueta. Así, entre aromas de eucalipto, molle y san pablo; y entre el efusivo vítor, de los presentes saludando la feliz jornada, concluye la faena. 
          Mi homenaje y cariño a “Tía Pelagia” que junto a su extinto esposo, el también querido, “Tío Benito” esculpieron con esfuerzo y tesón su nombre en el selecto grupo de artesanos que dejaron honda huella en la vida de nuestro pueblo, no sólo por su indiscutible calidad  de panaderos, sino también, por haber legado a sus hijos y a un buen grupo de jóvenes sus enseñanzas, muchos de ellos, convertidos hoy en día, en prósperos empresarios de la planificación. Aquella, es una función relevante y trascendente, digna de encomio. Asimismo, un reconocimiento especial a sus hijas Marlene y “Adri” que con suma generosidad ponen a disposición de sus clientes todo su andamiaje y esfuerzo, con el mismo talante jacarandoso de su madre. 
 Abelardo Malqui Hidalgo

 

domingo, 3 de agosto de 2014

¡Adiós a un caballero!


                                                                                                  


“Así como una jornada bien empleada produce un dulce sueño,
 así una vida bien usada causa una dulce muerte”
 Leonardo Da Vinci

          El sábado pasado, 02 de agosto, en una tarde gris para la gran familia huarina, despedimos los restos mortales de Fausto Bar Osorio. Sin embargo, a pesar de la triste circunstancia de su muerte física, acudimos a ofrendarle nuestro cariño y respetuoso recuerdo y homenaje revestido con las luces que alumbraron su larga existencia. Resultó difícil discursear ante la tumba de un hombre que vivió muchos años y cultivó parcelas lozanas en donde fructificaron amistades. No resultó fácil describir a un PERSONAJE, que es como lo definía nuestro querido paisano Alberto Córdova “Asheque”, en una de las noches de su concurrido velorio,  citas postreras henchidas de nostalgias y evocaciones. Me parece que aquella palabra PERSONAJE es la que con más presición define al inopinado viajero que se fue sin previo aviso dejándonos sumidos en el dolor y la incredulidad. ¿Cómo fue este personaje de mi pueblo que culmina su tránsito alegre en la tierra e inicia su viaje hacia las estrellas? 

           Aficionado a la gallística como pocos, tradición que lo cultivó con esmero y sabiduría, formando parte de aquella pléyade de galleros consagrados por la historia nuestra, en una época dorada de la gallística huarina y conchucana, con Víctor Arana de Chavín, los Zusunaga y Alfaro de San Marcos, los hermanos Jo de Pomabamba y junto a los nuestros: Teofilo Cachay, Julio Vizcarra, Ili Pancho, etc. 

           También, en sus años mozos, con el mismo esmero y sabiduría, con esfuerzo y amor que implican preservar las tradiciones de nuestro pueblo, cultivó el arte de la crianza de caballos, en ese fortín apacible, hermoso y bucólico de Quichuas bañado por, el ora manso y ora torrentoso, Mosna. 

           Y si algún rasgo de su personalidad refulgió y no se apagó en su vida a pesar del paso cancino de los años, fue su elegancia, su calidad de caballero de estampa fina y modales envidiablest.  Tampoco se apagó, ni siquiera cuando ya asomaba el crepúsculo de tu existencia, su arte y destreza en la ejecución del vals, del paso doble y el tango, para delicia de amigos, en tantas reuniones sociales, familiares y amicales. 

          Aún recuerdo, con nostalgia, en casa de mi abuela Pilar, algunos rastros de su afición por la caza de venados, que iba a la par con su afición al tiro, no en vano fue uno de los fundadores del “Club de tiro de Huari” a inicios de los sesenta del siglo pasado. Organizados en auténticos clubes de entrañable camaradería junto a Mons. Dante Frasnelly, Elías Pardavé, Víctor Pretel, Eduardo Agüero, Javier Morales, entre otros, emprendían safaris por las ríspidas cumbres del hermoso proscenio andino, testigo de innumerables rituales de caza, donde se tejieron miles de anécdotas, como aquella cuando encontraron a un pequeño e indefenso venadito en “Chicupata”, frente a Pomachaca, al que criaron con cariño y le “bautizaron” con el lindo nombre de “Choloque” , hermoso, noble y divertido animal que forma parte de la biografía familiar y  la memoria del vecindario. 

            Esos fueran algunos de los espacios geográficos y afectivos del largo sendero de este hombre que supo vivir la vida con alegría y amarla como pocos. Un hombre que privilegió su existencia llenando su maleta viajera, en este mundo, con múltiples facetas que hoy con grande cariño y hondo pesar, me atrevo a compartir.

             Finalmente destacar también sus credenciales de ciudadano comprometido con el destino de su pueblo. Asumió responsabilidades de regidor provincial y alcalde accidental de la honorable comuna huarina, cuando esta función tenía el sello del servicio desinteresado y no con el afán infame de medrar a costa las arcas sagradas de su pueblo. Como empleado público, trabajo en los años aurorales de la Planta Eléctrica de Huari, luego en la "Casa de Consignaciones"  y finalmente en el Banco de la Nación, sirviendo así a su pueblo y a su patria grande.

          Buen viaje querido tío, que el gran Dios y la Virgen María te reciban en su santa mansión. Adiós “Buen Gringo”, que es como te llamaba la abuela Pilar que a estas horas de la tarde, junto a tía Soledad, ya estará preparando la “Chicha en caldo”, esa delicia endina, para recibirte; y el gran “Lolo” Fernández ya te llamará más tardecita para poder charlar en el cielo sobre tu querido “Universitario de deportes” y de seguro que se colarán el tio Pancho Trujillo y el tío Wicacha para recibirte con un par de heladitas. 

¡¡Adiosito, chausito querido tío!! 

(Discurso fúnebre en honor a mi querido tío Fausto Bär Osorio 
en el cementerio "Jardines de la Paz"  de la Molina - Lima)