domingo, 3 de agosto de 2014

¡Adiós a un caballero!


                                                                                                  


“Así como una jornada bien empleada produce un dulce sueño,
 así una vida bien usada causa una dulce muerte”
 Leonardo Da Vinci

          El sábado pasado, 02 de agosto, en una tarde gris para la gran familia huarina, despedimos los restos mortales de Fausto Bar Osorio. Sin embargo, a pesar de la triste circunstancia de su muerte física, acudimos a ofrendarle nuestro cariño y respetuoso recuerdo y homenaje revestido con las luces que alumbraron su larga existencia. Resultó difícil discursear ante la tumba de un hombre que vivió muchos años y cultivó parcelas lozanas en donde fructificaron amistades. No resultó fácil describir a un PERSONAJE, que es como lo definía nuestro querido paisano Alberto Córdova “Asheque”, en una de las noches de su concurrido velorio,  citas postreras henchidas de nostalgias y evocaciones. Me parece que aquella palabra PERSONAJE es la que con más presición define al inopinado viajero que se fue sin previo aviso dejándonos sumidos en el dolor y la incredulidad. ¿Cómo fue este personaje de mi pueblo que culmina su tránsito alegre en la tierra e inicia su viaje hacia las estrellas? 

           Aficionado a la gallística como pocos, tradición que lo cultivó con esmero y sabiduría, formando parte de aquella pléyade de galleros consagrados por la historia nuestra, en una época dorada de la gallística huarina y conchucana, con Víctor Arana de Chavín, los Zusunaga y Alfaro de San Marcos, los hermanos Jo de Pomabamba y junto a los nuestros: Teofilo Cachay, Julio Vizcarra, Ili Pancho, etc. 

           También, en sus años mozos, con el mismo esmero y sabiduría, con esfuerzo y amor que implican preservar las tradiciones de nuestro pueblo, cultivó el arte de la crianza de caballos, en ese fortín apacible, hermoso y bucólico de Quichuas bañado por, el ora manso y ora torrentoso, Mosna. 

           Y si algún rasgo de su personalidad refulgió y no se apagó en su vida a pesar del paso cancino de los años, fue su elegancia, su calidad de caballero de estampa fina y modales envidiablest.  Tampoco se apagó, ni siquiera cuando ya asomaba el crepúsculo de tu existencia, su arte y destreza en la ejecución del vals, del paso doble y el tango, para delicia de amigos, en tantas reuniones sociales, familiares y amicales. 

          Aún recuerdo, con nostalgia, en casa de mi abuela Pilar, algunos rastros de su afición por la caza de venados, que iba a la par con su afición al tiro, no en vano fue uno de los fundadores del “Club de tiro de Huari” a inicios de los sesenta del siglo pasado. Organizados en auténticos clubes de entrañable camaradería junto a Mons. Dante Frasnelly, Elías Pardavé, Víctor Pretel, Eduardo Agüero, Javier Morales, entre otros, emprendían safaris por las ríspidas cumbres del hermoso proscenio andino, testigo de innumerables rituales de caza, donde se tejieron miles de anécdotas, como aquella cuando encontraron a un pequeño e indefenso venadito en “Chicupata”, frente a Pomachaca, al que criaron con cariño y le “bautizaron” con el lindo nombre de “Choloque” , hermoso, noble y divertido animal que forma parte de la biografía familiar y  la memoria del vecindario. 

            Esos fueran algunos de los espacios geográficos y afectivos del largo sendero de este hombre que supo vivir la vida con alegría y amarla como pocos. Un hombre que privilegió su existencia llenando su maleta viajera, en este mundo, con múltiples facetas que hoy con grande cariño y hondo pesar, me atrevo a compartir.

             Finalmente destacar también sus credenciales de ciudadano comprometido con el destino de su pueblo. Asumió responsabilidades de regidor provincial y alcalde accidental de la honorable comuna huarina, cuando esta función tenía el sello del servicio desinteresado y no con el afán infame de medrar a costa las arcas sagradas de su pueblo. Como empleado público, trabajo en los años aurorales de la Planta Eléctrica de Huari, luego en la "Casa de Consignaciones"  y finalmente en el Banco de la Nación, sirviendo así a su pueblo y a su patria grande.

