miércoles, 11 de junio de 2014

Apuntes de bitácora: Instituto Superior Pedagógico de Huari 30 años después......



"30 AÑOS DESPUÉS…"
"No desprecies el recuerdo del camino recorrido. Ello no retrasa vuestra carrera,
 sino que la dirige; el que olvida el punto de partida pierde fácilmente la meta."
  Pablo VI


      Corrían los primeros días del ya lejano febrero del  84, días  dificiles para la patria, sacudida y enrarecida  por una creciente crispación política. sello distintivo que caracterizó al  segundo gobierno del  arquitecto Fernando Belaunde Terry: La economía recesada, el  terrorismo en ascenso,  sueldos de los empleados públicos en picada, el ambiente social convulsionado por las demandas de los diferentes gremios sindicales y el embalse de espectativas que no fueron atenuadas tras el retorno de la democracia, marcaban la impronta del segundo gobierno "acciopopulista". Dos huarinos nos representaban en  la Cámara de Diputados del Parlamento Nacional: Zócimo Vicuña Vidal y Amancio Cachay Chavez, cuyas gestiones no pretendo ni  juzgarlas ,  ni criticarlas Sin embargo  mencionar y destacar sus  buenos oficios para la reapertura de un Centro de Formación Magisterial en la ciudad de Huari, luego de casi 14 años de cerrada  la "Escuela Normal"
        Encontrándome en  Lima,  en plena preparación  para postular a la universidad, recibí la carta de mi padre, en ella me comunicaba  con tiernas, cariñosas y persuasivas palabras, que debía retornar a Huari y postular al Programa de Formación Magisterial, una especie de filial del Instituto Superior Pedagógico de Huaraz, que abría sus puertas a la juventud estudiosa de Conchucos. Fue así que, como muchos otros jóvenes de mi generación, retorné  para quedarme largos y felices años.  
      Los exámenes,  por aquellos tiempos, los elaboraba y controlaba directamente el Ministerio de Educación. Las pruebas se trasladaban lacradas desde Lima y se abrían delante del fiscal provincial para garantizar su transparencia. Cerca de 300 postulantes esperábamos ganar una de las 45 vacantes que se ofrecía. La competencia prometía y también preocupaba. En las primeras horas de la mañana del día indicado, largas colas de jóvenes de diferentes lugares del departamento, adornaban el recinto de la, por entonces, "Escuela Primaria de Mujeres", situada en el Barrio de Virá. Fueron  dos horas y media  cruciales que definieron el destino de muchos de nosotros. Luego  de largas horas,  rozando ya la noche, se publicó el Cuadro de Méritos ante la impaciencia de los postulantes y familiares. A esas horas,  cuando me encontraba girando en el Parque Vigil, tratando de disipar la tensión y la ansiedad, mi padre y mi hermano Gino, me comunicaron que había ingresado ocupando el primer puesto. Recuerdo con singular emoción la alegría de mis padres y el abrazo largo y emocionado  de mi hermano mayor. Aquel examen redefinió el derrotero de mi existencia  ¡Qué duda cabe!
          Lo que vino después del éxamen, graficaba con nitidéz la improvisación , la carencia de planificación y el voluntarismo con que se manejaba y se maneja todavía la educación y la formación de maestros: No teníamos, ni local, ni  mobiliario, ni maestros. Así nació el Instituto Superior Pedagógico de Huari, lleno de necesidades y carencias. Tenían que pasar algunos meses para que la Dirección Regional de Educación de Ancash envie dos profesores y atenuar la tensión y el enojo de nosotros, los ingresantes,  y de nuestros padres.  Ellos fueron:  la profesora Nelly Villanueva y el Prof Tinoco. Su breve paso, en un momento crítico , no fue impedimento para que dejen constancia de su calidad de buenos  maestros.  La profesora Nelly, en la actualidad,  es una de las personalidades mas calificadas, en el campo educativo, de la capital de nuestro departamento. 
         Cuando corrían los primeros días de junio,  se hizo cargo de la dirección el Prof. Alejandro Valerio Alegre Valverde, un maestro de grata recordación por su inteligencia y brillante formación académica. Él nos acompañó los cuatro años de nuestra formación docente. Fue un gestor, además de dinámico  y polifacético. Un orador de polendas que cada lunes, desde el vetusto proscenio nos regalaba su sabiduría, sus sanos consejos y también sus acalorados sermones. "Alichito" se yergue inolvidable  en mi memoria. Supo sobreponerse a las dificultades y a los  soterrados, mezquinos y voraces intereses políticos que minaron, años después, el prestigio  de nuestra querida institución, 
         Volviendo al carril de aquel camino sinuoso y  alegre, orillado de multicolores vivencias, donde las mañanas y  tardes   de aprendizaje, tan feraces como las sementaras de los  mayos y junios de estío, marcaron con tinta indeleble nuestro formación profesional y que junto a  los eventos académicos, deportivos, sociales y  culturales, principalmente éste último,  nos distinguieron frente a la opinión de nuestros paisanos, me permiten proclamar y preciarme con el mayor orgullo, de haber pertenecido a esa hornada de alumnos que años después contribuyeron y contribuyen aún a engrandecer  la patria. 
       Cómo olvidar a todos ellos, más que compañeros amigos, más que paisanos hermanos. Grupo de alumnos que supimos ganarnos el aprecio de la comunidad  a base de esfuerzo y trabajo. Pisando aquel peldaño nuevo de nuestra formación, inyectámosle entusiasmo y lozanía al  quehacer educativo y estudiantil,  con actividades de proyección social  y tambien con actividades culturales tendientes a devolverle a Huari  su sitial de capital cultural y educativa de Conchucos. Reiniciamos así, una etapa  llena  de inquietud cultural, con   noches de teatro, de recitales y  sociodramas con enorme suceso en la comunidad. Con un número  reducido de alumnos inauguramos una etapa nueva llena de efervescencia juvenil que trascendió más allá  de los linderos de nuestra casa de estudios. Visitamos y nos visitaron nuestros homólogos de Huaraz, Yungay, Caraz, Pomabamba, Chimbote y Chiquian, en caravanas de estudiantes para intercambiar experiencias  de inter-aprendizaje  y protagonizar  tardes memorables de fútbol, Básquet y Voley.  Destacar también,  que gracias al talante artístico de aquel grupo de alumnos se pusieron en escena clásicos del teatro Ancashino: "El Huancapetí está negreando", "El Sacrifico de una madre" , "El Campesino"   y "En el cielo te espero"  éste último nos valió el reconocimiento del Instituto Nacional de Cultura que,  gracias a nuestra performance en la ciudad de Huaraz, nos cursó una  invitación para presentarnos en el "Teatro Segura" de la ciudad Capital de la República. 
            Salud,  con mis compañeros de la “Primera  Promoción” en el lugar  donde se encuentren. Salud por las horas compartidas, por los lazos fortalecidos al calor de nuestros aprendizajes, de nuestras coincidencias, también de nuestras discrepancias, Salud por la camaradería y espíritu progresista que nos distinguió, por las tardes de fútbol, por las conversas entrañables, por los círculos  y citas de estudios, por los apuros naturales de aquéllas horas, por  las avanzadas culturales, por nuestros maestros, por nuestros padres y por nuestro lindo Huari.  Salud,  por los que se fueron a un lugar mejor  y por lo que jamás se irá: Nuestra amistad. 
        Mi respetuoso y cariñoso recuerdo a los que, tempranamente, nos abandonaron para alzar vuelo hacia un  lugar mejor: Fausto Ortega Valle, Reinaldo Llacuash Santiago, Grimaldo Espinoza, Máximo Acuña Huerta. Para  ellos mi homenaje, mi recuerdo y mis lágrimas de compañero, amigo y hermano. Hay momentos, como éste,  en que los designios de Dios asoman dolorosos e inaceptables. Vidas truncas, profesionales con enorme proyección , mejores amigos y compañeros, partieron prematuramente. Dios los tenga en su gloria. 
     Finalmente , mi reconocimiento a todos los maestros de aquella época auroral de nuestra formación profesional : Nelly Villanueva, Tinoco, Gregorio Fernández, Magno Acuña Villajuán, Humberto Lora Pardavé, Juan Mory Zevallos, Cayetano Sotelo, Wagner Avendaño Hidalgo, Edwin Avendaño Hidalgo, Luís Beltrán Herrera Nava,  Félix Asencios Pantoja, Víctor Rodríguez Tuya, y como personal de servicio: Serafín Tamayo (+)  y Luis Mendoza.  