          Buen viaje querido tío, que el gran Dios y la Virgen María te reciban en su santa mansión. Adiós “Buen Gringo”, que es como te llamaba la abuela Pilar que a estas horas de la tarde, junto a tía Soledad, ya estará preparando la “Chicha en caldo”, esa delicia endina, para recibirte; y el gran “Lolo” Fernández ya te llamará más tardecita para poder charlar en el cielo sobre tu querido “Universitario de deportes” y de seguro que se colarán el tio Pancho Trujillo y el tío Wicacha para recibirte con un par de heladitas. 

¡¡Adiosito, chausito querido tío!! 

(Discurso fúnebre en honor a mi querido tío Fausto Bär Osorio 
en el cementerio "Jardines de la Paz"  de la Molina - Lima) 


   

miércoles, 11 de junio de 2014

Apuntes de bitácora: Instituto Superior Pedagógico de Huari 30 años después......



"30 AÑOS DESPUÉS…"
"No desprecies el recuerdo del camino recorrido. Ello no retrasa vuestra carrera,
 sino que la dirige; el que olvida el punto de partida pierde fácilmente la meta."
  Pablo VI


      Corrían los primeros días del ya lejano febrero del  84, días  dificiles para la patria, sacudida y enrarecida  por una creciente crispación política. sello distintivo que caracterizó al  segundo gobierno del  arquitecto Fernando Belaunde Terry: La economía recesada, el  terrorismo en ascenso,  sueldos de los empleados públicos en picada, el ambiente social convulsionado por las demandas de los diferentes gremios sindicales y el embalse de espectativas que no fueron atenuadas tras el retorno de la democracia, marcaban la impronta del segundo gobierno "acciopopulista". Dos huarinos nos representaban en  la Cámara de Diputados del Parlamento Nacional: Zócimo Vicuña Vidal y Amancio Cachay Chavez, cuyas gestiones no pretendo ni  juzgarlas ,  ni criticarlas Sin embargo  mencionar y destacar sus  buenos oficios para la reapertura de un Centro de Formación Magisterial en la ciudad de Huari, luego de casi 14 años de cerrada  la "Escuela Normal"
        Encontrándome en  Lima,  en plena preparación  para postular a la universidad, recibí la carta de mi padre, en ella me comunicaba  con tiernas, cariñosas y persuasivas palabras, que debía retornar a Huari y postular al Programa de Formación Magisterial, una especie de filial del Instituto Superior Pedagógico de Huaraz, que abría sus puertas a la juventud estudiosa de Conchucos. Fue así que, como muchos otros jóvenes de mi generación, retorné  para quedarme largos y felices años.  
      Los exámenes,  por aquellos tiempos, los elaboraba y controlaba directamente el Ministerio de Educación. Las pruebas se trasladaban lacradas desde Lima y se abrían delante del fiscal provincial para garantizar su transparencia. Cerca de 300 postulantes esperábamos ganar una de las 45 vacantes que se ofrecía. La competencia prometía y también preocupaba. En las primeras horas de la mañana del día indicado, largas colas de jóvenes de diferentes lugares del departamento, adornaban el recinto de la, por entonces, "Escuela Primaria de Mujeres", situada en el Barrio de Virá. Fueron  dos horas y media  cruciales que definieron el destino de muchos de nosotros. Luego  de largas horas,  rozando ya la noche, se publicó el Cuadro de Méritos ante la impaciencia de los postulantes y familiares. A esas horas,  cuando me encontraba girando en el Parque Vigil, tratando de disipar la tensión y la ansiedad, mi padre y mi hermano Gino, me comunicaron que había ingresado ocupando el primer puesto. Recuerdo con singular emoción la alegría de mis padres y el abrazo largo y emocionado  de mi hermano mayor. Aquel examen redefinió el derrotero de mi existencia  ¡Qué duda cabe!
          Lo que vino después del éxamen, graficaba con nitidéz la improvisación , la carencia de planificación y el voluntarismo con que se manejaba y se maneja todavía la educación y la formación de maestros: No teníamos, ni local, ni  mobiliario, ni maestros. Así nació el Instituto Superior Pedagógico de Huari, lleno de necesidades y carencias. Tenían que pasar algunos meses para que la Dirección Regional de Educación de Ancash envie dos profesores y atenuar la tensión y el enojo de nosotros, los ingresantes,  y de nuestros padres.  Ellos fueron:  la profesora Nelly Villanueva y el Prof Tinoco. Su breve paso, en un momento crítico , no fue impedimento para que dejen constancia de su calidad de buenos  maestros.  La profesora Nelly, en la actualidad,  es una de las personalidades mas calificadas, en el campo educativo, de la capital de nuestro departamento. 
         Cuando corrían los primeros días de junio,  se hizo cargo de la dirección el Prof. Alejandro Valerio Alegre Valverde, un maestro de grata recordación por su inteligencia y brillante formación académica. Él nos acompañó los cuatro años de nuestra formación docente. Fue un gestor, además de dinámico  y polifacético. Un orador de polendas que cada lunes, desde el vetusto proscenio nos regalaba su sabiduría, sus sanos consejos y también sus acalorados sermones. "Alichito" se yergue inolvidable  en mi memoria. Supo sobreponerse a las dificultades y a los  soterrados, mezquinos y voraces intereses políticos que minaron, años después, el prestigio  de nuestra querida institución, 
         Volviendo al carril de aquel camino sinuoso y  alegre, orillado de multicolores vivencias, donde las mañanas y  tardes   de aprendizaje, tan feraces como las sementaras de los  mayos y junios de estío, marcaron con tinta indeleble nuestro formación profesional y que junto a  los eventos académicos, deportivos, sociales y  culturales, principalmente éste último,  nos distinguieron frente a la opinión de nuestros paisanos, me permiten proclamar y preciarme con el mayor orgullo, de haber pertenecido a esa hornada de alumnos que años después contribuyeron y contribuyen aún a engrandecer  la patria. 
       Cómo olvidar a todos ellos, más que compañeros amigos, más que paisanos hermanos. Grupo de alumnos que supimos ganarnos el aprecio de la comunidad  a base de esfuerzo y trabajo. Pisando aquel peldaño nuevo de nuestra formación, inyectámosle entusiasmo y lozanía al  quehacer educativo y estudiantil,  con actividades de proyección social  y tambien con actividades culturales tendientes a devolverle a Huari  su sitial de capital cultural y educativa de Conchucos. Reiniciamos así, una etapa  llena  de inquietud cultural, con   noches de teatro, de recitales y  sociodramas con enorme suceso en la comunidad. Con un número  reducido de alumnos inauguramos una etapa nueva llena de efervescencia juvenil que trascendió más allá  de los linderos de nuestra casa de estudios. Visitamos y nos visitaron nuestros homólogos de Huaraz, Yungay, Caraz, Pomabamba, Chimbote y Chiquian, en caravanas de estudiantes para intercambiar experiencias  de inter-aprendizaje  y protagonizar  tardes memorables de fútbol, Básquet y Voley.  Destacar también,  que gracias al talante artístico de aquel grupo de alumnos se pusieron en escena clásicos del teatro Ancashino: "El Huancapetí está negreando", "El Sacrifico de una madre" , "El Campesino"   y "En el cielo te espero"  éste último nos valió el reconocimiento del Instituto Nacional de Cultura que,  gracias a nuestra performance en la ciudad de Huaraz, nos cursó una  invitación para presentarnos en el "Teatro Segura" de la ciudad Capital de la República. 
            Salud,  con mis compañeros de la “Primera  Promoción” en el lugar  donde se encuentren. Salud por las horas compartidas, por los lazos fortalecidos al calor de nuestros aprendizajes, de nuestras coincidencias, también de nuestras discrepancias, Salud por la camaradería y espíritu progresista que nos distinguió, por las tardes de fútbol, por las conversas entrañables, por los círculos  y citas de estudios, por los apuros naturales de aquéllas horas, por  las avanzadas culturales, por nuestros maestros, por nuestros padres y por nuestro lindo Huari.  Salud,  por los que se fueron a un lugar mejor  y por lo que jamás se irá: Nuestra amistad. 
        Mi respetuoso y cariñoso recuerdo a los que, tempranamente, nos abandonaron para alzar vuelo hacia un  lugar mejor: Fausto Ortega Valle, Reinaldo Llacuash Santiago, Grimaldo Espinoza, Máximo Acuña Huerta. Para  ellos mi homenaje, mi recuerdo y mis lágrimas de compañero, amigo y hermano. Hay momentos, como éste,  en que los designios de Dios asoman dolorosos e inaceptables. Vidas truncas, profesionales con enorme proyección , mejores amigos y compañeros, partieron prematuramente. Dios los tenga en su gloria. 
     Finalmente , mi reconocimiento a todos los maestros de aquella época auroral de nuestra formación profesional : Nelly Villanueva, Tinoco, Gregorio Fernández, Magno Acuña Villajuán, Humberto Lora Pardavé, Juan Mory Zevallos, Cayetano Sotelo, Wagner Avendaño Hidalgo, Edwin Avendaño Hidalgo, Luís Beltrán Herrera Nava,  Félix Asencios Pantoja, Víctor Rodríguez Tuya, y como personal de servicio: Serafín Tamayo (+)  y Luis Mendoza.  