Al culminar el Primer Ciclo- Diciembre de 1 984
        
Instantánea inédita de la Primera Promoción - Junio de 1984


        Inicio de la práctica profesional: Miguel Solís Nava, Javier Solis  Barrón
Abelardo Malqui Hidalgo,  Miguel Angel Vidal Solís, Juvenal Acuña Paredes
 y Samuel Hidalgo Espinoza. Huari. Septiembre de 1986       
        





domingo, 18 de mayo de 2014

EDITORIAL: La necesidad de un “Estadio Municipal”


  
"Sólo cabe progresar cuando se piensa en grande, 
sólo es posible avanzar cuando se mira lejos"
José Ortega y Gasset


    Han pasado los años dejando a su paso indelebles recuerdos en la memoria colectiva de nuestro pueblo y descubriendo cómo las obras materiales van quedando obsoletas, ruinosas y decrépitas de tanto habernos servido, algo así como que “la vida que les falta, sea la vida que nos dieron”. Huari ha crecido con algo de vértigo, aunque desordenadamente, su población se ha incrementado considerablemente por el fenómeno de la migración y otros factores socio- económicos y políticos, cuenta con más centros educativos e instituciones privadas y públicas, muchas de ellas dando fe de una descentralización, en realidad, inexistente. 

    En el análisis de la situación de la capital de nuestra provincia, se constata una necesidad prioritaria: “El Estadio Municipal”, cuya concreción no puede esperar más de lo esperado, máxime si tomamos en cuenta que el que tenemos, además de no ser propiedad del pueblo, no cuenta ni con las condiciones, ni los requisitos que la modernidad exige e impone para la práctica del fútbol, el deporte más popular del planeta: Medidas reglamentarias, pista atlética, gramado, tribunas confortables, mallas de seguridad, camerinos, entre otras. Además, el que tenemos, ya no se da abasto para satisfacer a nuestra niñez y a nuestras entusiastas muchedumbres. Sin embargo, las últimas gestiones ediles no parecen haber advertido tan evidente carencia, salvo en épocas electorales, donde suelen enamorar al electorado con repletas y, en su mayoría, demagógicas ofertas, que una vez concluidas o se volatilizan o se almacenan en gigantes ostras para dormir el sueño de los justos. Aunque sea doloroso admitir, los que llegan al sillón municipal, lo hacen con los portafolios vacíos y anémicos de planes y programas, no hay, en su mayoría, la vocación de servir, sino de servirse. A umbrales de su Bicentenario, Huari aún divaga en las penumbras borrascosas de la carencia, el caos y la ineptitud. 