Al culminar el Primer Ciclo- Diciembre de 1 984
        
Instantánea inédita de la Primera Promoción - Junio de 1984


        Inicio de la práctica profesional: Miguel Solís Nava, Javier Solis  Barrón
Abelardo Malqui Hidalgo,  Miguel Angel Vidal Solís, Juvenal Acuña Paredes
 y Samuel Hidalgo Espinoza. Huari. Septiembre de 1986       
        





domingo, 18 de mayo de 2014

EDITORIAL: La necesidad de un “Estadio Municipal”


  
"Sólo cabe progresar cuando se piensa en grande, 
sólo es posible avanzar cuando se mira lejos"
José Ortega y Gasset


    Han pasado los años dejando a su paso indelebles recuerdos en la memoria colectiva de nuestro pueblo y descubriendo cómo las obras materiales van quedando obsoletas, ruinosas y decrépitas de tanto habernos servido, algo así como que “la vida que les falta, sea la vida que nos dieron”. Huari ha crecido con algo de vértigo, aunque desordenadamente, su población se ha incrementado considerablemente por el fenómeno de la migración y otros factores socio- económicos y políticos, cuenta con más centros educativos e instituciones privadas y públicas, muchas de ellas dando fe de una descentralización, en realidad, inexistente. 

    En el análisis de la situación de la capital de nuestra provincia, se constata una necesidad prioritaria: “El Estadio Municipal”, cuya concreción no puede esperar más de lo esperado, máxime si tomamos en cuenta que el que tenemos, además de no ser propiedad del pueblo, no cuenta ni con las condiciones, ni los requisitos que la modernidad exige e impone para la práctica del fútbol, el deporte más popular del planeta: Medidas reglamentarias, pista atlética, gramado, tribunas confortables, mallas de seguridad, camerinos, entre otras. Además, el que tenemos, ya no se da abasto para satisfacer a nuestra niñez y a nuestras entusiastas muchedumbres. Sin embargo, las últimas gestiones ediles no parecen haber advertido tan evidente carencia, salvo en épocas electorales, donde suelen enamorar al electorado con repletas y, en su mayoría, demagógicas ofertas, que una vez concluidas o se volatilizan o se almacenan en gigantes ostras para dormir el sueño de los justos. Aunque sea doloroso admitir, los que llegan al sillón municipal, lo hacen con los portafolios vacíos y anémicos de planes y programas, no hay, en su mayoría, la vocación de servir, sino de servirse. A umbrales de su Bicentenario, Huari aún divaga en las penumbras borrascosas de la carencia, el caos y la ineptitud. 

    El deporte en general y el fútbol en particular suelen ser en los pueblos del Perú profundo, los “barco insignia”, razón y motivo de orgullo, y sus Estadios, una de sus cartas de presentación. Así lo entendieron algunas provincias hermanas de menor población y tradición deportiva que la nuestra, y demás esta decir, sin los recursos y oportunidades con los que contamos nosotros. Por citar algunas: Pomabamba, inauguró hace 20 años su amplio y moderno estadio con cómodas instalaciones; Recuay, cuenta con uno de los más modernos de la zona sierra de nuestra Región, ni hablar de Casma con su hermoso “Valeriano López” y otras como Yungay y Caraz no se quedan atrás. Es que el fútbol es algo así como el más delicioso sazonador de la vida de los pueblos, que desde su feliz invención, por los “Anglosajones”, en el alborotado siglo decimonónico, ha encandilado a la humanidad, ubicándola en las antípodas del egoísmo, de la segregación, de la guerra, uniendo pueblos, construyendo amistades. 

    Finalmente,  decir que si no invertimos en infraestructura deportiva, no podemos aspirar que nuestra niñez y juventud crezcan en la práctica del deporte, bastión substancial de su desarrollo. Hacer realidad el sueño, todavía irredento, de un “Estadio del pueblo” asoma como el justo tributo a nuestro mayor capital humano y que abrirá las puertas para ulteriores éxitos deportivos. Si antaño tuvimos glorias y preseas deportivas de trascendencia y que marcaron época, hoy, lamentablemente ya no las tenemos, porque justamente, la precaria, obsoleta y descuidada infraestructura dificulta y limita porque nuestros valores se proyecten más allá de nuestras fronteras. Amén. 

lunes, 21 de abril de 2014

Una travesía inolvidable

Una travesía inolvidable
 ( I parte )

 "Yo creo que todavía no es demasiado tarde para construir
 una utopía que nos permita compartir la tierra".
 Gabriel García Márquez 

       Los feriados de Semana Santa,  nos invitan a salir de Lima en busca de suculentos destinos. Nuestra patria inmensa, diversa, compleja, además hermosa, nos ofrece muchos. Creo que cada viaje tiene una relación con el tiempo y la edad en que lo haces. Cuando niños, nos consume la simpleza de la curiosidad, cuando jóvenes,  con las hormonas alborotándonos, nos distraen otras “tentaciones”, lo afirmo desde mi propia experiencia. Ahora que los años han pasado,  lo disfruto con los mismos ojos, pero con más sosiego y sabiduría. 

       Salimos de Lima el Jueves Santo,  muy temprano, rumbo a Chala, distrito costero de la Prov. arequipeña de Caravelí. Raudos, en fraternal caravana, con Miguel Carlos Márquez, William Hidalgo Falcón y mi Hermano Vladimir en los volantes de  impetuosos bólidos que consumían con fragor los largos kilómetros que proponía la travesía, íbamos dejando a nuestro paso el cielo plúmbeo limeño que, sin embargo,  anunciaba días de sol.  Cuando llegamos a Chincha, nos frenamos un tanto debido a la larga multitud de vehículos que avanzaba lentamente por obvias razones. Llegamos a las Líneas de Nazca, hicimos un alto ahí, avistamos las enigmáticas líneas con la admiración y el respeto que nos inspiraban nuestros antepasados. En esta época del año, el río Grande con su caudal en picada, por la llegada del otoño y la retirada de las lluvias en la serranía,   suele bajar mas discreto e inofensivo.  Pernoctamos en la ciudad de Nazca, para el Viernes Santo, con las primeras luces, partir a Chala. El trayecto hacía este lugar es particularmente hermoso: El mar inmenso, las playas, el inacabable arenal, los balnearios, el sol esplendoroso, los escasos oasis, los pequeños puertos, nos recuerdan con su murmullo, susurro, bravura, brillantez y lozanía, nuestra condición de habitantes privilegiados de una patria milenaria y hermosa.