    El deporte en general y el fútbol en particular suelen ser en los pueblos del Perú profundo, los “barco insignia”, razón y motivo de orgullo, y sus Estadios, una de sus cartas de presentación. Así lo entendieron algunas provincias hermanas de menor población y tradición deportiva que la nuestra, y demás esta decir, sin los recursos y oportunidades con los que contamos nosotros. Por citar algunas: Pomabamba, inauguró hace 20 años su amplio y moderno estadio con cómodas instalaciones; Recuay, cuenta con uno de los más modernos de la zona sierra de nuestra Región, ni hablar de Casma con su hermoso “Valeriano López” y otras como Yungay y Caraz no se quedan atrás. Es que el fútbol es algo así como el más delicioso sazonador de la vida de los pueblos, que desde su feliz invención, por los “Anglosajones”, en el alborotado siglo decimonónico, ha encandilado a la humanidad, ubicándola en las antípodas del egoísmo, de la segregación, de la guerra, uniendo pueblos, construyendo amistades. 

    Finalmente,  decir que si no invertimos en infraestructura deportiva, no podemos aspirar que nuestra niñez y juventud crezcan en la práctica del deporte, bastión substancial de su desarrollo. Hacer realidad el sueño, todavía irredento, de un “Estadio del pueblo” asoma como el justo tributo a nuestro mayor capital humano y que abrirá las puertas para ulteriores éxitos deportivos. Si antaño tuvimos glorias y preseas deportivas de trascendencia y que marcaron época, hoy, lamentablemente ya no las tenemos, porque justamente, la precaria, obsoleta y descuidada infraestructura dificulta y limita porque nuestros valores se proyecten más allá de nuestras fronteras. Amén. 

lunes, 21 de abril de 2014

Una travesía inolvidable

Una travesía inolvidable
 ( I parte )

 "Yo creo que todavía no es demasiado tarde para construir
 una utopía que nos permita compartir la tierra".
 Gabriel García Márquez 

       Los feriados de Semana Santa,  nos invitan a salir de Lima en busca de suculentos destinos. Nuestra patria inmensa, diversa, compleja, además hermosa, nos ofrece muchos. Creo que cada viaje tiene una relación con el tiempo y la edad en que lo haces. Cuando niños, nos consume la simpleza de la curiosidad, cuando jóvenes,  con las hormonas alborotándonos, nos distraen otras “tentaciones”, lo afirmo desde mi propia experiencia. Ahora que los años han pasado,  lo disfruto con los mismos ojos, pero con más sosiego y sabiduría. 

       Salimos de Lima el Jueves Santo,  muy temprano, rumbo a Chala, distrito costero de la Prov. arequipeña de Caravelí. Raudos, en fraternal caravana, con Miguel Carlos Márquez, William Hidalgo Falcón y mi Hermano Vladimir en los volantes de  impetuosos bólidos que consumían con fragor los largos kilómetros que proponía la travesía, íbamos dejando a nuestro paso el cielo plúmbeo limeño que, sin embargo,  anunciaba días de sol.  Cuando llegamos a Chincha, nos frenamos un tanto debido a la larga multitud de vehículos que avanzaba lentamente por obvias razones. Llegamos a las Líneas de Nazca, hicimos un alto ahí, avistamos las enigmáticas líneas con la admiración y el respeto que nos inspiraban nuestros antepasados. En esta época del año, el río Grande con su caudal en picada, por la llegada del otoño y la retirada de las lluvias en la serranía,   suele bajar mas discreto e inofensivo.  Pernoctamos en la ciudad de Nazca, para el Viernes Santo, con las primeras luces, partir a Chala. El trayecto hacía este lugar es particularmente hermoso: El mar inmenso, las playas, el inacabable arenal, los balnearios, el sol esplendoroso, los escasos oasis, los pequeños puertos, nos recuerdan con su murmullo, susurro, bravura, brillantez y lozanía, nuestra condición de habitantes privilegiados de una patria milenaria y hermosa.

        Llegando a Chala, cerca del extremo sur de nuestra patria, hay un desvío que conduce a las alturas ayacuchanas,  ahí donde se empina el soberbio “Sara Sara” y a sus pies, al oeste de las inmensa pampa,  reposan las mansas y frías aguas de la laguna de Parinacochas. La carretera, bien afirmada, no esconde lo peligroso de la cuesta zigzagueante. Los choferes, obligados por la circunstancia, esconden su miedo en las apretadas maletas, para que no cunda entre las damas y niños. El convoy avanzaba en tensa calma hacia las alturas, debido al desconocimiento de la ruta, mas no a la pericia de nuestros pilotos.   Después de casi tres largas  horas vislumbramos con alegría y alivio la altiplanicie, al este del mismo,  el nevado del Sara Sara,  que cual perpetuo diadema se yergue   gigantesco, intimidante y altivo; y al oeste , la laguna “Parinacochas”. El nevado y la laguna,  forman un dueto de colosales dimensiones geográficas e históricas para los habitantes de esta zona del Perú andino. Su enorme influencia se remonta a los albores de la civilización del hombre ayacuchano. 