        Llegando a Chala, cerca del extremo sur de nuestra patria, hay un desvío que conduce a las alturas ayacuchanas,  ahí donde se empina el soberbio “Sara Sara” y a sus pies, al oeste de las inmensa pampa,  reposan las mansas y frías aguas de la laguna de Parinacochas. La carretera, bien afirmada, no esconde lo peligroso de la cuesta zigzagueante. Los choferes, obligados por la circunstancia, esconden su miedo en las apretadas maletas, para que no cunda entre las damas y niños. El convoy avanzaba en tensa calma hacia las alturas, debido al desconocimiento de la ruta, mas no a la pericia de nuestros pilotos.   Después de casi tres largas  horas vislumbramos con alegría y alivio la altiplanicie, al este del mismo,  el nevado del Sara Sara,  que cual perpetuo diadema se yergue   gigantesco, intimidante y altivo; y al oeste , la laguna “Parinacochas”. El nevado y la laguna,  forman un dueto de colosales dimensiones geográficas e históricas para los habitantes de esta zona del Perú andino. Su enorme influencia se remonta a los albores de la civilización del hombre ayacuchano. 

      Después de ganar la breve altiplanicie, se desciende hacia el valle, primero nos da la bienvenida la ciudad de “Cora Cora” capital de la provincia de Parinacochas, una ciudad con mucha historia y tradición. Luego de un tramo relativamente breve nos hace lo mismo la ciudad de Pauza , capital de la provincia de Paucar del Sara Sara, llamada también como “La Capital Cervantina de América” porque a mediados de la primavera (noviembre) del año 1607, los habitantes coloniales mestizos y naturales, a iniciativa de Corregidor Pedro de Salamanca, realizaron un homenaje al nuevo Virrey Juan de Mendoza y Luna, Marqués de Montesclaros, escenificando la gran obra literaria de Miguel de Cervantes Saavedra "Don Quijote de la Mancha". Esta actuación, realizada en la Plaza de Armas de Pauza, fue la primera en América y la segunda en el Mundo. La primera vez fue en Valladolid (España) en el año 1605, celebrando el nacimiento del Príncipe Don Felipe. Es una ciudad donde el tiempo parece haberse detenido. Algo así como nuestro  Huari sesentero, pero con una sola plaza y calles escasas, Ciudad  de habitantes hospitalarios y respetuosos. Su iglesia y su Plaza de armas bien cuidadas y el transito ordenado  y señalizado, a pesar del  escaso flujo -en ese aspecto nos ganan a los huarinos por goleada- sin embargo, se pueden notar fácilmente sus carencias y necesidades que  hablan de olvidos seculares. La buena conservación de sus carreteras y la atención de sus hijos predilectos: El presidente de la República y la Primera dama Nadine Heredia, cuyos padres son natos de esta provincia, han auspiciado mejoras notorias en la vida de sus habitantes. Las numerosas tareas pendientes, como las hay en muchos  villorios,  distritos y provincias del Perú profundo, tanto en salud, educación, vivienda, agricultura, y otros, desmienten el crecimiento y la bonanza económica.(estos pueblos no comen ni parten el pastel) Se necesitan gobiernos con talante inclusivo, honestos y capaces. La corrupción y la ineptitud deben desterrarse de nuestra patria. En esta ciudad pernoctamos, participamos de su Viernes Santo solemne, de su liturgia ágil y entretenida, de sus hermosas letanías, de sus canciones y melodías sacras tan tristes y desgarradoras, de su precioso “runa simi” agigantándose en las voces piadosas de los feligreses, y el sermón de las siete palabras, a cargo de las autoridades previamente designadas. La procesión solemne, primero por el perímetro de su Plaza Mayor, para el efecto ornada con hermosas alfombras, y luego por las calles de la ciudad, discurría solemne y pausado, prolongándose hasta los primeros gallos del siguiente día.

       En cuanto a la nota entrañable de esta pintoresca ciudad, me quedo con el saludo atento y cariñoso de un niño,  cuando salía del hospedaje: - Buenas tardes señor, ¿Cómo se llama? ¿Qué le trae por estas tierras?  me dijo. Lo tierno y atento del saludo, impropio de estos tiempos de sequías de buenos modales, me sorprendió. Recuperado de la gratísima sorpresa, emprendimos una charla, casi de viejos amigos. Su nombre es Rubén Ayala, niño de sonrisa fácil, espontáneo, de voz dulce como el trino del gorrión, Las palabras, la agudeza y los modos de seres humanos , como este pequeño , son los que generan esperanza y sosiego para pensar en mejores destinos para aquellos pueblos olvidados. (Continuará) 

jueves, 17 de abril de 2014

"Algo sobre nuestras mascotas..."


     ¿Quién no ha tenido una mascota en casa?  ¿Un perro, un gato, en especial el primero? En la biografía familiar, constan  su pelambre, su aullido, sus saltos  cariñosos y el consabido bailar de su cola. La memoria familiar,  no está exenta  ni de su nombre,   ni de sus hazañas:
      “Hitler”, el guardián de  la  vieja  casa de mis abuelos maternos,  es  el que más lejanamente se ubica en  mi  memoria. Hermoso animal  pintado de rubio y blanco lustrosos. Cuando niños, nos hacia jugar, nos cuidaba y ladraba con ternura; era el cómplice  habitual y  el  infaltable compañero de  nuestras travesías por los senderos  inolvidables de nuestra  infancia, allá  en el viejo y  polvoriento  “Jegcha”. Sus hazañas han quedado registradas en  la memoria  familiar, como aquellas cuando  aniquilaba  robustos  "Achacus" (mucas), que osaban  internarse en  el terrado, ahí donde se ubicaban los  frescos lechos, llamadas “trojas” repletos de apetecibles  tubérculos: papa, oca y olluco,  y en las robustas asuanas dormían plácidas frijoles, habas, trigo, cebada y el “jarallustu”. Además, en una más pequeña, el lino. Recuerdo también  que en los aleros más altos  colgaban  y columpiaban las  doradas “huayuncas”, mazorcas de .maíz, bien ordenaditas por su tamaño y color.  De todas ellas, túberculos y granos, las más saludables en lugar aparte, reservadas para el sombrío venidero. Estás últimas, eran las más apetecibles para los bribones "Achacus". Allí osaban llegar,  a hurtadillas,  en las silentes madrugadas  Después de fieras luchas sucumbían ante la bravura de nuestro  noble guardián.

     “Gitana”, es la que vive ceñida al recuerdo de  mis padres  y  sus siete  hijos, Una compañía absolutamente importante, porque su existencia regó de alegría nuestra casa  por más de tres lustros. Tenía el don de la nobleza, sus ojos hermosos trascendían paz,  su imagen   parecía omnipresente, la veíamos ora  acompañando a mamá  en la cocina, ora retozando en el patio bajo los frutales y Bugambilias, ora correteando a las intrusas palomas o gatos techeros en el  entablado del segundo piso, sin embargo, era el viejo portón, su sitio favorito, sabia que su misión principal era  el de custodiar la casa. Fue testigo de las dolorosas diásporas, de los adioses  prolongados. Vio partir con inocultable dolor a mis hermanos, en especial a los menores,  con quienes se involucró más, en el juego, en la caricia y  en la complicidad. Sólo le faltaba hablar, transmitía su adhesión de formas tan increíbles: Cuando don Heráclides Miranda, dueño de la cabina telefónica comunitaria del Huari de entonces, nos anunciaba con el consabido  “llamada de Italia”,  la primera en salir, alegre y presta, era ella. Dábase vueltas y vueltas en la cabina,  sus sonoros ladridos eran, que duda cabe, su saludo  cariñoso a los ausentes. Escena entrañable realmente. Mi Gitanita , también  debo  escribirlo,  fue la única que me "pillaba" , en algún punto de las ciudad  o de su periferie,  en ocultas citas idílicas. Creo que este último suele suceder  en pueblos chicos como el nuestro. 