      Después de ganar la breve altiplanicie, se desciende hacia el valle, primero nos da la bienvenida la ciudad de “Cora Cora” capital de la provincia de Parinacochas, una ciudad con mucha historia y tradición. Luego de un tramo relativamente breve nos hace lo mismo la ciudad de Pauza , capital de la provincia de Paucar del Sara Sara, llamada también como “La Capital Cervantina de América” porque a mediados de la primavera (noviembre) del año 1607, los habitantes coloniales mestizos y naturales, a iniciativa de Corregidor Pedro de Salamanca, realizaron un homenaje al nuevo Virrey Juan de Mendoza y Luna, Marqués de Montesclaros, escenificando la gran obra literaria de Miguel de Cervantes Saavedra "Don Quijote de la Mancha". Esta actuación, realizada en la Plaza de Armas de Pauza, fue la primera en América y la segunda en el Mundo. La primera vez fue en Valladolid (España) en el año 1605, celebrando el nacimiento del Príncipe Don Felipe. Es una ciudad donde el tiempo parece haberse detenido. Algo así como nuestro  Huari sesentero, pero con una sola plaza y calles escasas, Ciudad  de habitantes hospitalarios y respetuosos. Su iglesia y su Plaza de armas bien cuidadas y el transito ordenado  y señalizado, a pesar del  escaso flujo -en ese aspecto nos ganan a los huarinos por goleada- sin embargo, se pueden notar fácilmente sus carencias y necesidades que  hablan de olvidos seculares. La buena conservación de sus carreteras y la atención de sus hijos predilectos: El presidente de la República y la Primera dama Nadine Heredia, cuyos padres son natos de esta provincia, han auspiciado mejoras notorias en la vida de sus habitantes. Las numerosas tareas pendientes, como las hay en muchos  villorios,  distritos y provincias del Perú profundo, tanto en salud, educación, vivienda, agricultura, y otros, desmienten el crecimiento y la bonanza económica.(estos pueblos no comen ni parten el pastel) Se necesitan gobiernos con talante inclusivo, honestos y capaces. La corrupción y la ineptitud deben desterrarse de nuestra patria. En esta ciudad pernoctamos, participamos de su Viernes Santo solemne, de su liturgia ágil y entretenida, de sus hermosas letanías, de sus canciones y melodías sacras tan tristes y desgarradoras, de su precioso “runa simi” agigantándose en las voces piadosas de los feligreses, y el sermón de las siete palabras, a cargo de las autoridades previamente designadas. La procesión solemne, primero por el perímetro de su Plaza Mayor, para el efecto ornada con hermosas alfombras, y luego por las calles de la ciudad, discurría solemne y pausado, prolongándose hasta los primeros gallos del siguiente día.

       En cuanto a la nota entrañable de esta pintoresca ciudad, me quedo con el saludo atento y cariñoso de un niño,  cuando salía del hospedaje: - Buenas tardes señor, ¿Cómo se llama? ¿Qué le trae por estas tierras?  me dijo. Lo tierno y atento del saludo, impropio de estos tiempos de sequías de buenos modales, me sorprendió. Recuperado de la gratísima sorpresa, emprendimos una charla, casi de viejos amigos. Su nombre es Rubén Ayala, niño de sonrisa fácil, espontáneo, de voz dulce como el trino del gorrión, Las palabras, la agudeza y los modos de seres humanos , como este pequeño , son los que generan esperanza y sosiego para pensar en mejores destinos para aquellos pueblos olvidados. (Continuará) 

jueves, 17 de abril de 2014

"Algo sobre nuestras mascotas..."


     ¿Quién no ha tenido una mascota en casa?  ¿Un perro, un gato, en especial el primero? En la biografía familiar, constan  su pelambre, su aullido, sus saltos  cariñosos y el consabido bailar de su cola. La memoria familiar,  no está exenta  ni de su nombre,   ni de sus hazañas:
      “Hitler”, el guardián de  la  vieja  casa de mis abuelos maternos,  es  el que más lejanamente se ubica en  mi  memoria. Hermoso animal  pintado de rubio y blanco lustrosos. Cuando niños, nos hacia jugar, nos cuidaba y ladraba con ternura; era el cómplice  habitual y  el  infaltable compañero de  nuestras travesías por los senderos  inolvidables de nuestra  infancia, allá  en el viejo y  polvoriento  “Jegcha”. Sus hazañas han quedado registradas en  la memoria  familiar, como aquellas cuando  aniquilaba  robustos  "Achacus" (mucas), que osaban  internarse en  el terrado, ahí donde se ubicaban los  frescos lechos, llamadas “trojas” repletos de apetecibles  tubérculos: papa, oca y olluco,  y en las robustas asuanas dormían plácidas frijoles, habas, trigo, cebada y el “jarallustu”. Además, en una más pequeña, el lino. Recuerdo también  que en los aleros más altos  colgaban  y columpiaban las  doradas “huayuncas”, mazorcas de .maíz, bien ordenaditas por su tamaño y color.  De todas ellas, túberculos y granos, las más saludables en lugar aparte, reservadas para el sombrío venidero. Estás últimas, eran las más apetecibles para los bribones "Achacus". Allí osaban llegar,  a hurtadillas,  en las silentes madrugadas  Después de fieras luchas sucumbían ante la bravura de nuestro  noble guardián.