     “Tarzán”,  así se llamaba la mascota de mi  hijo,  aún  pequeño entonces, Fue su amigo, su  compañero, su aliado. Nuestro inolvidable Tarzán, el que nos deleitó  con sus felinos saltos, el de los  elocuentes  saludos, el de la oreja juguetona  y encantadora, es el de mayor recordación para mi hijo, para su madre  y para mí. Desgraciadamente,  nos lo arrebato el “distemper“ con sus sepas virulentas, con su  crueldad  e iniquidad.  Impotentes,  ante el cuadro doloroso  luchamos, en vano,  para  recuperarlo. Una  inyección letal puso fin a su breve, pero para nosotros, importante existencia. Tan importante que, cuando murió,  no pudimos contener el llanto por su  partida. La triste experiencia  nos  marcó y prometimos  nunca más criar un perro. Desde aquel entonces  han pasado mas de quince  años. Sin embargo, una llamada telefónica de mi querido hermano Vladimir y mi cuñada Noryta, anunciando,  que me tenían reservado un regalo,  quebró la promesa. El regalo de marras,  era una linda  cachorra  que la hemos  “bautizado” con el nombre de Núha

     Núha, (nombre  de origen islámico que significa sabiduría y  prudencia) es una cachorrita encantadora, que se adueñó en breves  días de nuestro cariño y  atención. Su historia la irá escribiendo de a pocas junto a nosotros. Es el nuevo integrante de la familia, la que ha añadido alegría a nuestra casa. De a pocas, ya va adaptándose a su nuevo hogar, conociéndonos más,  y por nuestra parte prodigándole todo el cariño y cuidado necesarios.

     No puedo dejar de mencionar, en esta inaudita  crónica canina , los nombres de algunos perros célebres de nuestro Huari  setentero y ochentero:  Brick, el pastor alemán, de Monseñor  Dante Frassnelly Tarter. Robusto animal que solía acompañar a nuestro obispo en sus caminatas pastorales. Desafortunadamente  fue "ajusticiado" por un   excéntrico sacerdote llamado  Gigi  por desconocidas razones, Otro de los canes conocidos por aquellos años  fue otro Pastor Alemán de propiedad de don Jorge Chavez, nuestro  recordado vecino homónimo de nuestro ínclito aviador. No recuerdo su nombre exactamente, pero sí su  esmirriada figura de magros huesos y de carne enjuta. Solía acompañar a don Jorge a sus labores campestres. Aún niños, temprano en las mañanas y cuando caía la tarde,  lo veíamos pasar  por  la calle Libertad,  parecía levitar con el viento  como la hojarasca...

     Hace algunas décadas atrás, el Ministerio de Salud,  condenaba a algunos de sus trabajadores al escarnio y  la   repulsión. Tenían que cumplir la innoble y cruel misión de  eliminar a los perros de la calle, cosa tan absurda porque la mayoría de ellos, por no decir todos los perros del vecindario, se distinguían por ser callejeros,  de manera que, frente a tamaña amenaza, los desesperados amos  ponían a sus "leales amigos" a buen recaudo. No obstante,  muchos eran sacrificados. Hoy por hoy, estos nobles y leales animalitos, son protegidos por la ley y se  han ganado el derecho de vivir sin  afrentosas amenazas. Bien lo decía el gran Mahatma Ghandi  "La grandeza de un pueblo se mide por la forma en que trata a sus animales"

         Finalemente, amables lectores, permítanme saludar a  todas  las mascotas, en especial a: "Osito" la mascota de mis queridos padres; "Charlie",  el viejo sabueso de mi hermano Anderson, "Bronco" de mi hermano Michel, "Ori" de mi cuñado Homero y la pequeña "Chiza" de mi hermano Vladimir  y, por su puesto a   nuestra querida Núha.