     “Gitana”, es la que vive ceñida al recuerdo de  mis padres  y  sus siete  hijos, Una compañía absolutamente importante, porque su existencia regó de alegría nuestra casa  por más de tres lustros. Tenía el don de la nobleza, sus ojos hermosos trascendían paz,  su imagen   parecía omnipresente, la veíamos ora  acompañando a mamá  en la cocina, ora retozando en el patio bajo los frutales y Bugambilias, ora correteando a las intrusas palomas o gatos techeros en el  entablado del segundo piso, sin embargo, era el viejo portón, su sitio favorito, sabia que su misión principal era  el de custodiar la casa. Fue testigo de las dolorosas diásporas, de los adioses  prolongados. Vio partir con inocultable dolor a mis hermanos, en especial a los menores,  con quienes se involucró más, en el juego, en la caricia y  en la complicidad. Sólo le faltaba hablar, transmitía su adhesión de formas tan increíbles: Cuando don Heráclides Miranda, dueño de la cabina telefónica comunitaria del Huari de entonces, nos anunciaba con el consabido  “llamada de Italia”,  la primera en salir, alegre y presta, era ella. Dábase vueltas y vueltas en la cabina,  sus sonoros ladridos eran, que duda cabe, su saludo  cariñoso a los ausentes. Escena entrañable realmente. Mi Gitanita , también  debo  escribirlo,  fue la única que me "pillaba" , en algún punto de las ciudad  o de su periferie,  en ocultas citas idílicas. Creo que este último suele suceder  en pueblos chicos como el nuestro. 

     “Tarzán”,  así se llamaba la mascota de mi  hijo,  aún  pequeño entonces, Fue su amigo, su  compañero, su aliado. Nuestro inolvidable Tarzán, el que nos deleitó  con sus felinos saltos, el de los  elocuentes  saludos, el de la oreja juguetona  y encantadora, es el de mayor recordación para mi hijo, para su madre  y para mí. Desgraciadamente,  nos lo arrebato el “distemper“ con sus sepas virulentas, con su  crueldad  e iniquidad.  Impotentes,  ante el cuadro doloroso  luchamos, en vano,  para  recuperarlo. Una  inyección letal puso fin a su breve, pero para nosotros, importante existencia. Tan importante que, cuando murió,  no pudimos contener el llanto por su  partida. La triste experiencia  nos  marcó y prometimos  nunca más criar un perro. Desde aquel entonces  han pasado mas de quince  años. Sin embargo, una llamada telefónica de mi querido hermano Vladimir y mi cuñada Noryta, anunciando,  que me tenían reservado un regalo,  quebró la promesa. El regalo de marras,  era una linda  cachorra  que la hemos  “bautizado” con el nombre de Núha

     Núha, (nombre  de origen islámico que significa sabiduría y  prudencia) es una cachorrita encantadora, que se adueñó en breves  días de nuestro cariño y  atención. Su historia la irá escribiendo de a pocas junto a nosotros. Es el nuevo integrante de la familia, la que ha añadido alegría a nuestra casa. De a pocas, ya va adaptándose a su nuevo hogar, conociéndonos más,  y por nuestra parte prodigándole todo el cariño y cuidado necesarios.

     No puedo dejar de mencionar, en esta inaudita  crónica canina , los nombres de algunos perros célebres de nuestro Huari  setentero y ochentero:  Brick, el pastor alemán, de Monseñor  Dante Frassnelly Tarter. Robusto animal que solía acompañar a nuestro obispo en sus caminatas pastorales. Desafortunadamente  fue "ajusticiado" por un   excéntrico sacerdote llamado  Gigi  por desconocidas razones, Otro de los canes conocidos por aquellos años  fue otro Pastor Alemán de propiedad de don Jorge Chavez, nuestro  recordado vecino homónimo de nuestro ínclito aviador. No recuerdo su nombre exactamente, pero sí su  esmirriada figura de magros huesos y de carne enjuta. Solía acompañar a don Jorge a sus labores campestres. Aún niños, temprano en las mañanas y cuando caía la tarde,  lo veíamos pasar  por  la calle Libertad,  parecía levitar con el viento  como la hojarasca...

     Hace algunas décadas atrás, el Ministerio de Salud,  condenaba a algunos de sus trabajadores al escarnio y  la   repulsión. Tenían que cumplir la innoble y cruel misión de  eliminar a los perros de la calle, cosa tan absurda porque la mayoría de ellos, por no decir todos los perros del vecindario, se distinguían por ser callejeros,  de manera que, frente a tamaña amenaza, los desesperados amos  ponían a sus "leales amigos" a buen recaudo. No obstante,  muchos eran sacrificados. Hoy por hoy, estos nobles y leales animalitos, son protegidos por la ley y se  han ganado el derecho de vivir sin  afrentosas amenazas. Bien lo decía el gran Mahatma Ghandi  "La grandeza de un pueblo se mide por la forma en que trata a sus animales"

         Finalemente, amables lectores, permítanme saludar a  todas  las mascotas, en especial a: "Osito" la mascota de mis queridos padres; "Charlie",  el viejo sabueso de mi hermano Anderson, "Bronco" de mi hermano Michel, "Ori" de mi cuñado Homero y la pequeña "Chiza" de mi hermano Vladimir  y, por su puesto a   nuestra querida Núha.
  







martes, 31 de diciembre de 2013

Recetas de mi abuela Pilar

Apuntes de bitácora 
 

Capilla de "San Francisco" en el  Parque Vigil

"Murió doña PILAR,
la de ojos glaucos, alta, blanca y robusta,
la que rompía corazones
y preparaba el “Chicha en caldo”
Y el “Estofado de gato” 

para los bohemios y los forasteros que visitaban Huari"
Del “Silencio de la piedra”
Autor: Luís Rondón Márquez

         En las enésimas tertulias que participé con amigos, paisanos y parientes; con poetas , deportistas e intelectuales de mi querido Huari; si algo me quedó meridianamente claro, gracias a su opinión unánime, fue la belleza y las cualidades en el arte de cocinar de mi recordada abuela paterna: Pilar Osorio Mory.

        Mis ocasionales interlocutores y contertulios no guardaban elogios para Ella. Recordaban con cariño y singular prolijidad su “Chicha en caldo”, plato emblemático de las fiestas de fin de año del Huari de mediatos del siglo pasado,  y su  “Estofado de gato” Simplemente insuperables.

        En la actualidad, la profesora Rosa Dunia Alcedo de Solis, distinguida dama huarina, es una reconocida exponente del arte de la cocina huarina. Ella triunfó en el concurso Secretos de Familia de Mistura 2010, justamente con este potaje conchucano, en la categoría de cocinas tradicionales. El "CHICHA EN CALDO" presentada por ella, según la opinión autorizada de Marcela Olivas Weston, miembro del jurado: "Ganó en todo sentido, en armonía de los ingredientes, en la cocción, es un plato que representa los secretos familiares de las cocinas conchucanas. En presentación, su mesa tenía las mantas hermosas de Huari, la chicha en sus cántaros, la cancha y el pan blanco de mesa cocido en horno de leña. TODO UN HALLAZGO" manifestó


        Hoy 31 de Diciemb re del 2010, siendo las 8 y media de la mañana, les dejo la receta de el “Chicha en caldo" por si se animan más tardecita a prepararlo y así poder sazonar el advenimiento del Año Nuevo con un potaje emblemático y genuinamente huarino, con sabor a tiempo ido, aroma de límpida jora y moje de gallinas de rubí, que el tiempo parece arrebatarnos.


        A estas horas, en casa de mis padres, se ultiman los preparativos para recibir el nuevo año. Muy temprano recogimos de la agencia la chicha de jora y las crocantes roscas, ya se imaginarán para qué. Mi viejita linda, dictará cátedra en la cocina, espero que alguna de sus nueras aprenda la lección.

¡Buen provecho y Feliz
Año Nuevo hermanos huarinos residentes en Huari,  el Perú y el Mundo!


CHICHA EN CALDO
(Para 6 a 8 personas)

- 01 gallina grande.
- 02 litros de chicha buena.
- 02 cebollas criollas.
- Ajo Cantidad necesaria.
- 100 gramos de ají panca.
- 200 gramos de aceitunas.
- 100 gramos de pasas.
- 100 gramos de maní tostado, en grano
- Aceite.
- 01 Zanahoria.
- 02 rocotos.
- 05 cucharadas de azúcar rubia.
- Dos chocolates corrientes.
-Pimienta, comino y sal al gusto.

PREPARACIÓN

        Se doran las presas de la carne de gallina en aceite, se agrega la cebolla cortada a lo largo, juntamente con el ajo y el ají panca molidos, agregar el ají amarillo quemado y cortado en tiras, de igual manera la zanahoria y el rocoto; añadir sal pimienta y comino al gusto, agregar luego la chicha; hervir hasta que la carene se sancoche completamente; el maní y las pasas, deben hervir por un buen tiempo; luego ya para hervir se le hecha las aceitunas.

        Se sirve con papas sancochadas, también se puede acompañar con una porción de arroz. Además se puede acompañar con roscas, molletes, pan francés o pan blanco.

BIBLIOGRAFIA:
01.- "REVALORANDO LAS COSTUMBRES DE MI TIERRA".
I.E "Silvia Ruff".
02.- "HUARI MI TERRUÑO". “Recuerdos para sonreír y reír"
César Antonio Arana Rincón.

miércoles, 25 de diciembre de 2013

"Recuerdos de Navidad"

Cuando  ya la tarde languidece en esta Lima alborotada y caótica  y renacen miles de luces  en los baApuntes de bitácora

 Recuerdos de Navidad

¡¡Nuestra hermosa catedral de antaño!!
“Los recuerdos son los cabellos blancos del 
corazón, y  el perfume del alma"
George Villiers

Cuando ya la tarde languidece es esta Lima alborotada y caótica y renacen miles de luces  en los balcones  y fachadas de las casas;  en los atajos, calles, parques y avenidas de la gran ciudad, me apresto a emprender un rápido paseo  con  la máquina del tiempo, cómodamente instalado en  mi vagón imaginario,  en busca de aquellas vivencias que  hicieron tan felices las  Noches Buenas  y  Navidades de mi infancia:

En la  vieja casa de mi abuelo Salomón, se alistaba con cuidado el amasijo: harina de norte, levadura fleshman, manteca de chancho, anís granulado, agua de hinojo, mazamorra de  calabaza,  jamones, chancaca, canela, chuño, clavo de olor, azúcar, cebolla china, perejil,  maní, etc. Debían estar listos y prestos en la antesala de la larga y fraternal faena.

Ya el horno, aún tibio,  sonreía con sus tremendas fauces,  las  limpias bateas, las latas relucientes, el jorgonero altivo,  palas  y rodadillo de negro aliso, Todos prestos a cumplir la misión encomendada. Olvidaba citar  las jergas y  manteles limpios donde dormirían  plácidamente los bollos de  ricos panes,  apetecibles roscas y  exquisitas empanadas de calabaza y jigote. 

Faena laboriosa, que comenzaba con los primeros gallos del  día anterior al 24 de diciembre. Dentro de un ambiente festivo y fraterno discurría el día donde todos cumplíamos nuestras responsabilidades: Ya sea preparando la masa,  dando forma a los bollos y durmiéndolas con cuidado y ternura, limpiando las latas y untándolas con aceite, dando forma a los panes, bizcochos, roscas y empanadas. Nosotros, los más pequeños, al tiempo de cumplir con esmero nuestra labor natural de fastidiar, estorbar y alegrar,  recolectábamos también sendos atados de eucalipto, molle y poyó para limpiar el horno. Complacidos explorábamos, para el efecto,  las chacras y bosquejes aledaños a la casa de mis inolvidables abuelos maternos. 

De mi abuelita materna, me resulta insoslayable,  destacar su destreza en el manejo de la pala, el rodadillo y el jorgonero. Solíamos  llamarla con  cariño  “Mama Chaquita”. Su fortaleza admirable, su habilidad indiscutible en el arte del amasijo y su don de mando, que dicho sea de pasó la heredó a mi adorable madre,  los  recuerdo con cariño y nostalgia. Sus ojos azules brillaban, su rostro rojizo bruñía de calor, sin embargo,  ahí  estaba liderando la faena, desafiando las fauces ardientes del horno que, alegre y  complacido,  recibía  de sus ágiles brazos sendas latas de panes,  bizcochos, roscas y empanadas, para luego de un tiempo prudencial devolverlos apetecibles, crocantes y exquisitos para degustarlos con gusto y agrado.

Era una faena que cruzaba transversalmente todas las casas  de la vieja ciudad. El aroma insondable del molle, eucalipto y poyó se alzaba  cual embrujadora humareda desde los viejos solares. Esta costumbre se ha perdido en el tiempo, ha huido despavorida perseguida por la modernidad. En nuestra comarca de entonces, era imposible concebir una “Noche Buena” sin una mesa tendida donde destaquen   orgullosas las  empanadas de calabaza  o  jigote de jamón…

Ahí me quedo, son las ocho  y siete minutos de la noche y  hay responsabilidades que cumplir, pasaré  la Noche Buena en casa de mi hermano Vladimir y Noryta, les daré el  alcance  a mis padres, a Michel, Lola y Alessandro. Para  ustedes, mis queridos lectores, amigos, paisanos huarinos y no huarinos el deseo sincero  de una Feliz  Noche Buena  y Navidad.

Lima, 24 de diciembre de 2013

domingo, 3 de noviembre de 2013

Apuntes de Bitácora: “Los tres mosqueteros del fútbol huarino”


“Los tres mosqueteros del fútbol huarino”

(Huancho, Wico y Millqui).

(Huari: 09 de octubre del 2013 - cortesía de Fernando  Mejía  Jara)
        No es que sea el  joven Gascon d’artagnan,  ni Huari sea  Paris, ni “Huancho”,  “Wico  y “Millqui”  sean los tres mosqueteros: Athos, Porthos y Aramis,  de  la célebre obra de Alejandro Dumas. Sucede simplemente que,  a pesar de la diferencia generacional con el suscrito,  se entrelazaron sentimientos de amistad auspiciados, en gran medida, por el deporte, principalmente el fútbol y básquet.

          Hoy,  tercer día del penúltimo mes del año, cuando recuerdo a Huari con sus amorosas  lluvias de primavera y  su naciente verdor; los apuros de los labriegos arriando sus yuntas, listos para el “Pampay”,  llevando ollas y cazuelas chacasinas, hondos mates para servir el rico “llaquari”. Cuando, seguramente, el viejo huerto de la escuelita de Ampas  comienza a refulgir de blancura con  impecables  gladiolas, cantera fecunda  de candoroso destino: ornar a los niños y niñas en su primera comunión. En esta tibia mañana limeña se  avecina también  a mi memoria el viejo, sin embargo, fecundo palto, que en los noviembres lluviosos, renovado y lozano, se alzaba en la entrada de la  añosa “Prevocacional”, institución en donde laboré largos 10 años,  frondoso árbol,  talado y pulverizado irresponsablemente, sin respetar su larga y fecunda  existencia,  en nombre de una malentendida modernidad. 

         Esta mañana de recuerdos,  nostalgia y  añoranza, hay también espacio  para el tributo a la amistad y el deporte. Si afirmo, que fui un testigo privilegiado de mi tiempo, seguramente,  peco de exagerado, por la entraña subjetiva de la afirmación. Sin embargo,  en el deporte, en especial el fútbol,  tengo cierta autoridad para opinar, y más todavía,  de aquellos con quienes compartí vivencias inextinguibles en el tiempo:  trajinando tras el balón, sudando la gota gorda, defendiendo nuestras ocasionales divisas, sean éstas de nuestro Barrio o de las selecciones huarinas; festejando triunfos  o lamentando alguna derrota. En algunas  ocasiones, ubicados en bandos contrarios, disputando un balón con garra,  pero con lealtad deportiva. Testigos, de aquello, fueron las viejas "canchas de fútbol" de nuestra provincia. En ese cuadrilátero mágico, en  tardes futboleras  de los 80,  protagonizamos defendiendo  nuestras oncenas,  duelos  memorables que la afición de entonces recuerda con agrado.   Comenzaré por el mayor de todos:

        Víctor Raúl Meléndez, el gran “Huancho”, futbolista excepcional, un delantero de temer, goleador nato, el de la "maña" y "pendejada" con el balón. Verlo jugar era un deleite por lo impredecible y osado. Defendió las divisas de su querido “San Juan”, del “Dum Dum” de Rahuapampa y de las selecciones huarinas, tambien  de los “Amigos del Puchca” en sus época de gloria y protagonismo tanto provincial y  regional. Cuando  joven, tuve la suerte de jugar  junto a él, sin embargo, me quedo con el recuerdo de aquel partido frente al temible “Atlético Minero” de San Marcos con ocasión de nuestra fiesta "sanjuanina" en junio del 82. Con su veteranía a cuestas dictó cátedra de cómo se asiste el balón. Tres asistencias suyas y tres testazos de este aún bisoño pelotero sentenciaron una goleada histórica de nuestro entrañable "Pukutay" al equipo más importante del "Paraiso de las Magnolias" en su época dorada.  Aquel encuentro me resulta  imposible de soslayar. “Huancho” es un deportista que, por su calidad, trayectoria y  jerarquía, se convierte en una leyenda viva del balompié huarino y ejemplo de las nuevas generaciones.

         Edwin Avendaño Hidalgo, “Wico”, mi querido primo, de las huestes indomables del “Alianza Carmen Milagro” es otro de los valores que marcaron época en nuestro balompié. Su técnica depurada, su estilo único al “cabecear” y su capacidad de jugador múltiple y ubicuo en el campo de juego, le confirieron protagonismo.  Jugaba  con la misma solvencia y calidad tanto  de defensor como de atacante. Creo que no le faltaba  razón cuando afirmaba orondo:  “Zico en Brasil, Cueto en el Perú y Wico en Huari”. Su fina  zurda  así lo confirmaba. Fue mi maestro, asesor y colega en el Pedagógico de Huari. Guardo lindos recuerdos  de las avanzadas deportivas y   culturales rumbo a Huacaybamba, Llamellín, Chingas, Huaraz, San Luís, Pomabamba, donde las horas se deslizaban  repletas de fraternidad y alegría, vivencias  que en esta hora  me resultan indescriptibles. Es también uno de los  más grandes que dio el fútbol huarino.

        Carlos Huerta Asencios,  el gran “Millqui”, de las huestes “Yanacanchinas”, el menor de los tres. Centrocampista: Creativo, bullidor y “picón” en el mejor sentido de la palabra. Debe ser uno de los mejores mediocampistas con quien me tocó alternar. A pesar de su veteranía nos  acompañó en algunos partidos importantes  de finales de los “ochenta y principios de los “noventa", cuando  con el equipo de “Caritas Huari”, que era prácticamente la selección de Huari, logramos doblegar a los mejores equipos de Ancash. Esa  dosis de calidad,  fuerza y liderazgo se hacen extrañar. Fue también entrenador de las selecciones huarinas. Con “Caritas Huari” llegamos a la final regional de la zona sierra de Ancash 

         Hoy,  cuando el fútbol huarino se alimenta de futbolistas foráneos  y no hay una política  deportiva orientada a la práctica del fútbol y,  peor aún, no tenemos ni siquiera un “Estadio decoroso”a la altura de un pueblo que tiene recursos económicos necesarios, por la ineptitud, desinterés y mediocridad de nuestras autoridades,  es un imperativo para  los niños y jóvenes  “bañarse  en la historia y fundirse en  el oro  de antiguos reflejos” como bien lo decía José Gálvez Barrenechea. Sólo así volveremos a ser  la potencia futbolística de antaño, como bien lo comentan  y evocan siempre en las tardes de bohemia, estos “Tres mosqueteros del fútbol huarino”,  recordando con sentida nostalgía  los campeonatos interprovinciales ganados en canchas ajenas y con protagonismos suyos: El año 80 en Pomabamba y el 81 en Piscobamba, con resonantes triunfos ante oncenas de la calidad de Sihuas y Pomabamba.  

        Finalmente, me despido con la satisfacción de haber recordado  a estos “Tres mosqueteros del fútbol huarino” que bajo el título de “Vaporinos” engrandecieron el deporte y,  mediante ella, la  amistad y el compañerismo. Protagonistas de mil anécdotas, de tardes y noches de fútbol y bohemia, vivencias de costo exorbitante que sólo son  reservadas para los elegidos y predestinados, como aquella trilogía del gran  Alejandro Dumas de la “Unión hace la fuerza”, hicieron de la amistad,  estos tres grandes peloteros huarinos,  la norma que marca sus vidas. Un abrazo.

23 de junio de 1982